lunes, 22 de mayo de 2017

La vocación necesita ¡un lugar!


De vez en cuando me adentro en el hayedo, alcanzo una roca plana -cuyo musgo hoy estaba seco-, me siento y reflexiono sobre algunos aspectos de mi vida que se repiten mostrando patrones de comportamiento que mi torpeza no logra superar.




Con la fuerza de una cepa bacteriana resistente al antibiótico, las fases turbulentas de mi vida tienen algo que ver con dos aspectos: el ego o el desapego, dos asuntos a los que el budismo dedica muchos párrafos de su mejor literatura. Desde hace cuatro décadas brego en la materia con estos impostores y -aunque debilitados- aparecen una y otra vez envueltos en variopintos disfraces que no ocultan sus insaciables fauces de lujuria.

Ahora la vida me vuelve a confrontar con el apego a las cosas materiales que he acumulado en el despacho de San Sebastián durante los últimos doce años. Como casi siempre, hay un pretexto mundano y una intención soterrada del destino ¡que es lo que importa y hay que escuchar! El pretexto es que el casero quiere darle otro uso a mi oficina y me invita a finalizar nuestra relación contractual. La intención soterrada del destino aún está por descubrir mientras me deshago de la mayor parte de mis pertenencias: libros, plantas, cuadernos, artilugios de oficina, alfombras, mesas, sillas... un arsenal de propiedades que me acompañan desde hace años y pesan al transportarlas, al conectar con sus representaciones simbólicas, y al bajarlas a la calle para que alguien pueda aprovecharlas.

Aunque al principio la noticia me desconcertó, ahora siento la energía chispeante de un nuevo comienzo en el río de la vida que no hay que empujar porque fluye solo (Gestalt).




Solo he tenido un ataque de nostalgia al desprenderme de mi "bosque urbano", un ejército de plantas que han crecido conmigo (junto a mi) y que en los momentos de estrés me han sanado ofreciendo su incondicional ternura. Al menos he podido "salvar" los árboles grandes que se llevará un amigo al caserío: el acebo, el laurel, el olivo...

Estoy en tránsito, practico el desapego, noto mi resistencia a soltar, a dejar marchar, y me acuerdo de una de las lecciones de Sir John Whitmore: en circunstancias adversas, por ejemplo en una empinada pista de esquí con placas de hielo, tienes dos opciones. La primera, sentir pánico y aferrarte con rigidez a los cantos de los esquíes. La segunda, confiar en tu capacidad, respirar, soltar la rigidez, volver a confiar y fluir en conexión con el entorno. En la montaña y en la vida, las posibilidades de que las cosas salgan bien pasan por confiar, fluir y ser uno con el cambio. ¡Ese es el desafío!


jueves, 18 de mayo de 2017

¿Cuál es la competencia clave de liderazgo?



Este año estoy haciendo un maratón de proyectos. La intensidad de la experiencia es tal que apenas puedo digerir-integrar una cuando comienzo otra que termina y da paso a una tercera. El equipo de marketing  que habita en el celeste no descansa, y me lanza proyectos como granos de arroz a los novios: caen sobre mí esponjosos, blancos y bellos aunque ¡abrumadores!

Desde el año 2002 trabajo por el boca-oreja, es decir: por la recomendación de mis clientes a sus familiares, amigos y conocidos. Esta semana tengo un caso especial: Adela -que viene desde Vitoria y es la tía de uno de los empresarios con los que trabajo desde el año 2010-. La "tía Adela" es uno de esos personajes entrañables que los clientes traen al despacho en la confianza de que podré (y sabré) comprender sus desafíos profesionales. ¡Qué responsabilidad!

Adela ha sido una excepción en una semana donde han primado los equipos. En dos ocasiones me he desplazado a la Armeria Eskola de Éibar (Guipúzcoa) para impartir formación a una docena de directores de centros de formación profesional del País Vasco -unos profesionales cuya vocación de apoyo-ayuda a los jóvenes del territorio pudiera conmover al firmamento-.




Trabajar con ellos en el aula 222 con unos púpitres que recuerdan mi colegio de monjas ha sido una experiencia deliciosa por su aptitud (conocimientos) y actitud: curiosa, inquieta, participativa y juguetona. En la fotografía practican la escucha empática, las preguntas abiertas y la mejora de competencias relacionadas con el liderazgo. Es curioso que una y otra vez la comunicación despunte como la competencia clave del liderazgo. 




La comunicación es el vehículo de socialización humana, es el soporte que une o aleja a las personas, y es incuestionable para ejercer la influencia.

Claro que cabe preguntarse ¿qué es comunicación? Los radicales afirman que comunicación es "lo que el otro entiende". Los teóricos del management del siglo XXI  afirman que el 90% de las dificultades empresariales tienen que ver con la comunicación, y hasta mi amigo Álvaro González Alorda ha escrito un libro titulado The talking manager. Finalmente conviene recordar lo que descubrió el investigador Albert Mehrabian: que el 55% de la comunicación es gestual,  el 38% tonal y tan sólo un 7% verbal.

Afortunamente la mejora de la comunicación es algo que se entrena y que impulsa la carrera profesional de cualquier persona que no renuncie a la excelencia. ¡Sigamos pedaleando!
  

domingo, 14 de mayo de 2017

El binomio auto-respeto / asertividad



Será una coincidencia de la que no merece la pena extraer conclusiones precipitadas, pero en los últimos meses varios de los proyectos en los que trabajo incluyen el fortalecimiento de competencias de comunicación vinculadas a la asertividad.

En 2017 existen numerosos libros que profundizan en el tema. Sin embargo, no era así hace una década cuando Olga Castanyer publicó el superventas titulado: Asertividad, expresión de una sana autoestima, del que he regalado numerosos ejemplares como soporte referencial al trabajo con personas a las que les cuesta poner límites, defender sus derechos, expresar discrepancias, necesidades o deseos y -sobre todo- decir ¡no!

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La práctica de la asertividad es una pared de doble uso: separa y protege; y el arte consiste en explorar sin miedo cómo funciona en la vida real. El ejercicio de la asertividad nos separa de aquello que no deseamos que nos invada, contamine, aplaste o fagocite, al mismo tiempo que protege el dulce caparazón de la identidad que conoce sus necesidades, principios, sueños, energía y tiempo. ¡Tiempo! ya saben... ese oro líquido del que está hecha la vida.

