miércoles, 6 de julio de 2016

El fondo del asunto: ¿Para qué?



Esta mañana he visto muchos peces. El agua estaba transparente, la marea baja, el mar en calma y -aunque el cielo estaba cubierto- he disfrutado mucho del baño en Ondarreta, la playa de mi barrio.

Tejido. Todo está tejido como el jersey que tricotaba en la terraza del Brancas una mujer esta mañana en la mesa situada a la izquierda de mi café y de mi libro.

La semana pasada me encontré con una amiga que después de cuarenta años de despiste existencial recordó que en la infancia me pasaba los veranos junto al río ¡con un libro! Siempre un libro. A ella le parecía una niña aburrida, como seguramente le pareceré una adulta aburrida. O No... ¡quién sabe!

Tejido como un jersey todo forma parte del todo. Por ejemplo Virginia -en la imagen superior- está presente en mí desde que la conocí hace años. Le he leído, seguido, admirado, apreciado, aplaudido y abrazado en algunos cursos siendo las dos alumnas, o ella profesora y yo alumna. En fin, algunas madejas nos contienen y volverán a cruzarse en agosto de 2016 en uno de los cursos de verano que ofrece la Universidad del País Vasco en el Palacio de Miramar. Virginia Imaz y Mariasun Landa facilitarán un taller sobre narración breve ¡una de mis pasiones!




Todo forma parte del todo y yo misma llevo incrustados trocitos de algunos amigos y conocidos, de ciertos gurús, familiares, intelectuales, outsiders y colegas. La segunda imagen ha sido tomada este verano en Formentera por Álvaro Andoin y narra la historia de un pececillo -uno sólo- que nada contracorriente. Lo he buscado sin éxito -seguramente por falta de paciencia-.

Entrecosturas vivimos los humanos -le guste (o no) a nuestro ego-. Hace unos días estaba entrenando a un equipo de enfermeras y auxiliares de una residencia de personas dependientes; a media tarde surgió una polaridad tensional entre la directora y una líder natural (sin cargo). ¿Cuál era el dilema? Bajo la apariencia de establecer "protocolos" en cada intervención con los usuarios (residentes) emergía un iceberg interesante. 

La cuestión a debate era qué hacer cuando una persona mayor rechaza una comida. ¿Obligarle a comérselo? ¿ofrecerle otra cosa? ¿no hacer ni caso? La polaridad se produjo al constatar que una parte del equipo pensaba que la tarea de un auxiliar es ofrecer el alimento y nada más. La otra mitad opinaba que los abuelillos tenían que comer y que si rechazan el plátano había que ofrecerles natillas o yogures.¿Qué les parece?  El iceberg era otro: unos acuden al trabajo para ganarse el pan, "cumplen" con los protocolos ¡y a otra cosa, mariposa! Otros acuden al trabajo inspirados por un propósito trascendente: contribuir al bienestar de los demás con productos o servicios de calidad vinculados al para qué (finalidad última). ¡No es lo mismo!
    


Unos profesionales nadan a favor de la corriente,
algunos en contra. Quizá sea más esforzado... pero empujan
el planeta en otra dirección. ¡Esa es mi esperanza!