martes, 2 de diciembre de 2008

Ingeniería Financiera

Hoy tengo un mal día. Acabo de llegar de Bilbao donde he estado trabajando muchas horas y -al final de la jornada- en contacto con uno de mis inversores. Aprovecho mi visita semanal a la capital vizcaína para hacer gestiones. Sin embargo hoy no era un buen día para verle: el hombre tenía neumonía física y diarrea mental. Perdonen el cabreo.

Sé -por mis muchos años de directiva de RTVE- y por mis muchos avatares vividos en cinco décadas, que la voz alzada es -casi siempre- el eco del miedo. Hoy mi inversor me ha hablado bastante alto aunque no suficientemente claro. Está enredado en temas inmobiliarios y anda hasta el cuello: no le compran propiedades y no le conceden créditos ni los banqueros con los que lleva haciendo negocios desde hace ¡cuarenta años! La falta de liquidez, más que los virus y el proceso infeccioso que padece, le está ahogando y con ello propicia una escabechina entre los clientes que hemos apostado por su fiabilidad al frente de inversiones complejas.

No es un tema de dinero, de verdad. Créanme. Sé que el dinero es una energía y lo que me inquieta es saber qué está pasando a nivel planetario para que de repente parezca desplomarse el cielo sobre el común de los mortales.

¿Dónde ha ido a parar la riqueza que hasta ayer campaba a sus anchas en los despachos, la banca, los negocios, las empresas? Me niego a creer que se haya evaporado como el alcohol de quemar. Imposible. El dinero, no se evapora. La energía ni se crea ni se destruye ¡¡se transforma!! Y en estas andamos... en transformar la complejidad de sus inversiones en luz y taquígrafos.

Vivir, a veces, resulta prosaico incluso para un alma a prueba de bombas, o eso creo. Ya en casa me he sentado en la silla verde del salón, frente al ventanal desde el que veo la bahía de San Sebastián. Marea alta, oleaje azotando al isla de Santa Clara. Al fondo, en el Monte Ullía, la estátua del Sagrado Corazón, impertérrito ante lo divino y lo humano. Me he hecho un café americano, negro, bien negro con una buena rebanada de pan alemán, miel y queso brie. Vale, todo en calma. Sigamos. Vivir es prosaico. Mañana será otro día en el que comprenderé mejor a los clientes que andan todo el día haciendo "ingeniería financiera". ¡Al saco de experiencias! Todo vale para el convento, como decía el fraile... y llevaba una monja debajo del brazo.

Mañana será otro día, para servir. Allí me tendrán, en el despacho de San Marcial 8, pertrechada de esperanza propia y ajena. Imposible "entrenar" a otros sin creer en el método. Pura homeopatía: me aplico mis propias pócimas.

2 comentarios:

Socrates dijo...

Pues sí, yo también pienso que todo se transforma.

Has mirado debajo de la alfombra? quizás haya ido a parar ahí tu dinero....o quizás debajo de la alfombra del vecino...o quizás......

A esto le llamo yo un bonito reajuste global de los desastres que el increible ser humano ha ido haciendo en estas últimas décadas.

Y es que el dinero, leía ayer ( - lectura recomendable - fuente: http://meneame.net/story/90-dinero-circulacion-no-existe-fisicamente), es 90% ficticio. No existe realmente. Pero ese es un tema de económicas del que no entiendo ni papa...

Burbujas que explotan y desaparecen para dejar sitio a nuevas burbujas. Verdad que es bonito? para mí, aunque no lo parezca, lo es. Hinchar, deshinchar...demasiado inflado, muy poco inflado...conocer ambos extremos para luego encontrar el punto justo de inflado, de hinchado.

Ni que fueramos una bomba de aire, oiga.

Sherpa dijo...

Había una vez un Bar: El Bar Manolo. En un barrio normal de una ciudad cualquiera, un bar común, funcionando desde hace varios años, con su clientela habitual y sus clientes de paso. Como tantos otros bares de España. Sin embargo, algo le estaba sucediendo a este bar y a su dueño, Manolo, como a tantos otros dueños de bar.