Es un tema apasionante que -en mi experiencia- ofrece resultados espectaculares cuando se integra como una práctica cotidiana, se pierde el miedo a los efectos colaterales no deseados, se hace acopio de coraje, y se toma la decisión de querernos a nosotros mismos tanto como a los demás y de escuchar las necesidades propias tanto como las ajenas. En una palabra: cuando ganamos en auto-respeto cogemos carrerilla para formular en voz alta aquello que pensamos-queremos-necesitamos o discrepamos con independencia de lo que diga la mayoría dominante, lo que a veces tiene un coste -aunque no tan alto como renunciar a ser quien eres-.


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Esta semana el devenir de mis tareas me ha confrontado con varias paredes de asertividad. Algunas me han protegido, otras me han aislado, varias han resultado inocuas, y un par de ellas pueden hacer zozobrar un proyecto. Pero persisto en el auto-respeto para no diluirme como un azucarillo en el café, y defiendo mis principios aun cuando soy consciente de que pueden ser erróneos. Finalmente me reconforta leer El País donde la actriz Adriana Ozores dice que ha construido su carrera -sobre todo- a base de la practica reiterada del ¡no!



viernes, 12 de mayo de 2017

Vocación y Gratuidad ¡no es lo mismo!



Un hombre al que conocí hace tres años me escribe solicitando mi ayuda profesional. Afortunadamente le recuerdo bien: fuerte, joven, elegante y al frente del departamento de recursos humanos de una gran corporación. También lo percibí un poco arrogante, casi chulesco.

Pero me escribe solicitando apoyo profesional y rauda como el viento le facilito las coordenadas de un primer encuentro en el despacho de San Sebastián. Narra que le han despedido de manera fulminante sin haber tenido tiempo de preparar un plan B. Le priorizo en mi agenda al entender que desea encauzar su carrera cuanto antes. Acordamos una fecha, una hora, y le avanzo el coste de un encuentro de trabajo. Entonces el hombre joven, fuerte, ex directivo y un poco arrogante me dice que al escribirme estaba planteando una "relación desinteresada".


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Desinteresada ¿para quien? porque su interés en mi conocimiento experto, contactos profesionales, apoyo, aliento, consejos y revisión de su currículum vitae no parecen ciertamente desinteresados aunque... quizá hay algún aspecto que se me escapa... ?!

En su airado email postponiendo sine die nuestro encuentro me dice que pensaba que mi trabajo era "vocacional" y entonces salta el tigrecillo que me habita. ¡Claro que mi oficio es vocacional! como el pediatra, el dentista, el osteopata o el profesor... Vocación de apoyar, alentar, contribuir, acompañar... pero ¿quién dijo que vocación y gratuidad sean lo mismo? Una cosa es trabajar solo por dinero. Otra trabajar sin poner en la ecuación el dinero, un lujo que un autónomo no se puede permitir porque desaparece del mercado en treinta segundos.

Me ha enfadado un poco, la verdad. Y me ha parecido un abuso porque este hombre tiene paro, familia adinerada, poderosos amigos, ahorros y una pareja con un cargo directivo. Es cierto que yo practico el diezmo y trabajo un 10% de mi tiempo con personas que precisan apoyo y no pueden remunerarme pero... ¡¡éste no era el caso!!  En fin, le deseo lo mejor y me permito recordar que vocación y gratuidad no son sinónimos porque ni hacienda, ni la seguridad social, ni mi casero aceptan el pago con moneda vocacional.


domingo, 7 de mayo de 2017

Monchito y los Pegamoides


Somos sosos como la calabaza. Mi pareja y yo somos sosos hasta que nos vence el cansancio y comenzamos a reírnos el uno del otro, el otro del uno, y los dos de cualquier cosa. Por ejemplo, cuando llevábamos diez kilómetros de caminata, en una zona recóndita del bosque, a mi compañero le ha dado por decir que bajo las hayas viven Monchito y los Pegamoides, y esa broma tontorrona nos ha hecho trastear de risa un buen tramo del camino de vuelta a casa.



Los directivos que pasan tiempo con su plantilla
se ganan la confianza de los equipos
y toman mejores decisiones de negocio.



Pero esa expresión no es nuestra, sino del director general de una planta industrial del sector de la automoción donde entreno a algunos de sus responsables. 

La escuché por primera vez cuando quise bajar a los talleres para husmear el almacén, observar los paneles de planificación, descubrir la manera de producir accesorios ornamentales para vehículos de lujo, y contar decenas de moldes para la elaboración de sofisticadas piezas. ¡Ah! ¿Quieres ver como funcionan Monchito y los Pegamoides? - me dijo en tono socarrón el directivo cuando le pedí permiso para visitar la fábrica con mi chaleco fosforito, mis zapatos de seguridad y mi casco-. Después lo conté en casa y se ha quedado como parte del acervo de bromas que compartimos.

Monchito y los Pegamoides son los trabajadores de cualquier industria y sector que sacan adelante productos o servicios, los que están "en el barro".

No se me alcanza cómo conocer la realidad de una fábrica sin recorrer los talleres, las máquinas y hasta la sala de café de los operarios. Tampoco se me ocurre cómo descubrir los entresijos de una organización si permaneces sólo en la "zona de moquetas", es decir, en la planta noble que acoge los despachos de amplios ventanales de los principales directivos...

En mi caso no tiene mucho mérito bajar "al barro" porque tanto en el monte como en la fábrica me apasiona descubrir cosas nuevas, pero  además estoy convencida de que el "mal de altura" que aqueja a muchos directivos les priva de información relevante para tomar decisiones por dos razones: la primera, por lo que podrían descubrir por sí mismos; y la segunda, porque son precisamente Monchito y los Pegamoides los que conocen la complejidad-profundidad y los entresijos del negocio.

Como decía el general Eisenhower: "... Un oficial no debe nunca rehuir el deber de presentarse ante sus hombres, de hablar y de alternar con ellos...". 

jueves, 4 de mayo de 2017

Whitmore ¡un maestro inspirador!


Cuando murió mi padre no lloré. Tampoco lo haré ahora que ha muerto un referente profesional al que considero mi mentor de cabecera, Sir John Whitmore.

A los dos les gustaban los pantalones de pana gruesa -quizá porque eran delgaditos-, ambos tenían siempre una sonrisa amable en el filo de la boca y eran grandes escuchadores -al igual que mi pareja- que cierra el trío de personas relevantes de mi vida que comparten el arte conversar como una manera de construir relaciones y proyectos.


