miércoles, 25 de agosto de 2010

Abdul

Conozco a un hombre musculoso que se llama Abdul y no es ni el famoso jugador de baloncesto del Harlem Neoyorkino, ni el poeta árabe loco, ni el presidente indio, sino un obrero de la construcción cuyo perfeccionismo me tiene fascinada.

Media docena de operarios realizan una obra faraónica desde hace unas semanas cubriendo la superficie exterior del garaje de mi casa donde se alojan unos... cuarenta coches (más o menos) y donde las persistentes lluvias torrenciales terminaron por filtrarse a través de diminutas grietas.

Al filo de las 7.30 de la mañana -puntual como un amanecer- aparece Abdul bajo mi balcón norte, el que da al mar, y comienza su ritual: cambio de ropa y de botas que deja pulcramente doblados en el alféizar de la planta primera. Después -aunque aún no han llegado sus compañeros, ni el jefe- comienza a ordenar los aperos de trabajo: repasa la hormigonera, pone juntas todas las palas, saca los ovillos de cuerda que utiliza para realizar líneas rectas, retira las basuras, barre restos, los lleva a la escombrera... en fin, eso es lo que puedo observar sin ser descubierta porque -si lo hace- mira hacia arriba y se ríe con una picardía que de inmediato hace que me recoja en el salón-convento de mi casa.


Sé que se llama Abdul porque sus compañeros pronuncian todo el tiempo su nombre acompañado de risas, tacos y órdenes. Creo que no habla castellano o no lo hace del todo bien porque el otro día dijo nieve refiriéndose al hielo... divertido. No crean que me paso el día espiándoles, lo que pasa es que están de sol a sol, mientras cuelgo la ropa, riego las plantas o salgo a ver el atardecer sobre la bahía. Abdul tendrá unos... cincuenta y muchos años aunque es difícil predecir su edad toda vez que carga peso como una bestia (en el mejor sentido del término) que está surcado por el sol, el frío, el viento e incluso la lluvia (le he visto trabajar bajo la lluvia) y se va siempre el último.

Mientras observo con cuánto primor realiza su trabajo, a veces me pregunto por su vida ¿de dónde será? ¿tendrá familia? ¿cuáles serán sus sueños? Por su manera de trabajar, le catalogaría de perfeccionista y su jefe lo sabe y -espero y deseo- que de algún modo le compense. Abdul, a la intemperie ¿hasta el final de su vida laboral?
He desarrollado un gran respeto hacia estos obreros de la construcción que arreglan el tejado del garaje. ¡Qué duro es su trabajo, qué buen ambiente tienen entre ellos, con sus risas, sus voces, sus tacos... y-sobre todo- con cuánto amor esparce Abdul la masa de cemento!
En fin, él nunca sabrá de este post. Ni de la picardía que emana de su mirada, ni de mis preguntas sobre su origen y destino... Escenas cotidianas.

1 comentario:

Juan dijo...

Como ejemplo y sujeto de observación seria interesante que averiguaras algo mas sobre su vida, origen, vinculos familiares, hogar, etc., etc.,