jueves, 22 de mayo de 2014

La belleza del vacuum y el tempo perfecto


Acabo de llegar a casa tras un ensayo general del Coro y Orquesta de Pau en la iglesia de Saint Jacques construida en el año 1861 sobre una capilla de franciscanos. 




Tres horas de ensayo. Ciento cincuenta personas dejándose el alma en la creación de una belleza sonora casi sólida. Es difícil imaginar que un hombre sea malo si canta música sacra rodeado de estátuas de mártires y santos. 

En este contexto se crea un extraño vacuum, un vacío aislado y ajeno a la vida exterior: móviles, ordenadores, prisas, comida basura, ropa de mal gusto, modales incorrectos o pura sordidez.

Durante los ciento ochenta minutos del ensayo se para el tiempo, y el espacio pasa a ser irrelevante ya que el sonido de cuerdas (vocales e instrumentales) se alza hacia la cúpula como una plegaria que conmueve a niños, adultos, ateos y creyentes. Resulta obvio el brutal esfuerzo de músicos y cantantes hasta alcanzar el dominio técnico de partituras  y libretos, y sorprende la persistente búsqueda de la perfección del director. En este oficio es imprescindible el ejercicio de la "interdependencia colaborativa" entre cada persona del coro y sus compañeros, entre cada persona de la orquesta y sus colegas, así como entre el coro y la orquesta... ¡una locura! de la que también forma parte el público con su silencio o su aplauso, con su reconocimiento y sus toses... Todo es un "sistema", un atrezo de intención, voluntad, esfuerzo, persistencia, errores y aciertos que se encaminan exclusivamente hacia la creación de una belleza efímera que se desvanece tras cada concierto. 

Todo tiene su tempo: tiempo para los ensayos y tiempo para la actuación, mañana, ante casi un millar de espectadores. Tiempo para el silencio y el aplauso, el allegro y adagio. Finalmente tiempo para un vacuum -que protege del mundanal ruido- y tiempo para volver a la complejidad del siglo XXI ajena a las bellas partituras del compositor francés Gabriel Fauré (Pamiers, 1845).


   
Acaso descubrir el "tempo" perfecto de las cosas 
¡sea propio de los sabios!