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Conocí a Sir John Whitmore en el año 2002 -cuando ya no competía como piloto en el circuito de Le Mans- y volcaba la totalidad de su tiempo, talento y energía en promover el cambio global, si bien se centraba en Europa con mayor intensidad. Tanto él como su amigo Timothy Gallwey fueron pioneros del coaching empresarial a mediados de los años ochenta, cuando esta emergente profesión no existía salvo en entornos deportivos de los que provenían.

Como todo líder visionario John Whitmore (*) supo intuir el poder revolucionario del coaching para transformar personas, equipos y organizaciones, lo que hizo con gran éxito los últimos treinta años de su vida. 

Recuerdo con cariño una de las conversaciones con John Whitmore en el jardín de su casa: "... Azucena, ¡no hay tiempo! ¡corre! entrena a líderes del máximo nivel que puedan propiciar cambios relevantes en el mundo...". Entonces me asusté y reconocí no sentirme preparada para semejante responsabilidad. Después me he acordado muchas veces de John -con quien intercambiaba correos electrónicos, y al que pedía consejo sobre temas espinosos de nuestra profesión-. Hace un par de años le conté que ya me atrevía con las "vacas sagradas" de las organizaciones, con los Ceos puercoespín (un chiste que compartíamos) y con algunos comités de dirección correosos y esquivos. John se alegró mucho y me pidió que fuese brave (valiente) y en esas estoy. Aunque... ahora que se ha ido me siento más sola.


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La noticia de la muerte de Sir John Whitmore me llega a través del CEO de Performance Consultant International (con sede en Londres), David Brown, quien al expresarle mis condolencias me dice que la noticia es: "...Sad and joyous Azucena -he really lived and loved- (triste y gozosa, Azucena -él realmente vivió y amó-...").


(*) Sir John Whitmore pertenecía a la ICF, International Coaching Federation, con sede central en USA.


lunes, 1 de mayo de 2017

El origen de toda creatividad



Mucho he oído a mis maestros sobre la "fragmentación" entendida como insana separación de lo que es un solo "sistema". En el caso de los humanos la fragmentación entre cuerpo, mente y espíritu. Como siempre, de la comprensión a la integración ¡hay un trecho! que conviene hacer en solitario por desfiladeros en los que el murmullo del río ¡hipnotiza!




Vivir en la mente nos debilita porque solo es uno de los fragmentos de nuestro ser. El cuerpo  el gran olvidado. Y el alma... la desaparecida en el combate del siglo XXI.

Reconozco ganarme el pan con el sudor de mi frente-mente ya que contratan mi conocimiento y experiencia, así que pongo empeño sin escatimar esfuerzos que con frecuencia exceden la fuerza de mis canas. Esta imprudencia provoca que (de vez en cuando -y sin que nadie se de cuenta-) me colapse por saturación en el sistema mental, que agota el sistema físico y languidece el alma como en un juego de naipes. Cuando ocurre, me concedo el lujo del tiempo, y me "pierdo" en la naturaleza para "encontrarme" a mi misma como una totalidad no fragmentada. Entonces resueno con algo más grande que yo. ¿Qué es? ¿Cómo lo percibo?


 


Por el pedregoso desfiladero viajan conmigo los maestros cuya tradición propone la existencia de dos mentes: la pequeña mente racional y consciente (que utilizo hasta la extenuación en mi vida y trabajo cotidianos) y la gran mente (intuitiva e inconsciente) que todo lo integra: los pájaros, el río, los chopos -hoy asustados al soplar el vendaval- así como mi mente, cuerpo y alma que (en este entorno) alcanzan una felicidad no explicable con palabras.

La práctica de la integración de las partes fragmentadas aporta fuerza, lucidez, creatividad, chispa, alegría y hasta soluciones a dilemas de la vida y los negocios que hubieran sido inalcanzables desde la pequeña mente racional. Todo lo que mis clientes encuentran valioso de mi trabajo sale de aquí: de la fusión con el murmullo manso del río y la persistencia del pájaro carpintero. Sin esta verdad rotunda mi pequeña mente se habría secado como una pasa hace mucho tiempo y no tendría nada fresco que aportar.



jueves, 27 de abril de 2017

Trufas de Vanidad



He templado el sable durante dos horas, recomendación de prudencia de los samuráis (guerreros japoneses) antes de cortar una cabeza.  Además he cenado en la terraza de casa, tan ricamente, contemplando las florecillas. Creo que ya he templado el sable del mar humor que me ha generado el show de Eurogap hoy en el palacio de congresos y auditorio Kursaal de San Sebastián entorno a la figura de Pilar Jericó.

El ratio de bolsos de marca por metro cuadrado era elevado. El de trajes y corbatas también. Eran todos los que estaban, aunque no estaban todos los que eran.




Casi quinientas personas entre políticos del máximo rango, representantes del empresariado guipuzcoano, periodistas, directores de entidades bancarias, consultores, socios de agencias de publicidad... media Guipúzcoa instalada en el palacio de congresos asistiendo a una venta descarada de marcas (Bodegas Olarra, Giroa-Veolia y Eurogap). Lo único vivo del show muerto ha sido el discurso de Javier Roquero, líder de Salto Systems quien -al recoger el premio que le han otorgado- ha puesto una nota de fluidez verbal, contenido temático, frescura y humanismo que ningún otro ponente ha llegado a rozar.




El Diputado General de Guipúzcoa ha confesado que estaba sobre el estrado para "vender su folleto" -entregado a los asistentes con el resto de la documentación-. Pilar Jericó ha confesado que estaba sobre el escenario para promocionar su empresa y su último libro. Enrique Larumbe ha informado sin rubor que le interesaba proyectar la marca de su empresa. Pero los asistentes no hemos ido a comprar nada, sino a escuchar algún concepto útil-sensato sobre "La construcción de valor en la empresa a través de la determinación" (título de la charla).

He resistido cuarenta minutos, me he lanzado el abrigo sobre los hombros y he salido del Kursaal con mal sabor de boca. ¿Por qué? Por la oportunidad fallida de llenar de contenido la sala repleta de "decisores" empresariales, políticos, sociales y económicos. Son tantos los que se han quedado hasta el final que no pueden estar equivocados. Sin duda me falla el prisma, el ángulo, la mirada. Decididamente ¡he de hacerme una revisión ocular!



domingo, 23 de abril de 2017

Trascender polaridades y ¡avanzar! Teoría U.



