domingo, 7 de junio de 2015

Balenciaga, emprendedor y pionero


Algunas personas alcanzan un sueño y el mundo dice ¡qué suerte! mientras ellos visualizan cada surco de tierra arada, sembrada y fertilizada durante décadas con semillas de esfuerzo, tesón y talento.

Ocurre que a cuarenta pasos de mi despacho -en la Avenida de la Libertad de San Sebastián- existió uno de los tres talleres que tuvo Balenciaga en la capital guipuzcoana bajo la marca EISA.

Finalmente acontece que se ha hecho realidad el sueño de un profesional al que tuve el honor de entrenar durante un tiempo en este despacho y ha querido compartirlo con la generosidad que le caracteriza. 




Igor Uria es el Director de Colecciones del Museo Balenciaga y comisario de la exposición que permanecerá abierta al público hasta mayo del 2016. Se ha cumplido el sueño que juntos trabajamos e Igor ha querido celebrarlo invitándome a visitar el museo de Guetaria que yo percibo como su "casa emocional".




Aunque no es su trabajo, dada nuestra relación de aprecio mutuo, Igor (*) tuvo la deferencia de explicar algunos detalles que permiten incorporar una mirada nueva al perfil más conocido del genial diseñador de alta costura Cristóbal Balenciaga: su perfeccionismo empresarial. 

Quizá el comisario profundizó en esta faceta porque sabe que me encanta descubrir atajos que hagan funcionar las organizaciones con armonía y rentabilidad, algo que Balenciaga consiguió en plenitud. 


La prensa rinde homenaje 
al modisto español más importante de todos los tiempos


Balenciaga exportaba a Estados Unidos a mediados de los años treinta, mucho antes de que usted o yo hubiésemos nacido y de que las organizaciones empresariales contemporáneas inventasen el término "internacionalización". Balenciaga diseñaba vestidos de cóctel, camisolas de jardín y ropa para acudir a la redacción de un periódico neoyorkino y mostraba su trabajo mediante dibujos que en los años cuarenta enviaba por correo convencional a sus clientas y que -por su eficacia- pudieran ser comparados con nuestro correo electrónico. Además el diseñador no se quedó en tierra vasca sino que se expandió abriendo talleres en París, Madrid y Barcelona. 

En cuanto a su manera de trabajar podemos hablar de auténticos "procesos de calidad" en los años cincuenta y sesenta: todo medido, pesado, anotado y rigurosamente controlado por fieles trabajadoras de una casa por cuya marca sentían devoción y orgullo de pertenencia.

Por último, cuando el diseñador decidió abandonar el negocio dejó la clientela en manos de Givenchy y trató de colocar a cuantas empleadas pudo en otras firmas de la competencia y fíjense que en el momento de su cierre sólo en París la plantilla de Balenciaga incluía a dos mil trabajadoras. ¿Cuántas empresas españolas alcanzan semejante magnitud?

Tuve el honor de visitar el Museo Balenciaga el pasado viernes (5 de junio de 2015) y el Diario Vasco de hoy (domingo 7 de junio de 2015) le dedica un amplio reportaje centrado en mujeres vascas que alguna vez vistieron un Balenciaga como el de Blanca Ezpeleta que pudimos contemplar un poco antes del momento que recoge la fotografía.




Finalmente el comisario de la exposición guió nuestra mirada hacia una de las frases que se atribuyen al diseñador y dice: "... Un buen modisto ha de ser arquitecto para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida...".   A lo que quizá sería justo añadir: ¡y estratega para los negocios! Gracias por tu sabiduría compartida Igor. 

(*) Igor Uria, uno de los mayores expertos mundiales en Balenciaga.