domingo, 7 de septiembre de 2014

El futuro en clave procomún... ¡o el abismo!


Lo binario me produce sarpullido por primitivo, limitante y poco operativo en la búsqueda de soluciones nuevas a problemas antiguos. Binario = 0-1-0-1-0-1... blanco-negro-blanco-negro... hasta el infinito. Hay ocasiones, sin embargo, en las que me rindo a la evidencia: estás o no embarazada, vivo o muerto... En fin, que el sistema binario tiene su lógica a la que hoy también me pliego con la hipótesis que presento: el futuro será procomún o será el averno.

La primera vez que escuché la palabra procomún fue a mi amiga Rosa (de rojo en la fotografía) de Amasté Comunicación tomando un chocolate caliente en los soportales del edificio Iberdrola de Bilbao (Vizcaya, País Vasco). 

Era inverno y las dos estábamos al final de la jornada laboral volteando la espalda al acelerado enjambre de coches y personas de la urbe. El calendario del establecimiento -que pendía de un gancho justo encima de los periódicos- marcaba el año 2009. 

Hablamos de proyectos personales y profesionales, nos reímos hasta dolernos los mofletes, y disfrutamos de un chocolate a la taza realmente gordo y sabrosón. En la despedida yo archivé con cariño el concepto procomún en la caja snob de mi cerebro etiquetado bajo el epígrafe "moderneces de Rosa y sus secuaces de Colaborabora". 





Después he seguido la trayectoria de Amasté y de Colaborabora -en realidad la huella de Rosa en ambas organizaciones- y por eso me he enterado de que el pasado el jueves y viernes participaron en los Cursos de verano de la Universidad del País Vasco con una ponencia titulada "Redefinir los qués transformando los cómos". Copio el abstract de la misma: Planteamos unas pautas básicas para implementar un cambio de modelo de gobernanza que posibilite una democracia más inclusiva, desde la lógica de las dinámicas de los movimientos ciudadanos emergentes y las nuevas formas de participación e implicación política...




Del 2009 al 2014 he leído con la intensidad de un yonqui bajo el síndrome de abstinencia. Digamos que un ensayo a la semana o más si vencía el plazo de devolución a la biblioteca central donde me saludan hasta los conserjes. Si durante décadas he anhelado conocimiento, en los últimos cinco años aspiro a la sabiduría así que he buscado y hallado un puñado de autores que inspiran mi oficio de consultora artesana y apuntalan algunas de las prácticas que vengo realizando en los últimos doce años con la ingenua -y acaso vanidosa- pretensión de "mejorar el mundo". Confesaré que tras la lectura de algunos manuales he desestimado a reputados autores, sesudos académicos y gurús de vídeos TED, porque  ¡no es oro todo lo que reluce! Digamos que cada 30 ensayos (siete meses de frenética lectura) descubro un texto que me abre una vía de investigación profesional o contribuye a la creación de mi propia metodología de trabajo.






Muy a mi pesar, la síntesis a la que estoy arribando tiende a lo binario: el mundo, las organizaciones y las personas tenemos dos opciones: vivir (y trabajar)  en clave procomún o dirigirnos hacia el abismo. Así de sintético y así de rotundo. 

Mi último hallazgo ha sido Jeremy Rifkin (en la fotografía superior), economista, sociólogo y activista norteamericano,  quien el próximo martes día 9 de septiembre de 2014 publicará en España su último libro: La sociedad de coste marginal cero... 461 páginas y 28 euros. 

Rifkin aboga por un futuro en el que lo colaborativo sea habitual se trate de viajar en transporte compartido, trueque, compra-venta de enseres entre particulares por Internet, alojamiento en casas privadas (couchsurfing) o de cuidar el medioambiente que a todos nos acoje. Si tuviera que explicar a mi madre -(80 años), ajena a esta jerga pero llena de sensatez e inteligencia- le diría que la esencia del procomún es compartir. Pero en fin... mejor que el propio Jeremy Rifkin responda a la pregunta: ¿qué es el procomún colaborativo?

En sintéticos titulares: Jon Kao y Linda Gratton hablan del "futuro deseado" (en contraposición al "futuro por defecto"). Eugenio Moliní del cambio intencional en entornos enredados. Otto Scharmer del "futuro que emerge" o la transición del ego-system al eco-system = del yo al nosotros y del nosotros al todo

En su libro Marcas en el camino, Dag Hammarskjöld aboga por del genuino aprecio entre las personas. Alain Cardon apuesta por las culturas corporativas en red para el desarrollo del máximo potencial. Sabino Ayestarán enseña la interdependencia como eje del funcionamiento de los equipos. Peter Senge profundiza en La Quinta disciplina. Christian Felber desarrolla la Economía del Bien Común. Finalmente -y para no resultar agotadora- Jeremy Rifkin anuncia el eclipse del capitalismo y la emergencia de un nuevo sistema económico (democrático y sostenible) basado en el procomún colaborativo. 





Y yo... ¡sigo cogiendo hilvanes 
a una metodología propia para el ejercicio de mi oficio!