El enfoque binario tiene fuerza, e igual que un imán trata de arrastrarnos hacia uno de los dos polos: blanco/ negro, hombre/ mujer, presencia/ ausencia, cero/ uno, pasado/ futuro, adaptativo/ intencional, nacer/ morir, cambio/ permanencia... El enfoque binario tiene ¡tanta fuerza! que propicia dictaduras, revoluciones y cruzadas en las que las certezas de unos aplastan las verdades de otros cuando -en realidad- las necesitamos todas.

Las dicotomías son deficientes e incompletas y la historia está cuajada de ejemplos de sufrimiento innecesario provocado por esa miopía. ¿Cómo facilitar la evolución de los humanos?




Por cuarto año consecutivo he pasado unos días trabajando el cambio organizacional de una entidad perteneciente al cuarto sector en la que algunas tendencias se mantienen y otras cambian. Sabido es que la virulencia de las "fuerzas del cambio" excita la reactividad de las "fuerzas de la permanencia", y en esta ocasión ambas se han mostrado con descaro poniendo en evidencia la lucha fratricida de unas pulsiones que no pueden (o no quieren) comprender lo que explicó Darwin hace ya mucho tiempo: "... para que un sistema sobreviva es imprescindible que algunas cosas permanezcan ¡y otras cambien!".

Siguiendo la metodología de la Teoría U (Otto Scharmer, Peter Senge, Arawana Hayashi) del MIT-USA, hemos descendido hasta dejar marchar todo lo que lastra la organización. Los grupos de trabajo también han atrapado el ADN de la entidad de manera que han conectado con su esencia. Finalmente el plenario ha avanzado hasta un conjunto de propuestas de futuro a partir del prototipo creado durante mi estancia y que tutelará un "equipo tractor" compuesto por seis voluntarios de diverso nivel jerárquico.


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¡Es impresionante ver en acción las fuerzas del cambio y la permanencia a través de las personas! Resulta abrumador comprender cuánto potencial se encuentra atrapado en las "ideas limitantes", las certezas irracionales, las tradiciones no revisadas y -sobre todo- en el miedo a perder el control, a ser excluido, a fracasar, a no ser querido... Miedo a perder poder e influencia. ¡Miedo!

Estoy muy contenta del trabajo realizado por los equipos de "reflexión para la acción" y de haber alcanzado el compromiso de un grupo de personas que lo llevarán a la vida para crear un futuro esperanzado, esencia de la Teoría U que aprecio al desplegarla en las empresas -donde adquiere profundidad y sentido-.

El enfoque binario tiene fuerza. Sin embargo, las dicotomías que plantea son primitivas e incompletas desde un punto de vista evolutivo. Propongo detectar y preservar la esencia de las organizaciones, estando dispuestos a modificar todo lo demás para explorar (y disfrutar) el máximo potencial.



miércoles, 12 de abril de 2017

Una extenuante y bella vocación.



Mi trabajo es duro. También bello. Siempre interesante hasta la extenuación. Llevo quince años en ello con una intensidad de kamikaze -sustantivo cariñoso que me otorga uno de mis mentores-. Lo quiero como a un amante y atiendo con devoción todo lo que me pide: tiempo, atención, mimo, energía, detalles, centramiento, dedicación y esfuerzo.

Bailo con mi oficio y me acompaso a sus necesidades que -como un perro de presa- persigue el objetivo del cliente hasta la frontera de la cordura y más allá. Vale que acompaño. Claro que apoyo. Y pregunto y sostengo y escucho, escucho, escucho.




Mi oficio consiste en hacerme a un lado y vaciar mi cabeza por completo para estar al servicio del cliente. Orillar mis temas me resulta extremadamente fácil y -desde ese vacío- la esponja de mi mente absorbe los matices, el tono, el dolor, la felicidad, los sueños, los fracasos, las necesidades, los nacimientos, las muertes, los divorcios, la apertura y cierre de negocios, la expansión y la contracción de las empresas... Lo absorbo todo y es un ajetreo enorme que a veces satura mi mente en la que las neuronas flotan como corchitos. 




Suele ocurrir cuando llevo muchas horas trabajando, muchos días consecutivos, en distintas ciudades, con poco o nulo margen de descanso. En esas circunstancias la cabeza me pesa mucho, tanto que quisiera desenroscarla y dejarla casi en cualquier lugar ¡encima de la mesa del despacho, por ejemplo! pero no lo hago, sigo con la tarea -hasta que termino- y entonces ¡me voy a casa!

Este mediodía estaba "fundida" y la situación ha sido más o menos como la cuento, así que después de comer he tomado algunas decisiones y me he puesto en marcha: he dado un paseo de 30 minutos por el parque que hay junto a mi casa; he pisado un montón de margaritas; he coqueteado con el sol y respirado con tranquilidad; me he tomado un cortado en la degustación del barrio, he visitado la biblioteca y ojeado unas revistas... Cabeza vacía. ¡Como nueva! Vuelvo a colocarla en su sitio y retomo el paso...



jueves, 6 de abril de 2017

Entrenar al sucesor ¡clave de sostenibilidad!



Estoy muy contenta por tres razones. La primera, porque una semilla de haya del bosque de Listorreta (Guipúzcoa) ha agarrado y emerge en una de las macetas grandes de la terraza. La segunda, porque en tres minutos he completado los ochos errores del comic del periódico. Y la tercera, porque mi oficio se confirma de utilidad para las empresas, según los expertos juristas de Elkargi.




En el salón Aranzadi de la Universidad de Deusto -presidido por el busto que aparece en la fotografía- Mikel Alberdi ha compartido sus conocimientos y experiencia en procesos de sucesión en la empresa familiar. Al acto han acudido una treintena de personas, la mitad de las cuales tenían más de sesenta años (como cabía esperar).

Las empresas familiares son el 89% del tejido industrial español y la comunidad autónoma vasca registra un porcentaje similar. De ellas, el 45% están gestionadas por la primera generación (socios fundadores), un porcentaje casi idéntico son lideradas por la segunda generación, y tan solo un 7,4% de las empresas familiares sobreviven hasta la tercera. ¿Qué ocurre exactamente para que la mortandad de las empresas familiares sea mayor que la de hayas en maceta?

