jueves, 13 de agosto de 2015

Ningún hombre es una isla



Ningún hombre es una isla, dejó escrito el poeta metafísico inglés John Donne hace cuatro siglos. Y porque no es una isla, en la vida y los negocios el hombre alcanza mayor plenitud en compañía, hipótesis de partida del curso de equipos que imparto desde el año 2007 con metodología propia y notables resultados en aquellas organizaciones que aplican sus propuestas teórico-prácticas.

El curso alcanza su octava edición tras haber formado a casi doscientos emprendedores, directivos, profesionales liberales y empresarios. En 2015 se ha ampliado y revisado al punto de ser un meta análisis de siete enfoques internacionales especializados en los equipos como piedra angular de las transformaciones organizacionales. 

Avancemos juntos y observemos -en primer lugar- el binomio personas-resultados en el contexto empresarial ¿hay “evidencias” que sostengan una relación causal entre las personas y los resultados? Si bien nadie parece cuestionar la conveniencia de contratar a profesionales talentosos y bien formados ¿están asegurados los resultados a partir de la formación y el talento de los individuos? La respuesta es ¡no! porque las personas “no son una isla”... 




El éxito empresarial es la obtención de resultados en un triple sentido: la satisfacción y el desarrollo de los profesionales, el logro de los objetivos económicos de la empresa y -como consecuencia de los anteriores- la sostenibilidad y el crecimiento de la organización. Mi propuesta consiste en presentar la construcción de los equipos como una ruta fiable para alcanzar las tres metas: satisfacción, resultados y sostenibilidad.

A partir de los “equipos de trabajo” (Michael West, Universidad de Lancaster) podemos consolidar empresas porosas en las que las máquinas, las personas, los procesos, las materias primas y los productos se pongan al servicio de una meta trascendente: la construcción de un futuro mejor y para todos. El escritor norteamericano John Kao habla del "futuro deseado" en tanto que el profesor del MIT “, Otto Scharmer, lo referencia como "el futuro que emerge" en el del libro Leading from the emerging future. 

Entiendo los equipos como el eslabón perdido entre el uno (el individuo) y el infinito (la totalidad de la empresa). Los equipos como la palanca que propicia la transformación de las organizaciones y con ellas de nuestra sociedad y nuestro mundo. Ahora bien, los equipos no surgen de manera espontánea y ¡la buena voluntad no basta para construir equipos de trabajo! Hay que conocer las metodologías cuyo manejo responsable compete a los directivos.




Tomemos el informe Global Ceo Outlook de KPMG publicado en julio de 2015 y aterricemos en el mundo de los datos: el 45% de los resultados empresariales dependen de la calidad del liderazgo, es decir, de la calidad de las personas que ostentan cargos de responsabilidad en las empresas. Aun tomando el porcentaje con cautela parece que adquiere entidad la relación personas-resultados al mismo tiempo que surgen otras incógnitas: ¿Qué entendemos por liderazgo? ¿Cuándo podemos hablar de “calidad” en el ejercicio del liderazgo? Y, sobre todo, ¿se aprende a liderar?  La respuesta es ¡sí! Se puede entrenar a un jefe para ser un líder de manera que evolucione de mandar a inspirar, de atemorizar a motivar, de excluir a integrar, de hablar a escuchar y de restar a multiplicar la energía, el talento, las capacidades y habilidades de las personas a su cargo y, con ello, los resultados de la empresa.  En síntesis: la clave de la eficacia radica en el liderazgo transformacional (compartido) en el seno de los equipos.

La metodología que he diseñado surge de una pulsión personal: mi vocación como "agente de cambio" y de la evidencia de que en las empresas hay muchas "partículas de sufrimiento en suspensión". Un sufrimiento que erosiona el potencial.




Siendo numerosos los factores que inciden  en los resultados de un negocio, tomo como campo de trabajo sólo aquellos “mediadores emergentes” que se pueden modular en el seno de cada organización. Pondré un ejemplo: las empresas no pueden modificar el precio del petróleo, la paridad del euro respecto al dólar, ni la legislación internacional... Tienen, sin embargo, margen de maniobra en los “factores situacionales” internos tales como el sistema de reconocimiento, las medidas de control, el estrés, la gestión de la incertidumbre, la presencia o ausencia de confianza, los ratios de productividad etc. El campo de juego está bien delimitado y se circunscribe básicamente al potencial de los equipos de trabajo. No sólo, desde luego, y no en todos los casos, pero en buena parte la satisfacción de las personas, la mejora de resultados económicos y la sostenibilidad del negocio se apalancan sobre los equipos de trabajo.


Saber cómo ubicar a la persona adecuada en el lugar adecuado (Meredith Belbin, Universidad de Cambridge) es muy útil para los profesionales al frente de equipos. Además, como ha dicho el pasado mes de julio en Bilbao Edward de Bono (Congreso ICOT 2015): la mayoría de los trabajadores contemporáneos son “excelentes pero no suficientes” si no suman a sus competencias técnicas ciertas habilidades sociales propias del trabajo en equipo. 

En cuanto a las cifras, los equipos se equivocan en la toma de decisiones hasta un 30% menos que los líderes en solitario. El trabajo en equipo mejora el clima laboral y con ello evita la fuga de talento, la rotación en los puestos de trabajo y el absentismo. Para calibrar la relevancia de estas cuestiones tomemos un dato facilitado por ADECCO: en 2014 el absentismo laboral en España costó 9.271 millones de euros. Por último, el trabajo en equipo desarrolla las mejores cualidades de los humanos tales como: la empatía, la escucha, el respeto, el aprendizaje, la cooperación, la humildad, la aceptación de la diferencia… etc.

  


EPÍLOGO


Buscando la creación de un futuro mejor y para todos, durante los últimos trece años he recopilado numeroso conocimiento entorno a los equipos de trabajo en el seno de las organizaciones productivas hasta construir una metodología que sintetiza aquellos aspectos prácticos más exitosos.

A través de los equipos de trabajo se busca tanto la creación de un futuro mejor como la liberación del potencial atrapado en las organizaciones creando entornos propicios para la felicidad de las personas y la obtención de resultados económicos exponenciales.

El curso transita del ego-system (liderazgo unipersonal de los capataces) al eco-system (liderazgo compartido) y por lo tanto representa en sí mismo una senda evolutiva de la humanidad a través de las empresas como si se tratase de un punto de acupuntura para sanar el planeta y sus desvaríos. 

La propuesta Construir Equipos para Transformar Organizaciones presenta un diseño, enfoque y metodología que siendo radicalmente práctica se afana por contribuir a la creación de un futuro mejor y, en este sentido, integra un componente ético y humanista.

La octava edición del curso se desarrollará en Zaragoza entre Noviembre de 2015 y abril de 2016. Toda la información ya disponible en el link:  http://obrasocial.ibercaja.es/iniciativa-emplea/construir-equipos-para-transformar-las-organizaciones