miércoles, 7 de octubre de 2009

Casos y Cosas

Les contaré el caso de Juan al que identificaremos con el mecanismo de la negación. Trabaja en una entidad financiera (vinculada al entramado vasco) que hace apenas año y medio tuvo un crack internacional de enorme calado que ha dejado el pasivo en carne viva. Nada, él no se da por enterado. Todo O.K.

Salió siete años con una chica que nunca quiso comprometerse y un buen día llamó desde Barajas porque se iba a Estados Unidos. Así sin más. De hoy para hoy. Juan ni se olió semejante posibilidad y tardó casi otros siete años en remontar el vuelo para aterrizar en una relación de idénticas características (sin presente ni futuro) de la que apenas acaba de salir. Reconoce ciertos rasguños emocionales y lo cierra deportivamente con un... Todo O.K, gracias.

El segundo de abordo de la sucursal se está poniendo arisco y contestón. Nada... un mal día... tras otro... al que no hay que prestar atención alguna. Todo O.K. Hay reunión de directores de la zona norte con el presidente de la entidad. El gran jefe hacen muchas preguntas y no contesta a ninguna. Cero Compromisos. Juan sale tan contento.


Desde hace más de una década frecuenta un grupo de amigos con los que, a veces, incluso viaja en vacaciones al extranjero. Uno de ellos intercambia información con la cúpula de la empresa de Juan a quienes conoce por razones familiares. Posee información acaso reservada que a Juan le permitiría re-situarse en el actual panorama laboral, tomar decisiones e incluso trazar su propia carrera profesional. El amigo jamás informa de nada a Juan para quien sin embargo sigue siendo un amigo. Todo O.K. ¡Líbreme Dios de mis amigos que ya me ocupo yo de mis enemigos!


El mecanismo de la negación: Juan. En el zoo de Amsterdam a esto le llaman hacer el avestruz: esconder la cabeza debajo del ala pretendiendo de ese modo desintegrar la nauseabunda realidad.

Querido Juan: sabes cuánto te aprecio y lo que me importas. Por favor, ¡despierta! abre tus ojos a lo que es y -desde ahí- cambia lo que pueda ser cambiado, acepta lo que no pueda serlo y aplica lucidez todo el tiempo para distinguir una cosa de la otra.

El mecanismo de la negación es tan peligroso como conducir a 120 kilómetros por hora con los ojos vendados y en dirección contraria por una autopista neoyorkina. Tan peligroso como estar al mando de un submarino sin periscopio que se dirige en línea recta hacia las rocas. Tan peligroso como meter la cabeza bajo el ala cuando media docena de cazadores merodean en la selva de asfalto de tu barrio. ¿Conocen a algún otro practicante del mecanismo de la negación?

1 comentario:

Mari Cruz dijo...

Yo creo que en el fondo un poco todos actualmente, o al menos los que no son coachees, vaya un punto para nosotras.

Ya que se empeñan en negar las posibles vías de salida de la crisis porque prefieren quedarse anquilosados en la queja.

De la crisis se sale, ocupándonos y pensando exclusivamente en cómo salir y a quién solicitar ayuda, preocuparse de cuándo es una pérdida de tiempo valioso a todas luces.

un abrazo. mari cruz