Las razones son numerosas y complejas, pero hay dos que se manifiestan como relevantes y competen a mi oficio. La primera: la transformación del líder orquesta (miembro fundador) en un equipo funcional o -si lo prefieren- eficiente. La segunda: la necesidad de entrenar al sucesor del líder carismático que -según la experiencia del experto y la mía propia- suele carecer de muchas de sus competencias, habilidades, e incluso triquiñuelas aprendidas por el fundador en la "escuela de la vida". 




Ambas dificultades se pueden solventar con la contratación de un coach profesional senior (experimentado) que -respetando la cultura de la empresa- entrene al sucesor en aquellas competencias esenciales para liderar al compás del mercado, las tendencias e incluso la legislación. Entrenar se convierte en la piedra filosofal para una transferencia fluida del primer directivo de la compañía a su sucesor.

Por otro lado, la creación de un equipo directivo entrenado por un coach de negocio es una garantía al aportar método y experiencia para aunar el talento y las formaciones diversas, los caracteres diferenciados y la variedad generacional. Entrenar al equipo directivo se revela como esencial en las empresas contemporáneas y resulta aún más necesario en las empresas familiares cuya emocionalidad es compleja.

Para terminar, los juristas recomiendan a los propietarios de empresas familiares que realicen un proceso de sucesión, que no improvisen, que redacten un protocolo familiar (sobre todo si hay más de un hijo) y que investiguen la Nueva Ley Civil Vasca -mucho más flexible que la anterior-.

(*) Mi amiga Begoña Etxebarria -directora de la Fundación Novia Salcedo- aporta un enlace de interés sobre tema de este post: Fundación Antonio Aranzabal.


martes, 4 de abril de 2017

Vidas Experimentales


Toda la mañana en Southwark (London), el área en la que la concentración de arte por metro cuadrado es muy alta junto a Támesis. El frontal de la Tate Gallery me parece adusto, así que hago una fotografía de las casas que hay frente a la sede de numerosas obras de Dalí, Picasso, Matisse y Warhol, entre otros.



Mi interés por Southwark emerge de mi pasión por la acuarela, así que he ido a la zona este de la ciudad para conectar con la Royal Watercolour Society y disfrutar de casi un centenar de cuadros de diferentes artistas integrados en la exhibición de primavera. Escondida en un recodo junto al río -y muy cerca del Teatro de Shakespeare-, la Royal Watercolour Society alberga una pequeña librería donde compro un delicioso librito ilustrado que orientará algunos de mis esfuerzos con la pintura al agua.  Pido permiso y hago una fotografía a una acuarela que me fascina...



Después tomo un bote de regreso a casa y viajo por menos de tres libras gracias a mi Oyster (la tarjeta que permite moverse cómodamente por Londres utilizando todo tipo de transporte). Cojo el bote en Swan Lane Pier y me bajo Charing Cross Pier tras haber disfrutado de unas vistas fabulosas...



Finalmente llego a casa. El primer piso es el del piano -porque viven y trabajan dos músicos profesionales-; el segundo piso es de una pintora cuya casa parece un museo porque hace obras de gran formato y apenas le quedan paredes para exponer. El tercer (y último) piso es el nuestro.

La verdadera aventura comienza en la fiesta que nos ofrecen los vecinos llena de complicidad, descubrimiento mutuo y risas británicas sobre tres idiomas originales diferentes: francés, iraní y español ¡una auténtica Torre de Babel! 

No sé cómo ni porqué acabamos hablando de trabajo, salarios y vocación y -entre todos- tratamos de alcanzar cierto consenso entre la búsqueda de los sueños (satisfacción plena y desarrollo del potencial) y la necesidad de ganar un sustento que haga posible pagar una casa en un barrio bonito de Londres, alimentarse y costear la tarjeta Oyster. Está claro que vivimos en un inmueble de artistas ¿casualidad? ¿causalidad? desde luego al instalarnos desconocíamos a los vecinos así que resulta difícil saber si la vida está enviando algún mensaje secreto en una botella. ?!

Sea como fuere, bebemos un poco de champagne y charlamos durante tres horas en las que la pintora explica que ejerció durante veinte años como médico especializado en psiquiatría infantil y dimitió para dedicarse a lo que le hace feliz ¡pintar! La profesora francesa de piano fue periodista de la BBC durante una década. En la actualidad se dedica en exclusiva a compartir con niños y adultos su enorme pasión por el impacto liberador de la música. Después me preguntan por mi historia y les cuento que ejercí veinte años como periodista de informativos en RTVE y que en 2002 me reciclé como coach de negocios -a lo que me dedico-. Me preguntan si soy feliz y contesto con radical honestidad que ¡me apasiona!

Nos despedimos hacia las once de la noche con la sensación de haber tenido una conversación de calidad -en un idioma que ninguno de los seis tenemos como lengua materna- y haber contrastado nuestro pasado diferente y de alguna manera similiar como humanos experimentales al frente de vidas experimentales. Al día siguiente voy a Kew Gardens, un lugar que nunca acabas de conocer. Allí alimento mi pasión por la naturaleza y ¡mi propia alma!




jueves, 30 de marzo de 2017

La cercana desolación


El día ha fluido como una dulce y aromática crema pastelera: por la mañana he trabajado con personas. Al mediodía he dado un quiebro a mi agenda para comer en casa y pasear por la playa dejando atrás la lista de tareas pendientes. Me he tomado el respiro que algunos profesionales llaman "kit-kat" y otros -como Sylvia, una directiva de Barcelona a la que entreno- denominan "my moment".

Día aromático y fluido hasta que me he encontrado con un amigo al que no veía hace tiempo. Yo venía de tomar un cafecito en la terraza del tenis de Ondarreta -donde he terminado de leer A Mind for Business, de Andy Gibson-; él estaba sentado en un banco mirando al mar. Iba bien vestido, e incluso llevaba algún accesorio de calidad -como unas gafas ray band-, pero nada más saludarle me he dado cuenta de que pasaba algo que después él ha nombrado como... ¡desolación! 


La imagen puede contener: cielo, exterior y naturaleza


Me ha pedido trabajo. Lleva cuatro años subsistiendo a base de quemar patrimonio, realizar encargos temporales, hacer sustituciones, perder poder adquisitivo, formarse, actualizar su currículum, pasar infinitas veces por Lanbide -servicio de empleo del Gobierno vasco-, poner (y perder) mil veces la esperanza, renunciar a la dignidad de un salario que le permita comprar unos zapatos a sus hijos, agachar la cabeza ante personas menos cualificadas o más jóvenes, con mejores contactos o afiliación política. Al contarme, la boca se le iba secando debido a la ansiedad...