En este último año 2008 las ventas se le han disparado. Sí, sí, en plena crisis los vecinos consumen más y mejor que nunca. Aunque la dichosa crisis sí que se deja notar en algo: En la forma de pagar. Los EREs de las empresas, el paro y las hipotecas-losa invendibles hacen que los consumidores del Bar Manolo apunten más y más consumiciones en sus cuentas personales. Cuentas que Manolo siempre ha ido fiando y cobrando religiosamente a fin de mes a cada uno de sus clientes habituales. El dinero escasea más y la abundancia de los últimos años se echa en falta, al menos en la calderilla disponible en los bolsillos. No obstante los clientes piensan que ¿para qué van a privarse de esos pequeños placeres de café y charla en el bar con los vecinos y amigos, ahora que están en plena reducción de jornada laboral o en el paro, si pronto van a encontrar trabajo o van a poder vender aquello que oprime sus economías? Al fin y al cabo en este mundo pocas cosas dan tanto placer por tan poco dinero como un rato agradable con los amigos y vecinos, una cervecita y una tapita, una partidita de cartas o dominó o un simple café mientras se discute la jornada de Champions de ayer.

Manolo, que es un comerciante nato, se ha percatado de este aumento en las cuentas fiadas y ha pensado en aprovechar la estrechez de liquidez de sus clientes. Así, a los que en lugar de pagar en efectivo les apunta en cuenta las consumiciones, les aplica un recargo del 10%. Es más, si alguno le pide a fin de mes que le aplace el pago de la cuenta hasta al siguiente mes, porque ha sufrido algún imprevisto económico, el recargo es del 20%. Los clientes lo aceptan gustosos e incluso ha ganado alguno que solía ir al bar de enfrente donde su tacaño propietario sólo fía a los mayores de 80 años acompañados de sus padres. Pero así le va, ahora está vacío, y en cambio el Bar Manolo está lleno a todas horas.

Su contabilidad en este ejercicio va a ser espectacular, mejor que nunca. Las ventas se han disparado y sus beneficios también. En algunos casos los recargos alcanzan cifras de hasta 2€ por un simple cortado! El margen es enorme y el ambiente en el Bar Manolo es todo lo contrario al de un barrio en crisis. Manolo incluso se permite el lujo de invitar a alguna ronda cuando su equipo gana, y la barra estalla de alegría. El Bar de Manolo es algo único...

Pero a pesar de tanta euforia Remedios, la esposa de Manolo, no duerme por las noches. Tampoco lo hace el cuñado de Manolo, albañil de profesión, que le sacó de un apuro hace años y le prestó una pasta para reformar el Bar, y que hoy se encuentra en el paro. Necesita el dinero que le prestó porque la crisis aprieta y no hay ya obras en las que trabajar. Además, tampoco se fía de tanta euforia en el Bar de su cuñado en plena crisis, y por eso le reclama que se lo devuelva, incluso sin intereses.

Manolo en cambio lo tiene claro, la crisis es para los que no saben llevar sus empresas. A él le va de fábula y es una pena que su esposa y su cuñado sean tan cortos de miras: "¡Pedirle que le devuelva el préstamo justo ahora que el negocio va tan bien! Por eso unos triunfan y otros no", piensa para sus adentros. Siempre cosideró a su cuñado como un albañil con pocas luces al que el boom de la construcción le hizo ganar un dinero inmerecido. En cambio Manolo se evidencia como un Empresario de Éxito...

Como el Bar anda justo de liquidez Manolo no puede devolver ahora el préstamo a su cuñado y decide buscar otros socios mediante una simple ampliación de capital. Enseñándoles su flamante contabilidad de 2008 y sus previsiones para el 2009, pronto capta la atención de muchos conocidos que acuden como moscas a un panal de rica miel.

Amplia capital y círculo de amistades. La noticia corre por el barrio como un reguero de pólvora. Y el negocio sigue lleno, vendiendo más y más caro y apuntando en cuenta con recargos y más recargos.... El Bar Manolo es el punto de referencia del éxito en un barrio demacrado por el paro y la crisis.

Algunos afortunados vecinos a los que Manolo designó a dedo para beneficiarse de la ampliación de capital, incluso pueden presumir de que son socios de un negocio con unos beneficios en aumento...en plena crisis!!! Y que les quiten lo bailao, porque entre ellos los hay que si no están en paro, pronto lo estarán. La crisis aprieta como nunca, o al menos eso dicen los que no son socios de Manolo.

Mientras, en la tele del Bar Manolo echan el Telediario. Hoy se habla de la enésima ampliación de capital del Banco Molocos y de lo baratas que están las acciones de la Banca Rísimas, cuyos dividendos alcanzan ya casi el 12% anual. En la barra algunos clientes discuten si hay que ser o no gilipollas para invertir en bancos con la que está cayendo. Y Manolo sentencia: "Donde esté un negocio familiar bien dirigido como éste, que se quiten las inversiones en bolsa y las acciones de bancos con paquetitos de porquería americana... como dice el Leopoldo ese!".