sábado, 2 de enero de 2010

De viaje. Impacto Tres.

Hay un país que gira en rotación, traslación y bicicleta. Un pequeño país veloz en los cruces, las esquinas, ciudades y avenidas. En armonía conviven foráneos y turistas, alemanes, turcos, italianos, negros, chinos, suizos, belgas, holandeses, japoneses, españoles...

En Amsterdam hay barrios rojos (prostitución legal), chinos (de comercio asiático), de marihuana, judíos (alimentación kosher, shabbats, kipas), barrios gays, el barrio del mercado y el de las flores, sobre todo el barrio de las flores. Siempre en bicicleta a un ritmo trepidante: tranvía, coche, autobús, moto y bicicleta con semáforos diferenciados, carriles diferenciados y cruces en los que dos ojos apenas alcanzan para mirar simultáneamente en las cuatro direcciones.


Este país es una enorme bicicleta con cartucheras y sin ellas, de chica, de hombre, altísimas, sin frenos, con guardabarros, luces obligatorias en cuanto anochece, de todos los colores y estilos. Creo que se podría realizar un máster sobre las bicicletas en Holanda. Hoy he descubierto sillines marrones, beiges, rojos y negros de forma triangular (más o menos afilados), ergonómicos, viejos, nuevos y ¡redondos! completamente redondos como un lacasito. La imaginación más osada no alcanza a soñar todo lo que se puede llevar en una bicicleta: ocho rollos de papel higiénico, un cuadro, dos niños (uno delante y otro detrás, en diminutos sillines), ramos de flores, un ordenador, un violín en la espalda, una mochila colgada del manillar, una caja repleta de bulbos de tulipanes, la compra de la semana realizada en el mercado local, los regalos de reyes, una chaqueta de las rebajas, varios libros del anticuario... No hay límite como tampoco existe frontera para pedalear de pié, sentado o en compañía y se estila llevar a otra persona detrás apoyada lateralmente en sincronía con el que conduce, e incluso dos agarrados como en una moto pero con los pies en el aire. También hay bicicletas con un carrito cubierto y cómodo en el que se transporta a los niños. Por último he visto a personas hablar entre sí mientras mientras sus bicicletas avanzan en paralelo por los carriles rojos, he visto a ciclistas que con gran salero avanzan y hablan por el móvil, a otros que zigzagean para esquivar a una persona distraída, algunos se van colocando el gorro, otros los guantes, un tercero va comiendo una stroopwafel (típica galleta holandesa de miel)...

Bajo este impacto escribo tras haber disfrutado de Apassionata, un espectáculo en el que -excepto hablar- los caballos hacen de todo (foto). Bellísimo show en su coreografía, música, luminotecnia, vestuario y arte de animales y personas en armonía. Amsterdam cuajada aún de nieve en las esquinas tras los últimos fríos con sus pequeños y caros museos de cera, del terror, del sexo, el Van Gogh, of course, y el Rijksmuseum, of course... He comprado bulbos de colores que plantaré con amor a mi regreso en el jardín del despacho (urbano y muy holandés) aunque mi amiga Marta diga que tiene estilo británico. Mañana me toca Rotterdam, en una bicicleta sin frenos, bueno... contrapedal, altísima, con guardabarros y cartucheras. Es de color rosa con florecitas pintadas en el protector de la cadena. Si sobrevivo a la aventura, les contaré. Duih!

2 comentarios:

Socrates dijo...

Suena genial...

De siempre he adorado las bicis, y la idea de poder moverme por la ciudad con una siempre me ha atraido. Sucede que en España no se ha estilado demasiado esto...hasta ahora, que parece que hay un repunte (será por el precio de la gasolina y las dificultades para aparcar?). En Palma se están creando carriles bici por doquier, de lo cual me alegro muchísimo y espero hacer uso (ya tengo bici) a poquitos (aunque la mayoría de la gente se queje de que "quitan plazas de parking").

Pedalea, Azucena, pedalea tú que puedes! :)

Sara Cobos dijo...

Azucena,felices comienzos y todo el éxito,con mis mejores deseos para este 2010.
Un abrazo