Le he escuchado con cariño e interés, he tratado de que mi cara no reflejase el dolor y la impotencia que estaba sintiendo, y me he despedido con un buen abrazo.

El día fluía dulce y despejado hasta que la realidad me ha confrontado con la desolación de un rostro que pudiera ser el mío, el tuyo ¡el de cualquiera! porque no es cierto que las cosas vayan bien.


La imagen puede contener: cielo, exterior y naturaleza

Me he quedado triste. Impactada. Pensativa. Y he besado el suelo por tener trabajo y poder comprar unos zapatos.


lunes, 27 de marzo de 2017

Prototipos: de la Teoría a la Práctica


Estos profesionales ¡son grandes! No solo por sus conocimientos y experiencia, sino por su receptividad al aprendizaje, generosidad al compartir, sentido del humor y por haberse convertido en un auténtico equipo de proyecto (prototipo) durante los cinco meses que ha durado la formación que he impartido entre noviembre de 2016 y marzo de 2017.




Para tomar esta fotografía me subí en una silla, trepé a la repisa del ventanal y disparé varias tomas mientras los once seguían centrados en "la tarea" en un estado de "flujo" que solo alcanzan los "verdaderos equipos", aquellos que sobreviven al mortal veneno del ego, esquivan la tentación de crear "grupúsculos", y optan por la radical honestidad entre lo que piensan-sienten-dicen y hacen.


El ego, los grupúsculos,
y la falta de honestidad ¡matan los equipos!


¿Quiénes son? Un ingeniero en la gerencia de una empresa industrial, cuatro técnicos en puestos de responsabilidad de una empresa tecnológica, una directiva del sector de la enseñanza, una responsable regional de una conocida tienda de moda, una financiera de una empresa del sector de la automoción, un profesional independiente y dos técnicos de telecomunicaciones al frente de equipos de trabajo.




En el quinto y último módulo (Bilbao, marzo de 2017) enunciamos los cuatro principios sistémicos que rigen las organizaciones productivas: orden, autoridad, dar-recibir y orgullo de pertenencia. Siento que los cuatro han estado presentes entre nosotros y quizá por ello se han producido en el aula algunos de los "chispazos" de los mejores equipos: la conectividad (Alain Cardon), el equilibrio entre dar y recibir (Gunthard Weber), la ayuda mutua (Sabino Ayestarán), la reflexividad (Kurt Lewin)...

Estoy muy agradecida a estos profesionales porque han sido unos fabulosos compañeros de viaje y han conseguido encarnar con éxito un prototipo de equipo de trabajo. ¡Ojalá volvamos a encontrarnos! 

jueves, 23 de marzo de 2017

Equipos que cambian el mundo



El artista y yo hemos abandonado nuestras obligaciones mundanas y a las cuatro en punto nos hemos encontrado en el Boulevard. Llovía y -aunque abrigados y con calzado de agua- hemos sentido frío ante el inesperado rebote invernal; pero hemos resistido sin tomar café hasta las seis de la tarde cuando la luz ya declinaba sobre el Museo San Telmo y la estatua de Ignacio Zuloaga nos ha saludado poco antes de entrar en el cafetín donde una camarera ha roto un vaso, una anciana ha cogido un bocadillo de jamón con pimiento verde y un joven ha puesto su móvil a cargar en un enchufe ubicado junto al baño de caballeros. El artista y yo hemos ocupado una mesita al fondo del local y nos hemos puesto a trabajar.



La "cita con el artista" es un método de Julia Camerón que consiste en tomarse un respiro para hacer aquello que apetece nutriendo las resecas "arcas del alma". Comprenderán que se trata del artista interior, esa parte de nosotros que necesita conectar con la belleza, la cultura, el paisaje, la luz, los museos, el atardecer o el mar.

Hoy mi artista y yo hemos salido de librerías en busca de inspiración para el título de un taller de dos días que impartiré este verano en Aragón. Hemos visitado los establecimientos más grandes de la ciudad y nos hemos demorado dos horas tomando notas de los títulos que nos parecían curiosos o resonantes. Cuando hemos tenido un par de folios repletos de ideas, nos hemos puesto a trabajar en un intento de concitar el interés de las personas interesadas en cambiar el mundo. 


Algunos títulos con los que hemos jugueteado son estos: Despegar como Equipo. Equipo: Del uno al infinito. El efecto dominó en la empresa. Claves de eficacia de los equipos. Reinventar las organizaciones ¡la magia de los equipos! Ser o no ser equipo ¡cuestión de supervivencia empresarial! Cruzar el abismo de la incertidumbre y ¡crear equipo! Equipos que cambian el mundo. Trabajo en equipo o la velocidad de la confianza.

Hemos calibrado pros y contras de cada título mientras comíamos un poco de pan con chocolate. Después se ha hecho de noche y -al despedirnos- el artista y yo hemos concluido con una idea inquietante que comparto: sin altruismo (generosidad + empatía + compromiso) ¡no hay equipo! y esos valores ¡no cotizan en bolsa!

Ya en la calle hemos dicho adiós a la escultura de Zuloaga y a su calva muy brillante bajo la fina lluvia vasca a la que llamamos sirimiri.  

lunes, 20 de marzo de 2017

¿Qué sentido tendrá todo esto?


Llevo  medio día en pijama, tengo el ordenador encima de las piernas, y es la primera vez que escribo en la cama. Estoy de mal humor. Diríase que estoy enferma (fiebre y dolor de cabeza) ¡pero esa no es la cuestión!

Tras un día de mucha lectura y poca actividad física, me entran ganas de escribir a chorro, es decir: sin filtrar lo que salga de las yemas de mis dedos. El "censor" se ha ido de vacaciones ¡por fin me ha dejado en paz! y dado que estoy pachucha, el tirano -que me hace trabajar- se ha ido de viaje con el censor. Así que me han dejado sola con mi cansancio y mis zozobras que confluyen en una pregunta: ¿Tendrá algún sentido lo que hago?

