sábado, 8 de agosto de 2015

Vivir como parte de una sola alma


Mucho antes de ajustarme las botas de monte las mariposas azules revoloteaban sobre la orilla y el cauce del Lac d´Estaing, punto de partida de una travesía de cuatro horas de ascenso de 1.161 a 2.239 metros de altitud (Col d´Ilhérou) en el Pirineo francés donde el viernes 7 de agosto termino la lectura del periódico del 31 de julio. 

Un periódico leído a salto de mata en los pocos ratos que deja la actividad montañera, el diseño de las rutas, la compra de alimentos y la asistencia a algunos conciertos del Festival de Música Antigua de Saint Savin.


  

Lejos del mundanal ruido, sin wifi, radio ni televisión, siento el vacío de mi cabeza que agradece el silencio tecnológico mientras castigo el cuerpo con mil, diez mil pasos, y el corazón latiendo en los pulgares de los pies en el descenso hasta que alcanzo una roca donde me fundo con el entorno y me conecto a saltamontes, libélulas, mariposas y cascadas cuya belleza no soy capaz de capturar. 





Por la tarde llaneamos por el Val D´Azun hasta alcanzar el pueblecito de Bun en el que visitamos un centro de apicultura donde un hombre, una mujer y el hijo de ambos sacan adelante un negocio basado en el amor por el trabajo que realizan y explican a turistas y foráneos.




El anfitrión despliega su conocimiento del mundo de las abejas durante algo más de una hora en la que aprendemos mucho y nos rendimos a la sabiduría de unos seres diminutos que carecen de identidad propia y viven como parte de una sola alma. En palabras del apicultor: "... como parte de un sistema cuya supervivencia, fortaleza o debilidad depende de la consciencia de pertenecer al todo...".

Las abejas carecen de identidad individual


Se perciben como parte de un sistema mayor ¡la colmena!
  

Grillos y cigarras y prosiguen con su letanía y anoto una frase del neurólogo Oliver Sacks: "... el tiempo de la vida es el tiempo de la percepción de la belleza...".

Belleza. En unos días he visto más águilas que en décadas: águilas reales de brutal envergadura (más de dos metros de punta a punta de sus alas). Se acercaban tanto que resultaba sobrecogedor escuchar su poderoso griterío ¿amenazan? ¿alertan? ¿marcan su territorio? ¿protegen los polluelos?



Asombro ante la contemplación de aguilas reales
en Col du Soulor (1.474 m)

Por la noche reparo las magulladuras de mis pies y termino la lectura del periódico justo en el instante en el que los gatos salen de sus escondites y las luciérnagas encienden sus antorchas. 

Callan grillos y cigarras, descansan mariposas y libélulas y me dispongo a dormir fuera de cobertura, lejos del mundanal ruido, bajo el inmenso tapiz de las estrellas. Vacaciones. Tiempo de vida y percepción de la belleza.