viernes, 21 de agosto de 2015

Ludiqueces


Me permito todo tipo de excesos de manera que cuando sople el cierzo o sea necesario sujetar las pasiones podré resistir -como una roca de granito- o doblarme -como el bambú japones-. Equilibro.

Con curiosidad observo mi tendencia al equilibrio entendido como media de opuestos. Digamos que soy una mujer a la que le gusta el café muy caliente y el granizado muy frío. La media resulta templada aunque cada trago vaya el extremo térmico. 



Fascinante el descaro de estas mujeres
¡Las encuentro divertidas!
¿Y usted?


Mi hija -que conoce algunos abismos de mi alma- me envió esta fotografía hace un par de meses desde Noruega -donde trabajaba en un proyecto apasionante-. Hoy está en Japón y hemos tenido una conversación extravagante por Skype que me ha hecho recordar a estas mujeres bellas, atrevidas y -a su modo- radicales no solo en el vestir sino en el desafío de la pose, los colores y la coquetería que a cierta edad parece que se ha de marchitar.  ??!!

Este verano -que me estoy permitiendo todo tipo de placeres- coloco la fotografía en el centro de la escena porque me orienta hacia el lugar que quiero ir: atrevimiento y osadía + humor y alegría + autenticidad + juego + complicidad...






Cuando llego a la playa solo encuentro huellas de gaviota en los aledaños de las rocas y aún falta hora y media para que aparezcan socorristas y tolderos con su bronceado tropical. Esta mañana había pleamar y el Cantábrico era una tacita de plata de postal. Las chicas de La Carpa colocaban cajas de refrescos en el interior del chiringuito -todavía cerrado para los clientes- mientras horneaban los primeors croissants cuyo aroma se ha enroscado a mi nariz. 

El agua estaba a veintun grados y los peces coqueteaban con el fondo marino en la zona del Pico del Loro. Algunos son tan grandes que nadie me creerá si lo explico. Me quedo observándolos hasta que se me arruga el termostato y el frío me echa del mar a dentelladas tiritonas y azules en las yemas de los dedos. 

Camino por la orilla la playa entera cumpliendo con el ritual de tocar la roca de cada extremo con el pie y observo que todo está ya dispuesto en el chiringuito: los altavoces con música clásica, el toldo y la humeante cafetera. ¡Allá voy con Murakami! el milésimo placer de este verano, Sputnik, mi amor. Con las piernas al sol leo durante media hora y alcanzo la página 51 donde la voz del narrador explica: "... No tener ideas preconcebidas, sino aguzar el oído con una disposición honesta, amoldándose a las circunstancias, manteniendo la mente y el corazón siempre abiertos a lo que venga...". 

Recojo mis cosas, ajusto al mochila a mi espalda y alcanzo el despacho a las 9.30. Verano. Placeres a granel. Pura excentricidad en el vivir y trabajar my way!