martes, 22 de julio de 2014

La felicidad ¡es una elección!


En nuestra familia catalogamos como "mágico" el fortuito encuentro con una ardilla, la visión cercana de los tres pájaros negros de la taoista china Sun Bu`er, y tropezar con pequeñas fresas silvestres a las que llamamos mañígulis -término que no existe- cuando en realidad su nombre científico es fragaria vesca. 




En esta época del año es frecuente encontrarlas en zonas poco transitadas de cualquier bosque, pero el pasado jueves las fresillas sorprendieron mi paseo por el campus de la Universidad de Deusto, en pleno casco urbano de San Sebastián, donde acudí para una jornada formativa organizada por el Consorcio de Inteligencia Emocional (al que estoy vinculada desde hace seis años).



Bajo el hechizo de la investigadora Isabel M. Martínez, una veintena de profesionales nos reunimos en el aula 19 dispuestos a absober todo el conocimiento y experiencia de esta académica senior de la Universidad Jaime I de Castellón.


Imposible resumir aquí los diecisiete folios de notas que tomé. Ni siquiera voy a intentarlo, sino que -tras repasar mis notas- elegiré uno o dos conceptos que me alcanzaron de pleno por su aplicabilidad en mi misma y en mis clientes. Si son interesantes para mi... quizá puedan serlo para los demás ¿no les parece? Allá vamos:

La profesora Isabel Martínez dedicó un cuarto de la jornada al concepto "psicología positiva" como troncal para quienes apostamos por la felicidad real y cotidiana así que mencionó a mi amigo Martin Seligman -padre del concepto "psicología positiva" allá por el año 1992- y a su más cercano antecedente, J.B. Watson, quien en 1930 ya abogaba por la satisfacción en el vivir y trabajar.

La investigadora de Wont entiende la felicidad como parte de la salud en un sentido pleno tanto en las personas como en las empresas y si entre las numerosas variables que inciden en el bienestar tiene que elegir una se queda con el engagement.





¿Qué se entiende por engagement? Es un estado de motivación y entrega por el trabajo en sí mismo. También es un estado mental positivo y persistente que se caracteriza por el vigor, la absorción y la dedicación. Vigor es energía, resistencia, capacidad de esfuerzo; absorción es que se pasa el tiempo volando, que estás totalmente inmerso en la tarea y que te cuesta abandonar la actividad; finalmente la dedicación es estar implicado, sentirte orgulloso de lo que haces, de tu equipo-empresa y hallar un significado a tu actividad.

Dos anécdotas: según el test que nos pasó la profesora Martínez mi índice de engagement con mi propia empresa es de 90 puntos sobre 102, lo que según los autores del cuestionario (holandeses) es ¡estupendo! Segundo cotilleo: entre los profesionales que viven mayores índices de engagement con su trabajo se encuentran: los directivos, los emprendedores y los granjeros. Sí, de verdad, los granjeros.

Por si están pensando en contratar o promocionar a personas con alta implicación en su trabajo les facilito algunas de sus características: son profesionales activos, viven conforme a sus valores, se recuperan con facilidad del cansancio, el desánimo y las crisis... además mantienen una actitud permanentemente positiva, viven momentos de flow (fluir) y les gusta asumir experiencias retadoras ya que en su fuero interno se sienten capaces de solventarlas. Ese "sentirse capaces" nos llevaría al concepto de auto-eficacia muuuy interesante y al que dedicamos la práctica totalidad de la tarde en la Universidad de Deusto, campus de San Sebastián. Para entonces yo ya me había escapado durante un cuarto de hora al jardín donde descubrí el árbol de la vida, magnolios, pinos, robles, magnolios, cipreses ¡y gaviotas! en la linde del parking con el río Urumea.



Más sobre la jornada pinchando aquí.