domingo, 15 de mayo de 2016

El jardín de las delicias


El silencio sonaba tan alto que resultaba ensordecedor al punto de que dolían los oídos, temprano -esta mañana- en el bosque cuya ubicación protejo de los humanos que erosionamos cuanto tocamos. 

Hace catorce años que transito por mi particular jardín de las delicias en tierra guipuzcoana sin que nunca dos pasos pisen la misma senda.

En este entorno me propongo silenciar la madeja del pensamiento, acompasar la respiración al paso, perderme en la contemplación de la belleza y conectarme con la profunda verdad del hayedo en el que alguna vez escucho la persistencia de un pájaro carpintero. 

También -y a mi manera- venero la línea ancestral en la creencia de que una realidad espiritual nos envuelve de un modo trascendente que escapa a la pequeñez de nuestros pensamientos...




Así que no voy sola porque nunca lo estamos. Tampoco voy sola porque mi pareja reverencia el hayedo y cuando disponemos de un rato preferimos este entorno a cualquier otro.

Las botas, la vara, el chubasquero y el mala traído del Kumano Kodo (Japón) son todo lo que necesitamos para abordar la aventura camino abajo hacia el pantano y camino arriba alejándonos del Añarbe. Pero antes de salir del bosque me he tumbado sobre la hojarasca para hacer una foto a la vida que -ajena al trasiego intelectual de los humanos- se renueva una y otra vez en todo su esplendor.




De este entorno emergen mi fuerza y la inspiración creativa de mi trabajo. Sin la naturaleza vagaría a la deriva de una mente cuya tiranía tiende al empacho de contenidos de manera insaciable: periódicos, vídeos, libros, blogs... esa maraña inabarcable de la que yo misma formo parte. Así que renuncio a leerlo todo porque el mero intento de estar al día de cuanto acontece ¡me agota!




Retomo el paso, la vara y el chubasquero, y me dispongo a silenciar la madeja del pensamiento para conectarme con la verdad del hayedo cuyo silencio duele hasta que oigo al pájaro carpintero... entonces me da por pensar si será cierta la afirmación de los ideólogos de la Teoría U para quienes la calidad de los resultados que obtenemos en nuestro trabajo depende "... del lugar desde el que operamos..." (Otto Scharmer) en cuyo caso la resonancia de mi trabajo proviene de este y otros hayedos que serenan mi mente, renuevan mi alma y hacen posible abordar cada lunes con energía ¡y esperanza!