Resultado de imagen de London Eye + fotos


La pregunta emerge de mi agenda -que parece el London Eye (la noria más grande del mundo)-: el lunes acompaño a un comité de dirección en Elgoibar, el martes entrenaré a empresarios en Adegi (Miramón), el miércoles trabajaré con clientes privados en el despacho de San Sebastián, el jueves viajaré a una fábrica de Pamplona para entrenar al equipo de producción, el viernes estaré en Bilbao impartiendo formación de equipos... Además, en algún momento de la semana, he de diseñar un encargo para Granada e impartir una conferencia en la Universidad de Deusto. Sólo con leer el cronograma me siento mareada así que ahueco la almohada, cierro los ojos, suspiro y me digo a mi misma: además de ganarme el sustento y de seguir mi vocación... ¿Qué sentido  tendrá todo esto? Después me duermo y -cuando despierto- aparecen a mi lado el censor y el tirano así que... ¡me pongo a trabajar!


jueves, 16 de marzo de 2017

Reflexiones de una entrenadora empresarial



La gestión de proyectos tiene tantos ángulos de aproximación como un inmenso poliedro. Así de compleja es la realidad de las organizaciones productivas, sociales o deportivas. La universidad y las escuelas de negocios estructuran el saber de una manera razonable que facilite el aprendizaje acumulado por la humanidad en los últimos XXI siglos. Aún estando en contacto con profesionales expertos, ¡difícil sintetizar tanto  conocimiento en unos meses (o años) de inmersión en las aulas, empresas o campos deportivos! Pero... ¡hay que intentarlo! y -de vez en cuando- ese desafío me alcanza cuando me invitan a participar en un programa universitario. Vivo con agradecimiento y gozo el privilegio de compartir impresiones con una generación de jóvenes de la que me separan tres décadas. 




Repito que la gestión de proyectos tiene tantos ángulos de aproximación como el gigantesco poliedro del saber humano. Dado que en los últimos quince años mi trabajo se ha centrado en el entrenamiento (coaching) de profesionales y equipos empresariales, se me identifica con esta emergente profesión que también es un estilo de liderazgo y una manera de entender la vida. En 2002 abrí el primer despacho de coaching en el País Vasco y desde entonces he trabajado en más de trescientos proyectos durante más de 12.000 horas de entrenamiento directo en empresas de todos los tamaños y sectores. 

La Fundación de la Sociedad Deportiva Éibar me ha invitado a participar el próximo sábado en el curso Experto en Gestión Técnica de Clubes de Fútbol ante una veintena de jóvenes ávidos de conocer de primera mano mi experiencia como entrenadora senior, ángulo del poliedro formativo compuesto por ocho módulos entre los que se encuentran materias como la gestión financiera, la nutrición, medicina o el derecho deportivos, entre otros.




El coaching como profesión emerge a finales de los años ochenta en Estados Unidos a partir de las observaciones, investigación y método creado por dos deportistas de élite: Sir John Whitmore y Timothy Gallwey quienes regalan al mundo el concepto inner game (juego interior o poder de la actitud) como elemento diferenciador entre ganar-perder en la vida, los negocios o el deporte. He tenido la suerte de contar con Whitmore como mentor y de aprender humildad, resilencia, curiosidad, sentido del humor, empatía, dignidad y firmeza, a través de las conversaciones mantenidas y de la reiterada lectura y práctica de Coaching: El método para mejorar el rendimiento de las personas.

El coaching como estilo directivo proviene de diversas fuentes entre las que cabe mencionar al francés Alain Cardon -otro de mis mentores y autor del primer libro centrado en el entrenamiento de equipos empresariales-. Los líderes que optan por este estilo de gestión practican la escucha generativa, las preguntas abiertas, el diálogo como herramienta de eficiencia, la conectividad en las reuniones delegadas, la focalización en la tarea y la mejora permanente a partir de un radical compromiso con la verdad.

Finalmente el coaching como un modo de vida nos alcanza a cuantos estamos convencidos de que los humanos -como las bellotas- poseemos todo lo necesario para convertirnos en un frondoso roble capaz de ser feliz en sí mismo, dar sombra y cobijo a los demás. Un modo de vida que minimiza nuestras ideas limitantes y debilidades al mismo tiempo que agiganta nuestro potencial (fortalezas-habilidades-cualidades-talentos) acercándonos a la mejor versión de nosotros mismos y al destino para el que tal vez hayamos nacido.


domingo, 12 de marzo de 2017

Transformar = Crear Espacio a lo Nuevo


La supervivencia es el primer instinto de los humanos. También el de las empresas. Y esa pulsión orienta los esfuerzos de los profesionales dotados de inquietud por crear un porvenir. La supervivencia es requisito imprescindible para permanecer en el mercado competitivo y sin fronteras que habitamos. Además, la supervivencia "anida" en la estrategia como un germen de complejas ramificaciones. Finalmente la supervivencia es una de las dos fuerzas entre las que se mueven las empresas, según el enfoque sistémico de Gunthard Weber en el que profundizó siguiendo los pasos de Bert Hellinger. ¿Cuál es la otra? el crecimiento empresarial.





De una manera no verbal, la "mirada sistémica" rebela las reglas ocultas de los equipos, pasión que investigo desde hace más de una década y eje central de las formaciones que imparto a quienes apuestan por la transformación empresarial.




Me gusta profundizar en las diversas corrientes de conocimiento por tres razones. La primera, porque es improbable que una sola metodología contenga todas las claves para transformar una organización. La segunda, porque aunque coinciden en ciertos principios cada una aporta matices relevantes. Y la tercera, porque soy una enamorada de lo ecléctico.

Cuando imparto formación transfiero tres enfoques sistémicos que -desde la experiencia- vienen mostrando su eficacia en la transformación empresarial: las Constelaciones Organizacionales, la Gestalt y la Teoría U. 




Este fin de semana he estado en Zaragoza y hemos abordado algunos "casos" que evidencian la necesidad de que la supervivencia de un negocio esté asegurada antes de crecer o innovar. ¿Por qué? Porque para innovar hay que soltar el control, liberar ciertos recursos, y crear espacios que permitan explorar lo nuevo. ¿Qué sobra? ¿Qué falta? se preguntan las Constelaciones Organizacionales. ¿Qué quiere morir? ¿Qué quiere nacer? se pregunta la Teoría U.

