domingo, 20 de marzo de 2016

¿Desaliento? Yo no... ¡gracias!


Los llamados "electrones libres" son una casta que siguiendo su destino crean estelas celestes o marinas que orientan al resto de los mortales en hábitos y costumbres en el vivir y trabajar. 

Los electrones libres también son el ADN de las empresas cuyo modelo organizacional funciona "en red" (cuarto sector) bajo el trazo grueso de la pulsión colaborativa de volar más alto y más lejos desde la complementariedad e interdependencia.

Digamos que siento orgullo de ser un electrón libre cuya osadía propulsa mi carrera como emprendedora bonsái. Sin embargo, de la profundidad reflexiva de un paseo emergen ciertas dudas:

La impronta desafiante que aporto a las empresas ¿excederá la capacidad adaptativa de los profesionales? El uso de tecnología low tech en las formaciones que imparto ¿propiciará -como pretendo- el aprecio de la simplicidad despojando el aprendizaje de innecesarios ornamentos?


Low tech en empresas hiper-tecnológicas...
Forzando el poder de la simplicidad


Dada la situación social, económica, ambiental, ética y demográfica es de locos sentirse feliz, feliz como una lombriz, claim que me acompaña cuando me preguntan: ¿cómo estás, Azucena?

Concluyo por lo tanto que soy un loco electrón libre cuya vida oscila entre la intensidad profesional -vinculada a mi vocación- y el ocio que me otorgo como el valioso elixir de una felicidad al alcance de cualquiera. Pero inquieta ser consciente de la asincronía con la mayoría de los mortales que lloran la desgracia del planeta. No, ¡me niego! No quiero vivir en el yermo claroscuro de los pintores flamencos del siglo XV.  

Además... ¡hay consuelo! y vida más allá del generalizado desaliento al descubrir otros electrones locos y libres que esparcen su filosofía existencial como el polen en un día ventoso. Theodore Zeldin, historiador judío que durante décadas ejerció como decano del St.Anthony College de Oxford, proclama a los cuatro vientos que podemos ser felices si creamos a nuestro alrededor una atmósfera de pequeños placeres cotidianos. ¿La receta?  (al pie de la fotografía)...



Para construir la felicidad se requiere:
sensibilidad, paciencia, cultura y memoria.