martes, 16 de junio de 2015

Directivos... ¿Corbatas o Amapolas?


Tengo dos propuestas laborales que me inquietan sobre la mesa. Y aunque representan un desafío monumental respecto a mi trayectoria anterior, no quiero rechazarlas sin negociar conmigo misma las auténticas razones para hacerlo. Sobre todo no quiero tomar decisiones bajo el imperativo del miedo.

Acaricio las propuestas ¡y queman las yemas de los dedos! pero no es algo que me asuste o no lo suficiente como para rechazarlas, porque siempre me ha motivado el cambio, en verdad ¡lo único permanente! (Heráclito). 

Con guasa observo que mientras la edad me "arruga" por fuera... me "estira" por dentro... apelando a la totalidad de mi coraje, conocimiento y experiencia para dar lo mejor de mi misma en contextos tan dispares como la ovalada mesa del consejo de una empresa líder en el reciclaje de metales (propuesta uno) o las aulas universitarias (propuesta dos).




Así que buscando apalancar conocimiento y contexto profundizo en todas las publicaciones que recopilan los contenidos del III Foro Anual del Consejero celebrado el pasado nueve de junio de 2015 en el IESE donde todos los ponentes llevan corbata excepto Elvira Rodríguez, presidenta del CNMV.

¿Tendré que llevar corbata si finalmente llega a buen término la relación de confianza con el grupo líder en el reciclaje de metales? Ciertamente el consejero saliente lleva corbata incluso cuando toma un aperitivo en el puerto de Fuenterrabía. 

Pero hay maneras y maneras de abordar los desafíos profesionales y empresariales. Maneras, estilos, valores, corbatas y amapolas (la presidenta del CNMV llevó una amapola en la solapa en su última aparición pública). Y más allá de las formas lo que importa es el fondo vinculado al buen gobierno de las organizaciones, un conjunto de prácticas y elevados estándares que han de ser "aterrizados" en el día a día de las organizaciones, sus propietarios, directivos, trabajadores e incluso stakeholders.




Me gusta pensar que las palabras representan realidades y que contienen valiosos significados. Por ejemplo, cuando se habla del "buen gobierno corporativo" se piensa en los accionistas pero el buen gobierno también asegura la plantilla (nóminas) y eso ¡importa! 

Después de compartir mis reflexiones con ustedes creo que lo tengo claro: no llevaré corbata porque más de lo mismo ofrece los mismos resultados. Las organizaciones precisan la trilogía mente-corazón-manos y de ese modo acudiré al puesto de trabajo sin olvidar los pies que hacen posible el movimiento hacia el futuro que emerge en aulas y despachos, fábricas y restaurantes, pueblos y ciudades, en cualquier lugar donde esté en juego el bienestar del ser humano. Definitivamente... acudiré con una amapola en la solapa cómo metáfora disruptiva.