domingo, 17 de mayo de 2015

Dejar marchar lo viejo y ¡saludar el porvenir!


Estrellas de mar adheridas a una pared en la vertical del monte Igeldo, en San Sebastián, mi tierra, esta mañana tras el paseo a orillas del Cantábrico después una marea viva que ha llenado La Concha de variados objetos con historia de personas, buques, y acaso otros mares más cálidos que el nuestro donde hay que ser intrépido para bañarse en primavera. Temperatura del agua: catorce grados.




La metáfora de las estrellas adheridas a una pared en la vertical del monte Igeldo me lleva a otras del fin de semana de trabajo vivido en Zaragoza junto a profesionales ávidos de integrar aprendizajes prácticos para el trabajo y fértiles para la vida porque las personas son conscientes de que vida y trabajo son vasos comunicantes de una realidad única que portamos como el ermitaño la concha de algún caracol.

Haz un trabajo que ames
Ama el trabajo que haces
Y permanece en contacto con el universo, Otto Scharmer.



Sabido es que estos cangrejos utilizan la concha abandonada de algún compañero marino para seguir creciendo hasta que se les queda pequeña momento en el que deciden ¡cambiar! pensamiento que me lleva a preguntar ¿por qué los humanos no cambiamos con mayor frecuencia y alegría? ¿Acaso no nos damos cuenta de que con el paso del tiempo y la costumbre la "concha" se nos queda pequeña? ¿Falta consciencia? ¿Nos vence la pereza, el miedo o el cansancio? 

El humilde ermitaño es una metáfora que me acompaña cuando tengo oportunidad de interactuar con profesionales ávidos de conocimiento para el trabajo y la vida -esos vasos comunicantes que se fertilizan o esterilizan  mutuamente-.

Los cangrejos ermitaños buscan un lugar que proteja, reconforte y permita el crecimiento hasta alcanzar el límite (en ese caso físico) abandonando la zona de confort por otra desconocida en cuya búsqueda se afanan repitiendo el proceso cuantas veces sea necesario, dejando atrás lo que ya no sirve para el desarrollo pleno de su potencial. 




Estrellas de mar adheridas a una pared en la vertical del monte Igeldo, en San Sebastián, mi tierra, esta mañana tras el paseo a orillas del Cantábrico. Metáforas que juegan al viento. Momentos disruptivos (acaso creativos) al ritmo slow-down (tranquilo) porque la prisa como estilo de vida no me parece ni atractiva ni eficaz.          

En el paseo me sorprendo canturreando bajito ¡estoy contenta! porque cuanto más profundizo en el estudio de la Teoría U de Otto Scharmer más la comprendo y más me gusta. Cuanto más la comparto con profesionales y fondeamos en su aplicación en casos reales de empresas aragonesas ¡más revolucionaria me parece! la verdad simple de que ¡hay que dejar marchar lo viejo -que nos limita- para que nazca lo nuevo, el futuro con su vigor y potencial!