sábado, 14 de febrero de 2015

Un mal día, una ardilla y un equipo


La semana pasada tuve una dura jornada de trabajo. Lejos. Lejos de casa y de mi nivel de influencia. ¡Digamos que en tierra de nadie!

Una dura jornada de trabajo entrenando a un equipo de directivos con altas expectativas hacia el proceso que realizamos desde hace apenas ocho semanas. Siento que ponen en exceso el foco en que yo haga-sepa-resuelva y tomo transitoriamente el rol que me otorgan, en espera de que el equipo madure y asuma sus propias competencias y responsabilidades, como le corresponde. La cuestión es que en esta fase embrionaria del equipo y del proceso yo hago y resuelvo -de la mejor manera que puedo- y ellos me dejar ir, toman notas, participan, deciden y se "integran" justo  hasta el preciso límite en el que algo les incomoda y entonces "desintegran" la compostura y muestran agriamente su enfado contra la diana más vulnerable del sistema: yo. 


Dado que soy humana (vulnerable)
que tengo una posición de outsider en la organización 
y carezco de estatus en un organigrama hiper-jerarquizado  
¡los dardos me alcanzaron de lleno!


  


Retomo la historia: la semana pasada lo pasé mal con un equipo y por primera vez tuve que recordarme a mi misma que se trataba de un trabajo, es decir, de algo que ¡hay que hacer (de la mejor manera posible) y a otra cosa, mariposa! 

Por primera vez en trece años como entrenadora senior saltó en mi cerebro semejante idea peregrina ante la urgencia de sacarme rápido del bache en el que me encontraba: más anímico-subjetivo-interno que perversamente orquestado por los directivos, aunque no por ello menos duro para mi.
  
Un poco antes del mediodía -y dado que la empresa se encuentra en la campiña- aproveché el descanso de quince minutos para coger un cortado de la máquina de café y salí a dar un paseo por el bosquecillo donde no pude evitar una extraña sensación: me  sentí más cerca de los árboles que de las personas que había dejado en la sala de reuniones hasta el punto de percibir que el pinar me envolvía con su dulce aroma de resina y silencio.

Cuando llevaba cinco minutos caminando con mi vaso de café (que aún quemaba un poco) en la mano, escuché el trino de algunos jilgueros, alce la vista hacia la vertical de cielo y ¡descubrí una ardilla! que en un instante movió su cola y mi ánimo hacia el esperanzado horizonte de la vida y sus juegos. Juegos de poder, de ego e influencia, de rama en rama hasta desaparecer entre el follaje.   




Al día siguiente conseguí voltear la situación en la mismísima sala de reuniones de la planta noble de la empresa: los mismos directivos y encargo, idéntico organigrama y similar testosterona por metro cuadrado... pero yo había meditado-reflexionado sobre lo ocurrido; asumido mi parte de responsabilidad en el entuerto; anotado algunas decisiones en mi moleskine; respirado el aroma de resina como el drogadicto esnifa cocaína; mirado a la vertical del cielo; escuchado el trino de los jilgüeros; sentido el abrazo de los árboles y persistido en el empeño de transgredir aquello que frena a un puñado de profesionales competentes e hiper-cualificados. Terca en la intención de que los momentos disruptivos -que perciben incómodos- contribuyan a que vuelen más alto y más lejos. 

Arranqué la segunda jornada de entrenamiento con una estrategia diferente, salí del cerco de la diana y no me alcanzaron los dardos de la palabra. Finalmente cerré el encargo visitando el pequeño lago de la empresa donde dos patos flotaban entre restos de hierba y palitos. Tan pronto detectaron mi presencia alzaron el vuelo. ¡¡Humanos!! -pensarían- ¡Mejor emigramos!!




Sonreí para mi misma resonando con la magia de la vida y sus criaturas: árboles, jilgueros , ardillas, patos... ¡humanos con corbata, dardos, miedos, manías, expectativas, egos, filias, fobias, anhelos, deseos, sueños, miserias, grandeza! Dejé atrás la empresa, y el bosquecillo, crucé la ciudad y -de regreso a casa- me reconcilié con la vida.


4 comentarios:

Marijo Granado dijo...

Valentía, Honestidad e Integridad! Es lo que percibo leyendo tus reflexiones.
Gracias Azucena, por sentir y compartir

Azucena Vega Amuchástegui dijo...

Marijooo... creo que son tres valores que compartimos y que orientan "nuestro" día a día.

¡Gracias por asomarte al blog y dejar tu cometario! Un abrazo grande. Gracias.

Anónimo dijo...

Si yo fuera un integrante del equipo al que usted hace referencia, indudablemente mostraría mi enfado,sobre todo por su EXPOSICIÓN/EXIBICIÓN de una reunión que cuanto menos pienso sería PRIVADA, más teniendo en cuenta su faceta profesional.Esa "valentía" para mí es total indiscrección.

Azucena Vega Amuchástegui dijo...


Querido anónimo en ningún momento revelo la identidad de las personas implicadas y hasta las fotografías son de otro contexto geográfico y temporal.

No veo falta de discreción por ningún lado. Es imposible que usted -ni nadie- detecte de quién hablo ni siquiera remotamente del país en el que se desarrolló la actividad.

Y, en cualquier caso, permita que en mi propio blog pueda expresar, de vez, en cuando mi sentir al mismo tiempo que comparto el flujo de mi actividad profesional.