domingo, 9 de octubre de 2016

Re-Pensar las Prioridades



Pocas personas ponen en el centro de su actividad profesional la lucha contra la desigualdad con la determinación que lo hace la economista francesa Esther Duflo -profesora del MIT- galardonada entre otros con el Premio Princesa de Asturias.

Muchos somos, sin embargo, los que de una manera soterrada ponemos nuestro oficio al servicio de la igualdad. Igualdad de poder, de información, de relación, de salario, de competencias y habilidades. El maridaje con nuestro oficio de "agentes del cambio" resta precisión a la lucha pero -por contra- llega a lugares que de otro modo no alcanzaríamos: las fábricas y los despachos.




El deseo de acabar con la desigualdad debiera ser la máxima prioridad junto con el deterioro del planeta. Dos gritos sepultados bajo un sinfín de vanalidades.

Hija de matemático y pediatra Esther Duflo impulsa una metodología que pone de manifiesto las relaciones causales de la economía -sobre todo de la pobreza-. ¡El origen de lo que acontece! Pocas veces los profesionales de primer nivel profundizan en las causas porque les confronta con la dolorosa verdad de nuestro mundo -lo que les amarga el croissant de la mañana-.



Cuando la desigualdad alcanza abismos 
resulta anti-ética.



Otra mujer, Cristina Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), reconoce que la institución no nació para abordar la desigualdad. Sin embargo, en 2016 lo plantea como un tema prioritario ¿por qué? ¡no seamos ingenuos! el FMI contempla con inquietud la desigualdad porque lastra el crecimiento -base del sistema capitalista- y porque mina la estabilidad -necesaria a su vez para el crecimiento-.

Ante lo que acontece importa reflexionar sobre lo que es causa y lo que es efecto, y proponerse corregir con valentía el origen de los desafíos porque cuando la desigualdad alcanza abismos feroces es obscena y anti-ética.