domingo, 18 de diciembre de 2016

Trabajadores Libres ¡Trabajadores Eficaces!


En mi casa la cena navideña era espectacular: la mesa realmente elegante, el arbolito dorado y blanco con sus lucecitas parpadeantes, los adornos pintados de purpurina que preparaba cada año la prima Marisa y la sopa de pescado ¡ay aquella sopa de pescado! También recuerdo las postales colgadas de una coqueta cuerda, las zapatillas (de todos los tamaños), la fuente de los dulces y la calefacción caldeando cada estancia: sólo había que llegar, sentarse a la mesa, conversar y disfrutar de lo que alguien había comprado, cocinado, servido y un largo etc. que no he apreciado en su justa medida hasta que me ha tocado ser la anfitriona.




El paso de hija-invitada a madre-anfitriona es un cambio sustancial en el que se trastoca el equilibrio entre el recibir mucho -siendo hija- y dar mucho -siendo madre-. Supongo que en su conjunto las cosas adquieren una dimensión armónica de generación en generación fortaleciendo la línea ancestral.

Espero la visita de varios familiares entre los que se encuentran mi hija y su pareja (que viven en Londres) así que preparo sábanas coquetas, plancho manteles de lino y adorno rincones con mi estilo naif. También libero algunas perchas, hago sitio en los armarios, compro bebidas inusuales y turrones inusuales, repongo copas de champagne y escondo los regalos sobre uno de los armarios -como hacían mis padres con los obsequios de los reyes magos-. Me veo y les veo aunque ya no están y -en mi obsesión por el mundo empresarial- me da por coquetear con la idea de que las personas -en los trabajos- también hemos de coger el testigo de quienes nos precedieron en responsabilidad, conocimiento, experiencia o riesgo al poner en marcha una empresa empeñando bienes personales, tiempo, esfuerzo y sueños que a veces salen mal ¡y se van al traste! y a veces salen bien y pueden contratar a otras personas.



Crecer. Madurar. Dar. Recibir. Libertad. Responsabilidad. Obedecer. Mandar. Binomios que se hacen realidad algunas veces mostrando el camino a las "organizaciones que aprenden" y desarrollan proyectos, productos y personas.

En medio del trajín pre-navideño estudio la prensa económica y descubro un "caso de éxito" que alienta mis desvelos: la compañía finlandesa Vincit -propiedad de Mikko Kuitunen, con 300 trabajadores, sede en Helsinki y delegación en Palo Alto (Estados Unidos)- no tiene horarios, no tiene jefes y no despide.

Cierro el 2016 con esperanzado optimismo basado en evidencias: Vincit, galardonada como la mejor empresa europea para trabajar según un estudio del Instituto Great Place to Work (elaborado entre 2.250 compañías del viejo continente) ¡es una realidad! que alimenta el sueño de tantos "innovadores sociales" que apostamos por llevar "vida" a las empresas, por creer en las personas y por compartir con Mikko Kuitunen la certeza de que: "... Cuanto más libre se vea un trabajador, más responsable se siente y, por lo tanto, mejor trabaja...". Cojo carrerilla y me dirijo animosamente hacia el 2017...