sábado, 20 de noviembre de 2010

¿Es usted huérfano?

Aunque en teoría es huérfano el niño que carece de padres, en las últimas semanas he topado con curiosas modalidades de orfandad.

Hay niños con padres que no ejercen y son huérfanos funcionales, otros que -tras una separación- son semi huérfanos del arquetipo masculino o femenino ausente en la vida cotidiana. Hay niños que ejercen de padres de sus padres desde la más tierna edad. Por último, hay niños que han perdido a uno de los progenitores por accidente o enfermedad y son medio huérfanos.

Además, he descubierto varios casos de adultos que se confiesan huérfanos y me han llenado de estupor. No me refiero a los casos descritos cuando se hacen mayores, sino a cincuentones que pierden a sus padres y -por primera vez en sus cinco décadas de existencia- sienten la oceánica, abismal e incomparable, soledad de saberse con la espalda al descubierto. Cuando murió mi padre sentí físicamente que la espalda se me quedaba a la intemperie -en carne viva- y desde entonces no he vuelto a sentir la cálida compañía que me aportaba su frágil figura, casi triste figura como la del hidalgo (Don Quijote).


También hay adultos que son huérfanos porque no mantienen relaciones con sus padres tras la ruptura del "hilo emocional" en algún tramo de la historia. Estos huérfanos acaso sean los más frágiles porque las ausencias pesan más que el plomo -seguramente el amigo Freud tendría algo que decir-. Plomo en las alas de los adultos huérfanos de padres vivos: orfandad, recuerdos y añoranzas de un tiempo de vida infantil que se fue para no volver. Y el desafío de construir contra-reloj un nido para los polluelos propios; y el deseo de arroparles para que no sean huérfanos emocionales de veinte, treinta o cincuenta años.

Y un último apunte: acabo de llegar de hacer la compra en un gran centro comercial donde hoy pedían a los que entrabamos con el carrito que aportásemos algunos productos para familias y niños necesitados. Cuando he entregado mi bolsa de alimentos, he aprovechado para charlar con la voluntaria de la organización y le he preguntado a qué país los enviarían (pensando en Ruanda, Etiopía o Benin). La mujer ha abierto los ojos como platos y con paciencia -no exenta de perplejidad- me ha dicho que los alimentos son para huérfanos ¡de Guipúzcoa! la provincia en la que resido: niños que pueden ser vecinos, transeúntes o escolares. La voluntaria me ha contado con vehemencia que hay hambre de macarrones y garbanzos ¡a un metro de mi piel! He sentido mi vida como "los mundos de Yupi" y de golpe mis quebraderos de cabeza laborales me han parecido frívolos y estúpidos. Acaso todos seamos huérfanos de diferente intensidad.

1 comentario:

Marta Ovi dijo...

No se de verdad si esta nota esta traducida o alguien de Argentina la escribió pero ya el termino cincueton....es sumamente desagradable...casi bizarro. Y aclaro que soy mujer de 38 años...pero este rollo peyorativo de la edad cansa...dediquese a otra cosa señora por favor...desagradable su forma de redactar