viernes, 9 de octubre de 2015

Empresas que avanzan ¿cómo lo hacen?


Vivo para aprender y -aunque con frecuencia me cuestiono si queda en mí algún poso de lo mucho leído, escrito y estudiado- sigo anhelando ser una anciana sabia. Así que dejo que avance mi canoso pelo y hago cuanto puedo por mejorar en mi oficio. 

Hoy he hallado sentido a aquella recomendación según la cual "... si quieres aprender algo debes enseñarlo..." al menos por dos razones:




La primera, porque ante el desafío de compartir con otras personas aquello que has descubierto, te obligas a poner orden en tu caos mental que -en mi caso- se alimenta de variopintas formaciones, lecturas y mentores que me han traído hasta el hoy tras cuarenta años de persistencia en el empeño. Poner orden en el caos a través de la escritura y preparación de materiales que han de ser comprensibles y consecuentes en sus propuestas teórico-prácticas además de estar alineados con los valores que importan.

La segunda razón es que siempre aprendes tanto o más de lo que enseñas ya que si bien el papel (la teoría) lo aguanta todo, es en las dinámicas participativas (la práctica) donde descubres lo que realmente funciona y puedes ir desestimando aquello que resulta una entelequia.




Cuando termina un encargo de facilitación con una empresa-cliente dedico algunas horas a reflexionar sobre el proceso: ¿Qué les ha resultado interesante? ¿En qué conceptos y propuestas han encontrado verdadera utilidad? ¿Dónde nos hemos atascado? ¿Con qué se han identificado? ¿Qué hubiera podido ser mejor? ... Para el análisis cuento con los datos que facilitan los participantes -en feedback anónimo y escrito- así como de mis propios indicadores, sensaciones y observaciones. Y de esta rústica manera voy puliendo mi oficio y quiero pensar que voy siendo capaz de aportar un poquito más y mejor.

En una de las últimas intervenciones con una empresa-cliente (200 trabajadores en plantilla) pedí que se creara un "equipo de documentación" que recogiese la experiencia que íbamos a compartir durante dos días. Se ofrecieron voluntariamente cuatro personas: Ángel, Miguel, Pepe y Sofia y es gracias a ellos que tenemos un fantástico material.




Además de sentir un profundo agradecimiento por el gozo de haber vivido la experiencia, del aprendizaje compartido, de la profundidad de los desafíos que se plantearon, de la calidez de los participantes y de la energía en sala... Tiene un valor excepcional contar con unos materiales que reflejan su vivencia ¡lo que de verdad importa! plasmada en el manual, las fotografías y los vídeos.

Las empresas-cliente son las dueñas del proceso y las que más saben de su organización: de dónde vienen, dónde están y a dónde se dirigen. Precioso. Mi oficio de facilitadora de procesos de cambio organizacional es precioso aunque en ocasiones se produzcan momentos "disruptivos" en los que el entusiasmo y la conectividad de los participantes me obliguen a subirme en una silla y tocar la campanita para reagruparnos en plenario (momento que recoge la fotografía) para continuar profundizando en el diseño de un futuro deseado e integrador. 
  



La simplicidad es la máxima sofisticación.
Leonardo Da Vinci.