sábado, 21 de octubre de 2017

Desempeño = Potencial - Ruido





En la cima de su carrera, estos profesionales se afanan por seguir aprendiendo para mantener un as en la manga del futuro. Un arquitecto y dos ingenieros de tres empresas punteras en su sector (consultoría, telecomunicaciones y tics-electrónica) fortalecen competencias de liderazgo al frente de equipos de innovación. Ciertamente, en 2017 todos nos encontramos ante el desafío de inventar nuevas formas de vivir y trabajar que mejoren los resultados económicos y nos mejoren como personas al mismo tiempo. 



Desempeño = Potencial - Ruido


¿De qué hablan? Del "ruido" que lastra su enorme potencial como un freno de mano alzado en un ferrari. ¿Qué ruido? Las ideas limitantes, el miedo, el estrés, la soledad, la falta de reconocimiento, el ego, la vanidad... Todos podemos asumir ese listado porque estamos "en construcción" -como la página web que dí de alta hace tres años y cuya clave de acceso he olvidado-. Ruido es todo lo que empequeñece la línea del horizonte que nos pertenece y a la que somos llamados por el destino. Desempeño = Potencial - Ruido. Se trata de una fórmula que me enseñó un directivo de Aernova -experto en motores- quien explicó que el ruido también incapacita a las máquinas para alcanzar su máximo potencial.




Entre otros contenidos, la exploración de la "fórmula del desempeño" tuvo lugar ayer en Bilbao por parte de los dieciséis alumnos que integran la décimo segunda promoción del curso Construir Equipos para Transformar Organizaciones que he ido creando con primor -en los últimos quince años- como un experimento de alquimia, y cuya próxima edición en Zaragoza (quinta en la capital aragonesa) comenzará el 10 de noviembre de 2017. ¡Ojalá nos veamos allí!


miércoles, 18 de octubre de 2017

Otro mundo ¡es posible! depende de nosotros



Cuando me invitaron a participar como ponente en el congreso anual de seguridad vial (Dirección General de Tráfico) les dije que ¡muchas gracias! pero que soy temeraria incluso en carreteras secundarias. 

Una vez asimilaron la broma, persistieron en el intento explicando que mi intervención formaría parte del bloque temático vinculado al "factor humano" Hum... ¡el factor humano! eso me sonaba más cercano. Pero cuando realmente me convencieron fue al citar a Aitor Aritzeta a quien admiro por ser co-autor de varios libros de cabecera del mundo de los equipos junto con mi mentor, el franciscano Sabino Ayestarán. El doctor Aritzeta sería el moderador de las tres ponencias vinculadas al "factor humano" y en el tiempo adjudicado a mi intervención yo podría desarrollar cualquier hipótesis vinculada a mi trabajo con profesionales, equipos y empresas.

Como siempre, el señuelo de la libertad atrapó mi interés y orientó mi caleidoscopio mental en busca de aportaciones en el marco de una sala abarrotada de técnicos nacionales y expertos internacionales en seguridad vial. 

Hechas las sumas y las restas de cuarenta años de vida laboral vinculadas a las personas, comparto algunas observaciones -quizá temerarias como mi propia conducción en carreteras comarcales-.




Primera observación: constato mucho dolor en despachos y fábricas de empresas de todos los sectores y tamaños. Como piojos en costura, las organizaciones están infectadas de un sufrimiento innecesario que enferma a las personas, los equipos y al propio tejido empresarial. Fíjense que mientras el sobre-esfuerzo, la globalización de los mercados, la salvaje competitividad, o las dificultades inherentes a la falta de financiación no resultan mortales, las relaciones interpersonales tóxicas -carentes de alma- acaban por destrozar la belleza de cualquier proyecto.




Segunda observación: existen tres venenos mortales para los equipos de trabajo. ¿Cuáles son? El ego, los grupúsculos y la falta de honestidad, y los tres provocan sufrimiento innecesario. El ego prioriza el interés individual en detrimento del colectivo. El "yo" por encima del "nosotros". Los grupúsculos son reinos de taifas en los que estás conmigo o contra mí, una posición excluyente que destruye los cimientos de la totalidad. Finalmente, la falta de honestidad es el cajón de sastre de la traición, la mentira, la manipulación y la ausencia de coherencia entre el "siento, pienso, digo y hago". La ausencia de honestidad hace añicos la credibilidad de los líderes y el juego limpio en los equipos y enferma a las organizaciones por: desmotivación, rotación en los puestos de trabajo, absentismo,  fuga de talento... y -como consecuencia de todo ello- merma de la cuenta de resultados.

El factor humano tiene la grandeza de los dioses y la miseria de los demonios. Nosotros elegimos cada jornada -en cada decisión y comportamiento- de qué lado inclinamos la balanza.

