lunes, 1 de agosto de 2016

El optimismo ciego


El bosque de lluvia y niebla me ha hecho recordar esta mañana el desconcierto que me producen dos mecanismos que utilizamos los humanos obviando su efecto devastador. 

Me refiero al "mecanismo de la negación" y al "optimismo ciego" que se manifestaron la semana pasada en dos sesiones consecutivas de coaching directivo, lo que me hizo caer en la cuenta (con especial intensidad) del riesgo de sus consecuencias.



Negar la evidencia es arriesgado


Como la niña de fotografía algunos adultos se tapan los ojos para no ver lo que les desagrada: la estadística de un sector, las quince negativas de las entidades bancarias al crédito que nos permitiría exportar, la obviedad de que llevamos dieciocho meses en paro, la merma del ebitda o el ratio de viabilidad de un un negocio. La "negación" resulta intelectualmente inaceptable y nos sitúa al borde del precipicio. 

Ante mi feedback el cliente llegó a repetir: ¡es que no quiero saberlo! ¡no quiero escucharlo! y ¡no quiero tenerlo en cuenta! pero ¡claro! estábamos hablando de pura estadística...




¿Qué razones hay para que no quieras escuchar la realidad? -le pregunté-. Entonces se refirió al "optimismo ilimitado" con el que desea afrontar su existencia. El optimismo está bien siempre que no sea ciego, sordo e irracional porque entonces se convierte en pura frivolidad toda vez que negar la existencia del mar no hará que desaparezca.

Además, el optimismo irracional nos aleja de nuestros sueños ya que perjudica la planificación de acciones realistas que nos permitirían avanzar. 

Al cierre de la sesión de coaching el directivo y yo alcanzamos el consenso: reflexionaría sobre la totalidad de datos que teníamos sobre la mesa, los analizaría con sensatez-madurez aceptando lo que no puede ser cambiado y cambiando lo que sí puede serlo (con valentía, fuerza, coraje y persistencia). Finalmente le animé a que afinase la consciencia que le permitiría distinguir lo que puede /no puede cambiar. Salió del despacho enfurruñado. Confío en que volverá con algunas evidencias digeridas -sean o no de su agrado- y sobre ellas nos pondremos afanosamente a trabajar.