sábado, 25 de abril de 2015

Palabras que son ¡cáscara de nuez!



Vacías de sentido -como una cáscara de nuez- las palabras no son nada. Extirpada la sagrada fuerza de la verdad que toda palabra debiera albergar  triunfa el circo de la apariencia que engaña la mente de los los tontos -que no son tales- sino cobardes que mastican la nuez de la mentira que se repite como las cuatro estaciones en el calendario de la cocina. 




Rastreo la prensa económica en busca de ideas, propuestas y aliento para algunos sectores y empresas con los que trabajo y encuentro grandes palabras que durante unos segundos me colman por su esperanzada trascendencia.

Sintetizo un puñado de las mejores de esta semana: Del cooperativismo del bienestar al cooperativismo transformador, en referencia a la Corporación Mondragón. Otra frase: "... Hay que retomar los fundamentos éticos..." leo en las páginas del rotativo El País.  Además: "... Conviene alcanzar un acuerdo -o pacto social- sobre la forma de organizar el bien común..." dicen desde la Sociedad de Garantía Recíproca, Elkargi. Y finalmente: "... Aunar voluntades y esfuerzos para construir un futuro mejor..." afirma la consejera vasca Arantza Tapia.

No hay persona en este planeta que no asuma estas afirmaciones porque contienen la esencia de la buena gobernanza y la primacía de la colectividad frente a los intereses partidistas. Además apelan a los principios que con saña venimos pisoteando desde hace décadas como si se tratase de uvas negras.

Reflexiono en voz alta y con ustedes: si las hermosas frases aparecen en todas las hemerotecas, si las escuchamos a diario, si están escritas en los periódicos nacionales e internacionales, y si todos los políticos las pronuncian con la frecuencia que los monjes tibetanos recitan mantras ¿por qué la realidad no tiene nada -pero absolutamente nada- que ver con la bella declaración de intenciones?




Porque las palabras se pronuncian muertas, vacías de verdad y de esperanza. Palabras huecas como cáscaras de nuez. 

Dado que amo la escritura y creo en la palabra lo vivo como un drama y su nauseabundo tufo me alcanza al punto del asqueo. ¿Para cuándo acompasar fondo y forma, cáscara y nuez, verdad y apariencia?