Sería fabuloso poner al servicio del mundo lo mejor de nosotros mismos ¡esa parte de grandeza que compartimos con los dioses! Sobre la posibilidad de crear un mundo mejor trabajan algunos investigadores relevantes que -aun perteneciendo a distintas generaciones y contextos- apuntan en una misma dirección. Enunciemos sus propuestas:

En Estados Unidos emerge la Teoría U -desarrollada en el MIT por Otto Scharmer y su equipo (Peter Senge, Arawana Hayashi)- cuya aplicación en varias empresas e instituciones vascas (como el ayuntamiento de Vitoria) está siendo una bella experiencia-. En Austria surge La Economía del Bien Común  diseñada por Christian Felber quien ha estado varias veces en el País Vasco y lidera una red colaborativa internacional. Finalmente sigo muy de cerca la propuesta de Reinventar las Organizaciones lanzada por el belga Frederic Laloux en su libro homólogo donde propone empresas teal-evolutivas en las que el respeto al medio ambiente, la ética y el buen gobierno sean compatibles con la sostenibilidad de los negocios, el desarrollo de los profesionales y la satisfacción de los stakeholders.

Todo el tiempo el factor humano decide priorizar el ego o el bien común; la honestidad o el fraude; la solidaridad o la codicia. La decisión nos pertenece a usted, a mí... ¡a todos! 

Es una evidencia que la humanidad avanza imparable en tecnología y en creación de productos y servicios, pero no crecemos con la misma celeridad en grandeza porque olvidamos que un médico no es alguien que "corta y cose", sino un profesional que salva vidas; y porque un albañil no es alguien que pone ladrillos sino un profesional que crea espacios donde rezan los hombres; y porque un policía no es alguien que hace controles de alcoholemia, sino una persona que nos protege de accidentes propios y ajenos. 

Lo que hacemos cotidianamente ha de tener un propósito y quien tiene un para qué encuentra un como al servicio de lo trascendente que nos diferencia de los robots y los drones.

Como un ADN portamos el "factor humano" cuajado de grandeza para surcar el firmamento y hacer de este planeta un lugar mejor cuando nos hayamos ido. Y, por favor, ¡no pierdan de vista a esos tres impostores: el ego, los grupúsculos y la falta de honestidad!



viernes, 13 de octubre de 2017

Mejor en armonía que enrabietados



El día ha comenzado con un ala rota y -aplicando toda mi magia- he conseguido evadir la nostalgia que luchaba por hacerse consciente-presente en mi actividad profesional. Confieso que he conseguido salir airosa tirando de oficio más que de alegría, pero cuando al final de la tarde he llegado a casa, mi ánimo chapoteaba del lado oscuro, así que me he aferrado al teclado del ordenador como un naufrago al escollo del navío.

Una persona a la que conocí se ha suicidado dejando tras de sí algunos sueños y un inmenso amor por la vida, que la vida no ha correspondido. Me he puesto seria por dentro al comprender la fragilidad humana ante la bestia del dolor que -a veces- nos gana la partida. 




La jornada ha traído sus desafíos, y yo he acudido puntual a la cita con dos equipos industriales (de diferentes empresas) en los que han salido a flote algunos corchitos que llevaban tiempo sumergidos en el fango: ciertas tensiones interpersonales aliñadas con un pizca de ego, cortoplacismo, ambición y crueldad. Me he sentido frustrada al sentir la modestia de mi oficio para transformar el mundo (empresarial).  

Sobre la mesa de trabajo tenía abiertos los apuntes de la master class que impartiré en Bilbao -la semana que viene- a una veintena de directivos a los que explicaré que entre los factores que aseguran la viabilidad de un equipo destaca uno: la capacidad de ayudarse mutuamente. Ayudarse. Mutuamente. ¿A qué esperamos para recuperar las alas?



Cansada pero aún lúcida, me he ido a la cama con el informe del World Economic Forum que sintetiza las características de los profesionales del futuro (2020): resolver problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, gestión de personas (¡ay las personas!), coordinación con otros, inteligencia emocional, criterio en la toma de decisiones, orientación al servicio (¡ay el servicio!), flexibilidad cognitiva y negociación.

Recompongo mis alas para sobrevolar corchitos que emergen del fango, de vez en cuando, en las organizaciones y -de paso- aligerar sufrimiento innecesario provocado por el factor humano -del que otro día escribiré-.  


martes, 10 de octubre de 2017

Nunca darse por vencido. ¡Resiliencia!


Cuentan... que los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración nazis compartían una característica. Narran... que caminaban descalzos sobre el hielo, que la zarpa del hambre les arañaba el estómago, que padecieron humillación, desprecio y una radical ausencia de ternura. Quienes sobrevivieron tenían algo en común ¿qué era?

En un entorno hostil -cuyas reglas y circunstancias no podían modificar- la única esperanza estaba en el interior de cada prisionero, porque podían despojarles de la ropa pero no del alma, y faltarles al respeto pero no doblegar sus convicciones, porque podían mortificar el cuerpo y tratarlos como alimañas, pero ellos poseían un arma imbatible.

