miércoles, 21 de diciembre de 2011

Señorita de compañía

Perdida en la Galaxia Gutenberg me pregunto por el sentido de algunos procesos que mantengo abiertos desde hace tiempo bajo demanda de algunos clientes, en este momento dos mujeres y un hombre que no avanzan en su plan de acción. 

Con ellos transito sobre frágiles y estrechos puentes atisbando profundos desfiladeros rocosos cuya sola contemplación hiere. Acompaño durante algunas jornadas la consciencia de que algo en sus vidas no va bien, camino a su lado mientras nieva en ausencia de afecto, ternura o alegría, y juntos nos calamos hasta los huesos. Ellos lo encuentran útil; yo tengo mis dudas, y -cuando medito- me inquieta no ser capaz de llevarles al otro lado de la orilla, a salvo de las miserias inherentes a la vida.


Hay algo terapéutico en el hecho de sentirse acompañado, de ser escuchado en plenitud y reflejado en el contraste de espejo que practico: sin juicio, con ética. Lo sé, pero no me parece suficiente en mi calidad de facilitadora del cambio. No niego su validez o eficacia porque las personas lo agradecen, pagan por ello y vuelven: es evidente que le otorgan un valor. Pero...en estos tres casos que refiero no me parece suficiente. Hablaré con ellos. Sólo una cosa me inquieta: no quiero que se sientan abandonados. No es fácil, veré cómo lo hago.

Dedico este post a los fieles y cada vez más numerosos lectores de Madrid (España).

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