jueves, 10 de julio de 2014

Compartir y después ¡volar en solitario!


Este es Pancete y aparece en escena cuando algo termina. Sea lo que fuere que acaba, Pancete emerge en el escenario con sus alas de quita y pon para anunciar que tras un tiempo compartido cada persona ha de enfilar animosamente su destino y volar tan alto y lejos como desee. 




He tomado la fotografía de Pancete al llegar a casa, hace unos minutos, después de haber preparado en el despacho todo lo necesario para las dos últimas jornadas formativas en Zaragoza ¡hasta el curso que viene!










Han sido seis meses muy hermosos que he disfrutado en cada ocasión como si se tratase de un viaje de aventuras con trece tripulantes de una nave espacial que aterriza los viernes en Cogullada (sede del Centro de Formación para las Empresas de Ibercaja en Zaragoza) y despega el sábado tras intensos aprendizajes compartidos. Trece. Es un número mágico que -por azares de la vida- me acompaña casi siempre en los grupos que entreno, en las formaciones... 



El pretexto de estos encuentros ha sido compartir con directivos, profesionales liberales, emprendedores, gerentes, docentes, informáticos... toda mi formación y experiencia con equipos empresariales durante los últimos doce años. Formaciones internacionales, mentores, lecturas, cursos, cursillitos, talleres... todo cocteleado y volcado en una metodología propia cuyo valor radica en la integración conceptual y en la práctica ¡en verdad la prueba del algodón donde compruebas lo que funciona y lo que no... donde te haces preguntas que a veces te llevan a novedosas respuestas... y donde te diviertes!










Por última vez encontraré -sobre la mesa del profesor, que no utilizo- el cartelito con mi nombre que arrinconaré junto a los bafles. Y calibraremos la sala con check in y check out y abordaremos casos de empresa de los participantes, y practicaremos las reuniones delegadas, el feedback, la reflexividad... y repasaremos la bibliografía, los conceptos medulares, las fuentes de las que seguir bebiendo conocimientos, y nos despediremos sabiendo que la vida es como el metro de Ikea: una línea temporal (dotada de principio y final) que tiene hitos más o menos notables en nuestra existencia.




Finalmente saldremos a los jardines donde antaño se hospedaba la realeza, nos haremos una fotografía bonita, cada uno se pondrá sus alas y volará tan alto y lejos como quiera ¡como debe ser!