sábado, 10 de julio de 2010

Bocanada de yodo

Vengo del mar, la mar, con la piel sazonada de salitre y caracoles enroscados en mi pelo. Mecida por las olas, he flotado mar adentro oyendo el eco de mi respiración serena: bocanadas de yodo mientras el Sagrado Corazón (del Monte Ulía) clama una oración. Es verano. Los cuerpos feromonales de los turistas demandan otros susurros menos castos y más placenteros. Por las terrazas de la bahía corren litros de cerveza en todos los idiomas. Jóvenes cuerpos de hombres y mujeres que viajan al corazón de la experiencia: no leen, no conversan, aullan, ríen, beben, fuman, hablan por el móvil, sobre todo hablan por el móvil y se comen a besos. Pienso en todo ello mecida por las olas y flotando acompasada por el ritmo sereno de mi respiración: bocanada de yodo piel adentro, junto al salitre y a los caracoles enredados en mi pelo. Fluir, confluir, influir... Más tarde subrayo algunos párrafos de un viejo libro escrito por Cubeiro, Juan Carlos, facilitador de procesos de cambio, entrenador de directivos, teórico del modelo europeo. Sigo gestando el magma para un par de conferencias en el otoño 2010. Sacudo la arena de mis piernas con un trapito que llevo en mi bolso todos los veranos.

Observo cientos de pies, manos, pechos, torsos, pieles y fluyo hacia mi interior desde un bienestar dulce, ligero ¡glorioso! Ya en casa, cuelgo el bañador en la terraza, junto al pareo y a las chanclas: humildes compañeras de viaje a la profundidad teórica del Coaching Estratégico, de los mejores entrenadores europeos para quienes el rol del Coach está hecho de tres personajes: Sócrates, Merlín y Pepito Grillo. Es decir: preguntar-escuchar para incrementar la consciencia del cliente (Sócrates); el arte de creer para crear (el mago Merlín); y ser testigo de logros, avances y retrocesos (Pepito Grillo, o la conciencia de Pinocho).

Tras mi inmersión en el Cantábrico y lectura sosegada, me quedo -y comparto con ustedes- una historia. Allá va: Cuentan que en un torneo en el que Rafa Nadal se iba a enfrentar -por primera vez- con un jugador profesional, su tío (y entrenador) Toni le dijo: Rafa, tú juega tranquilo, porque si la cosa va mal yo haré llover y pararé el partido. Nadal creyó ciegamente en las palabras de su tío. Empezó perdiendo dos juegos a cero, luego se rehizo y se puso en 3-2. En ese momento comenzó a llover y Rafa se acercó a su tío y le dijo: puedes parar la lluvia, creo que a este tío le gano.

Creer para Crear. Por cierto, Nadal es un ejemplo rotundo de persona que vive "en la zona", acaso porque desde hace veinte años tiene un entrenador ¡Toni-Merlin! Así... cualquiera ;-D

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