jueves, 11 de septiembre de 2014

Instagram sin filtro


Participo activamente en redes sociales y publico a diario noticias financieras y económicas positivas de mis empresas-cliente que generan pocas recomendaciones, participación y controversia. Sin embargo, cada vez que cuelgo algún apunte con sesgo personal recibo un agradable y vitamínico eco que alimenta mi vena internauta.

Hace unos días, bajo el impulso de la actitud vacacional que con terquedad persiste en mi, escribí en Facebook el texto que copio y pego lo que provocó algunos comentarios que comparto -y agradezco- tras la foto del insecto.

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"Ya no soy un tanque, o no quiero serlo. Un tanque de voluntad que hacía lo que debía -pudiera o no con el desafío-.Ya no soy un tanque (o no puedo) debido a la edad, trayectoria existencial o cualquier otro oximorón. El caso es que escucho a mi cuerpo -como recomiendan los terapeutas-, escucho mis emociones -como sugiere Daniel Goleman- y mi mente se niega a aplicar el látigo permitiendo tardes de lectura y paseo, buceo y contemplación, regar y podar los jardines de casa y el despacho...

Con una hora de retraso comienzo hoy mi jornada -a las 9.00-: quietud en la bahía, la totalidad de la flota de yates adornando el Cantábrico, el chiringuito de La casa del café atiborrado de naúfragos que se aferran a la taza como al flotador del Titanic. Me compro una magdalena de espelta, me la tomo en el Zazpi con un café americano, y demoro subir al despacho leyendo El País.." 

¿Pereza? ¿Síndrome Post-vacacional? Desconcierto. 
No soy la que era sino otra que no renuncia a sus caprichos. 
¡Temo por la cuenta de resultados!






3 comentarios:

cristina zaldua dijo...

Que suerte que el no-hacer esté entrando en tu existencia, un no-hacer placentero, disfrutón, nutritivo...
La semilla tiene un momento de quietud dentro de la tierra, donde existe la incertidumbre de si llegará a germinar o no, la nutrición sin respuesta, la espera, la duda...
Es ese momento el que le da la fuerza para su futura existencia.
Un abrazo de semilla,

Azucena Vega Amuchástegui dijo...

Ahora sin erratas:
Más allá de las palabras... los humanos compartimos muuuchas cosas. Y algunos humanos más aún. Gracias por tu presencia, Cristina. Con mayúsculas: Presencia.

Javier Gomez dijo...

Hola azucena, que expresión UN TANQUE, recuerdo siempre que Andrea Torrecilla (una de mis coach mentoras) que me regalo generosamente tu sapiencia en lo referente a caoching organizacional, y con eso vino como decimo en argentina “la Yapa” (añadidura, regalo) todo tu ser que plasmas en esos post de artículos light.

Andrea nos dice “El lenguaje no es inocente” y leyendo el relato me quede con esa imagen tuya de un tanque, guau fuerte, fuerte, un tanque arroya, lucha, defiende, apunta y dispara.

Yo este último fin de semana me tome 4 días para mi solito, me fui al campo de mis abuelo allí tenemos una casa modesta pero que para mí es un lugar mágico, los primeros días me acompaño mi padre, y tuvimos nuestra relación Padre-hijo, luego quede solo, con mis plantas, con los pájaros, el viento y 4 bellos atardeceres, que me sentaba en un banco que tengo especial para eso y fijaba mi vista en el sol, al principio me segaba pero al minuto lo veía rojo, un círculo perfecto, y sentía como el mundo se movía e iba cada minuto ocultando al sol hasta que solo quedaba la luz de los rayos.

Tomemos eso momentos del presente que se viven con los 6 sentidos, son regalos que nos hace Dios, el universo, el origen o la fuente primera, es una de las formas que tiene de darnos gracias por ser quienes elegimos ser en este planeta en este tiempo presente, así que Azucena si cada vez lo repetís más son más agradecimientos por ser la persona que eres para todos los que ayudas con tu sabiduría.

Abrazon de luz. Javier