sábado, 9 de mayo de 2015

The tip of an iceberg

TOMA I: PRIMERA SENTADA PARA ESCRIBIR


Sabido es que acompaño procesos reflexivos de profesionales. Y sin certeza alguna, me gusta pensar que aporto mi granito de arena a la evolución empresarial del paisito poniendo conocimiento, contraste, desafío, preguntas, respuestas, humor, apoyo y feedback allá donde confían en mi lo suficiente como para contratarme. 

¡Es un bello oficio! que agradezco cada jornada, hora, instante y micro-segundo de consciencia plena. Ahora bien, como cualquier rosa ¡tiene sus espinas! porque la vida no es un cuento de príncipes y hadas aunque existan más de los que creemos.

La práctica del mentoring me mantiene en la esfera de los parques tecnológicos, las instituciones que apuestan por la innovación, poderosas corporaciones, y empresas familiares grandes y pequeñas que exploran mercados más allá de nuestras fronteras. Todos bien informados de lo que acontece en el mundo aunque alejados del barro por lo que su relación con la realidad es tangencial, es decir: que apenas conecta en un punto de fuga con el infinito.




Reflexiono ahora sobre este aspecto tras haber realizado una sesión de dos horas al gerente de una empresa líder de su sector - al que llamaré Cesar- en la que hemos abordado variadas cuestiones con el pretexto de completar la llamada "rueda de la vida", una ficha en la que la persona otorga una nota a cada aspecto de su existencia: trabajo, ocio, familia, casa, finanzas, salud etc. Una vez completada, se formulan algunas preguntas y a partir de las respuestas la persona decide en qué áreas quiere mejorar. 

En un momento del proceso le hecho notar dos cuestiones: la primera, que la nota media otorgada a los diversos aspectos de su vida superaba el ocho sobre diez (algo inusual); y la segunda, que ninguna de las casillas de la rueda estaba vacía... Entonces Cesar ha dicho: -¿Cómo vacía? no comprendo... Yo he aclarado que algunas personas no tienen pareja, casa o trabajo etc. Finalmente ha reconocido con perplejidad que no se le había ocurrido.





TOMA II: SEGUNDA SENTADA PARA ESCRIBIR 


Variadas formas de esclavitud se esparcen sobre el planeta. Y aunque solo atisbamos la punta de un gélido iceberg, por debajo de la superficie acuática se mueven realidades paralelas que no vemos ¡que acaso no queremos ver!

Leo prensa internacional y se me atraganta el cortado ante el artículo titulado trabajadores ultraflexibles en el que se informa de la existencia de contratos laborales por cero horas. ¿Cero horas? ¿Contratos por cero horas? ¡De qué estamos hablando! De una realidad que se extiende por el Reino Unido como la niebla y se localiza sobre todo en Liverpool.

Estas son las condiciones del trabajador: veinticuatro horas al día de disponibilidad, ningún ingreso asegurado, remuneración de siete libras a la hora cuando te llaman, el día que te llaman, la semana que te llaman... no da derecho a paro ni a subsidio de ninguna clase y se "ceba" con menores de veinticinco, mujeres, y mayores de sesenta y cinco años.





Neil Lee denomina a este fenómeno la "esclavitud del siglo XXI" idea que podemos compartir cualquiera de nosotros sin ser profesores en la London School of Economics. La punta del icerberg de la realidad. ¿Tangencial?