En esencia el mismo viento de cambio como fiel de balanza sobre el que pivota la transformación empresarial tan necesaria como urgente y tan urgente como importante para aligerar torpeza y sufrimiento atrapados en los sistemas productivos.


domingo, 5 de marzo de 2017

La difícil práctica del desapego



La vulnerabilidad es un estado que alcanzo con dificultad en contadas ocasiones, casi siempre cuando está mi hija -con quien no vivo desde que se independizó y voló a Alemania, Holanda, Francia y Noruega-. Ahora trabaja en Londres, donde le visito cada seis-ocho semanas. Es un excelente pretexto para cambiar el "chip" laboral en el que me focalizo como un láser. También tiene el aliciente de descubrir nuevos rincones de una ciudad que alberga más de ocho millones de habitantes y que tiene todo (y más) de lo que se pueda imaginar. Finalmente viajar a Londres mantiene alerta mi agilidad mental con el idioma de Shakespeare y con los cambiantes rituales burocráticos del aeropuerto de Heathrow.


  

La vulnerabilidad emerge tras espacios de sosiego y belleza que se producen con especial intensidad lejos de la exigencia de algunos proyectos en los que trabajo.

La vulnerabilidad es dulce y emerge desde un lugar fuera del control remoto de mi mente y -por lo tanto- me desconcierta. Si mantengo la atención centrada en el proceso (desconexión laboral, sosiego e inmersión en la belleza) asoma un atisbo de nostalgia en tantas direcciones que me veo obligada a sujetar el caballo de mi mente con la brida de la voluntad.

Normalmente consigo volver a la cordura y me tranquiliza recordar que ya he vivido otras veces el vaivén control-vulnerabilidad-control, aunque nunca hay dos procesos idénticos. Con el paso del tiempo la curvatura baja del vaivén es más profunda del lado de la nostalgia, digamos que me cuesta más desapegarme de mi hija, sus inquietudes y su casa en la que siempre hay flores.




De todas las ciudades del mundo moderno, ninguna puede igualarse a Londres por su enorme, diversa y prolongada acumulación de experiencias humanas. Charles Dickens.


sábado, 4 de marzo de 2017

¡No somos nada!


Paso unos días en Inglaterra donde viven 89 millones de árboles, según el censo de Kew Gardens que hoy he visitado. No están todos en Kew, pero hay numerosas especies de todo el planeta en perfecto estado de conservación. El llamado Real Jardín Botánico de Kew es tan grande que he caminado ininterrumpidamente durante cinco horas sin alcanzar sus límites, aunque he visto algunos de sus lagos, ardillas, pavos, patos, pájaros, ocas y gansos. Entre los 89 millones de árboles británicos mi favorito de hoy es este roble centenario:




Dado que mi familia siente una intensa fascinación por Japón, tan pronto ha abierto el parque nos hemos dirigido hacia la pagoda y su entorno:





El hecho de que el botánico sea inabarcable me coloca en la posición minimalista que ocupo en el planeta: no soy nada -quizá nadie sea nada frente a la inconmensurable naturaleza y su prodigio-.

En una zona del Kew hay que caminar sobre una plataforma de bambú porque los senderos de barro y maleza están destinados en exclusiva a escarabajos, moscas y otros insectos, cuyo desarrollo precisa de un entorno desordenado y polvoriento -como mi despacho, en épocas de mucho trabajo-.

Cada árbol tiene su momento de floración. Todos son una maravilla en su unicidad: los de hoja perenne nos acompañan con idéntico formato, los caducos no sienten pudor ante la desnudez de sus ramas que los reduce a lo que mi hija llama un aspecto "despelujado" y en el corner de las orquídeas no es posible elegir una más bella que las demás ni más exquisita ni más grande.




La humildad es una virtud que debiera ser de serie en los humanos ante la inmensidad que nos supera por todas partes: el firmamento, los mares, la tierra y sus 89 millones de árboles en Inglaterra de los que hoy he sido consciente. Rindo pleitesía a su grandeza y su belleza y me siento polvo de estrellas.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Los algoritmos no tienen ética


En 2017 se triplicarán las inversiones en "inteligencia artificial" en Silicon Valley lo que dará lugar al "next big thing" -fenómeno que impacta en la sociedad de manera relevante-, informa la consultora Forrester. Acumular y procesar datos es el objetivo de las máquinas. Cabe preguntarse ¿quién interpretará esos datos y bajo que parámetros?

Las máquinas de hoy entienden como un niño de cinco años, traducen como uno de trece, multiplican mejor que nadie, pero tienen la inteligencia emocional de un chihuahua, afirma Greg Corrado, experto de Google. ¿Cuáles es la gran ventaja de las máquinas? La velocidad. ¿Y la gran desventaja? La ausencia de un código moral porque "los algoritmos no tienen ética".

La transformación empresarial no es ajena a la evolución tecnológica sino que la incluye e integra al punto de que numerosas profesiones de hoy no existirán mañana. El dato: según la Universidad de Oxford, el 57% de los empleos actuales de la OCDE desaparecerán en los próximos años al mismo tiempo que surgirán profesiones hoy inexistentes (*)




Las transformaciones empresariales -y profesionales- serán un continuo en el que el cambio y la disrupción serán habituales. El cambio -lo único permanente, según Heráclito- podrá ser adaptativo a la inteligencia artificial, o intencional en la dirección evolutiva que precisa una tierra erosionada por guerras, hambrunas y desigualdades que tensan el planeta como una goma elástica a punto de estallar.

La transformación empresarial que urge en nuestras organizaciones productivas exige movilizar lo mejor del ser humano a través de cambios intencionales que propicien un futuro sostenible e integrador. ¿Cómo se hace?

Son muchas las metodologías que detallan cómo realizar esta transformación bajo el enfoque sistémico (global). Entre otras merece atención la Teoría U -desarrollada en el MIT, USA- cuya esencia consiste en transitar del ego-system al eco-system o lo que es lo mismo en mutar del yo (individuo) al nosotros (equipo) y del nosotros al todo (la empresas, e incluso los stakeholders). Finalmente dos son las claves que propone la Teoría U: "dejar marchar" el sufrimiento innecesario en las organizaciones, y "dejar llegar" los cambios que hagan posible un futuro esperanzador.




Mientras caminamos del ego-system al eco-system resulta práctico recordar que el punto ciego del liderazgo es ¡la consciencia! Y que el punto ciego de las organizaciones son los equipos y su gigantesco poder transformador.

En la creencia de que los equipos son la mejor palanca para propiciar transformaciones positivas en las organizaciones he diseñado una metodología propia, práctica y participativa para empresarios y directivos que comparto en dos únicos programas formativos anuales en Zaragoza y en Bilbao. Matrícula abierta. Plazas muy limitadas.



(*)   El futuro de las profesiones, libro de Daniel Susskind.
(**) La revolución de la inteligencia artificial, reportaje de Joseba Elorza.