miércoles, 24 de diciembre de 2014

La Navidad del mendigo de mi barrio


Me pregunto dónde han estado los afectos. Los afectos que siento por las personas y la naturaleza, diríase por la belleza en su forma más vivaz. ¿Dónde han estado los afectos en los años que preceden a este que se escapa como el suspiro de un bebé?




Son las siete de la tarde y el termómetro de La Concha devora con saña el mercurio al ritmo de dos grados por hora: a las diez de la noche marcará tres grados y la escarcha cubrirá las bicicletas del aparcamiento de las termas (La Perla).

El termómetro devora el mercurio con la avidez que los glotones comen mazapán en el preludio navideño mientras algunos mendigos permanecen diez horas bajo el túnel de mi barrio para recaudar lo que cuesta un café en la bahía: un euro y treinta céntimos. Pero hay muchas clases de dureza existencial: Aitor, mi camarero favorito del Narru, hace turno en solitario y tiene -ahora mismo- unos cuarenta comensales pidiendo tomate preparado, copas de cava y gin tonic. Dado que soy una clienta habitual me abraza cuando salgo del establecimiento deseándome ¡felices fiestas! A pesar de ser joven -y habitualmente muy alegre- hoy le encuentro diezmado ¡espero que haya traído la moto (en lugar de la bicicleta) para volver a casa! 

Al mediodía he sacado tiempo de la manga del abrigo para recoger piñas y bolitas rojas en el bosque más cercano. No es acebo -que está prohibido-, sino lo que los niños llaman "comida de culebra" y queda aparente como adorno junto a otras pequeñeces que guardo en una caja de cartón. Disfruto mucho poniendo imaginación a la austeridad: cero gasto económico y solo un poco de maña y tiempo. ¡Me divierte!

Finalmente mi vecina me ha regalado muérdago que he colgado de la puerta de entrada porque dice trae suerte y porque los druidas acostumbraban a rezar bajo los árboles en los que hubiera muérdago, como las encinas... Bueno pues lo dicho: me pregunto dónde han estado mi vulnerabilidad extrema al dolor ajeno y mi sensibilidad en los años que preceden a este que se escapa... si alcanzo una respuestas la compartiré con ustedes antes de que la devore el más glotón de la cuadrilla o el voraz mercurio de La Concha. ¡Feliz Navidad!