jueves, 23 de agosto de 2012

Tatuajes en mi piel

Acabo de colgar la colada con las últimas prendas del tornado: ella. No pensaba escribir sobre la sirena que -tras unos días de vacaciones- ha volado hacia Marsella, para dirigirse posteriormente a su casa de Toulouse (Francia). Sin embargo, aprisionar con pinzas de madera las roídas camisetas que utiliza para dormir conmueve mi presunto estoicismo tras su marcha. Además, algunos de sus calcetines me cuentan historias de lejanos países por los que han rodado en forma de pelotilla en los últimos años. 

No sé cómo se sentirá el perro de la fotografía ya que nunca pondrá palabras a su emoción. Ahora bien, intuyo que compartimos el gozo de unas marcas juguetonas en la piel cuya contemplación sabe a privilegio cómplice y que, sin embargo, es una puñeta ¡cuando se va!


Insisto en que no es el tema. La cuestión es que a veces todo habla. Esta mañana, sin ir más lejos, he contemplado la percha en la que tenía preparada la ropa a juego del collar, el bolso y los zapatos, como hago siempre que preveo una jornada laboral. Es cierto que anunciaron cielo cubierto con riesgo de precipitaciones pero... ¿tanto como para un abrigo de verano, de media manga, en tonos pastel? En ese detalle he descubierto el largo tentáculo laboral que me alcanza con pretensiones de borrar mis huellas de la arena y de sustituir las sandalias por los zapatos. Voilá ¡¡me he pillado a mi misma en una trampa mental!! Sin tiempo para montar otro atuendo, me he desquitado por la tarde con pantalones cortos y chancletas hawaianas: no pienso dejarme robar ni un minuto del verano. Ni quitarme los tatuajes  ;-D

No hay comentarios: