jueves, 18 de agosto de 2016

Como no sabían que era imposible ¡lo hicieron!



Con frecuencia la historia repite sus errores ¡también sus enseñanzas! y en la rueda de la vida -acaso de las vidas- nos movemos con mayor o menor torpeza. Pero hay dioses que se alzan sobre el resto de los mortales mostrando el camino del logro excepcional para quienes estén interesados en integrar en su vida la trayectoria de los que nos precedieron: marcas en el camino, que escribió Dag_Hammarsk, Premio Nobel de la Paz en 1961. 

Los atletas vienen siendo un referente para el mundo del liderazgo y la empresa desde que John Whitmore y Timothy Gallwey investigaron a deportistas de élite con el afán de descubrir la clave de los triunfadores. Comenzaron por los tenistas, avanzaron con esquiadores y finalizaron con golfistas para concluir que -en similares condiciones físicas, dietéticas, series de gimnasio, pesas y estiramientos- lo que marcaba la diferencia entre ganadores y perdedores era el "poder de la actitud" al que llamaron "inner game" (*). A mediados de los noventa los éxitos alcanzados por los atletas a los que entrenaban cuidando el "poder de la actitud" fueron espectaculares al punto de despertar el interés del mundo empresarial donde comenzaron a aplicarse las técnicas del coaching ejecutivo y organizacional y el resto... el resto ¡es historia!

La bibliogafía que desarrolla el "poder de la actitud" para el logro de objetivos es casi infinita si bien todos los textos no muestran el mismo rigor en las evidencias que avalan las bondades del "inner game". Pero lo que importa es ¿hasta qué punto podemos aplicar los descubrimientos de la humanidad a nuestro día a día y sus pequeños-grandes desafíos?

Reconozco que todo modelo referencial inspira y en la página 36 de El País de hoy (jueves 18 de agosto de 2016) el periodista Carlos Arribas dedica una página al atleta de 24 años Bruno Hortelano cuyo coach, Adrian Durant, actualiza la vigencia del inner game al afirmar: "El entrenamiento mental ¡es la diferencia!". 



Creer para Crear
La magia del "juego interior"


La historia regresa con las verdades que el envite del tiempo no ha marchitado, y cuarenta años después de las primeras investigaciones realizadas en Estados Unidos por Whitmore y Gallwey hoy renuevo la alegría que me trajo a mi oficio: que las personas crean en su potencial y lo desplieguen, que conozcan sus fortalezas y apalanquen sobre ellas, que sueñen en voz alta movilizando su ser hacia el logro con tesón, persistencia, esfuerzo y fe, esa palabra en desuso que sostiene el giro del planeta. Todo es mente, dice el primer capítulo del Kybalión. Entrenar la mente, poner en marcha el poder de la actitud y ganar la batalla privada (Stephen Covey) que cada uno juega consigo mismo. Finalmente hay un detalle que me importa: abordar los cotidianos desafíos con la lúdica ingenuidad de los niños inspiradora de aquel bello adagio: "... como no sabían que era imposible ¡lo hicieron!...".



 (*) Inner game = Juego interior.