Uno de prisioneros fue Viktor Frankl -neurólogo y psiquiatra austriaco- a quien sin duda sus conocimientos de la mente humana y sus infinitos recursos le permitieron movilizar el "poder la actitud" en favor de su vida y la de su hijo -recluido con Frankl en diversos campos de concentración entre 1942 y 1945-.




Con esta anécdota comencé ayer el entrenamiento de un equipo industrial que atraviesa una época frenética de pedidos. Empecé con la "resiliencia" porque se les percibe agotados (físicamente) y emocionalmente desinflados; además, cada vez que avanzo entre las máquinas oigo con frecuencia la frase "morir de éxito". 

Dado que ni ellos ni yo podemos modificar la carga de trabajo, ni las condiciones en planta, ni las exigencias de los clientes internacionales, ¿qué nos queda? crear una solida base de "resiliencia" sobre la que trabajar juntos, alineados, con una actitud positiva, solidaria y humanista en la que también tenga cabida el humor. 



Quien tiene un para qué,
encuentra un cómo.


Mi propuesta de practicar la resiliencia como elemento que les permitiera afrontar la situación en las mejores condiciones posibles fue desestimada antes de calar como concepto, ya que lo entendieron como "resignación", cuando -en realidad- es ¡justo lo contrario! 

Al amparo de la resiliencia viven: la actitud positiva, el apalancamiento en las fortalezas, el cambio, la solidaridad, cooperación, e incluso la complicidad risueña entre compañeros.

La resiliencia exige un análisis de situación, una lúcida separación entre lo que no puede ser cambiado de aquello que se puede modificar, movilizando los recursos que poseemos. ¿Cuáles? relativizar el presente a la luz de los aprendizajes del pasado,  bregando con fiereza por la creación de un futuro esperanzador. 

Mientras la resignación es claudicar ante las circunstancias sin pelearle a la vida el último suspiro para cambiar un destino, la resiliencia es un punto de apoyo sobre el que mover nuestro universo sin darnos nunca por vencidos.  Volveré a la carga en el próximo entrenamiento en el que quizá pueda transmitir mejor las bondades de la resiliencia sin las cuales despojamos a vida de profundidad y -en muchos casos- el sentido.


jueves, 5 de octubre de 2017

Gestionar Equipos es desafiante y ¡se aprende!


El otoño acelera sus pasos y mis pies no alcanzan la velocidad de las hojas que sopla el viento, esta mañana, en San Sebastián, Bilbao y Zaragoza, ciudades que acompañan mi devenir profesional y donde siento que la "tribu" me acompaña. 

La tribu de los profesionales que anhelan un mundo mejor, y dan un paso al frente -entre la hojarasca- para transformar las organizaciones productivas. ¿Cómo? mediante la creación de equipos de trabajo donde los profesionales son personas y -porque son personas- resultan mejores profesionales.

La tribu de quienes tienen un para qué y encuentran un cómo. ¿Para qué crear equipos? Para evitar el sufrimiento innecesario en las empresas y -de paso- mejorar el clima laboral, reducir el absentismo, incrementar la creatividad, retener el talento y ¡mejorar la rentabilidad!

Esta vocación-obsesión se lleva mis días por delante con enorme satisfacción, y aunque mis viajes me llevan lejos, casi todo el tiempo vuelven a la triangulación Bilbao-San Sebastián-Zaragoza donde los proyectos sembrados florecen con la magia de las cosas que se cuidan con cariño. 




El curso de creación propia "Construir equipos para transformar organizaciones" alcanzará este año su decimotercera edición (quinta en Zaragoza) donde se ha ido configurando como una formación de referencia para empresarios, gerentes, profesionales liberales y emprendedores. Sintetiza siete formaciones internacionales del mundo de los equipos y tiene una duración de seis meses. 




Quienes deseen "testar" si conectan con mi estilo-conocimientos y experiencia, pueden probar en una única jornada (el día 27 de octubre) en formato "taller esencial" que se desarrollará en las instalaciones de Ibercaja Zaragoza en medio de un fantástico pinar.

¿Qué encontrará quien se acerque a este taller? una variedad de perfiles profesionales, multitud de sectores y especialidades, un ambiente risueño-juguetón, un enfoque esperanzado de los negocios, herramientas y técnicas que realmente funcionan en el trabajo con y para las personas, un planteamiento disruptivo-innovador, amplia bibliografía que permite seguir aprendiendo durante mucho tiempo después, una practicidad radical con estudio de "casos" empresariales, y la atención, cariño y profesionalidad, de Mayte, Alberto, Virginia, Sonia, Inocencio, Bea, Susana, Lola, Pilar... el equipo en el backstage que hace que todo sea fluido y eficaz.


sábado, 30 de septiembre de 2017

De hombres y semillas


A los osos no les gustan los humanos, y cuando nos huelen caminan en otra dirección ¡sus razones tendrán! 

En el Kumano Kodo (Japón) habitan muchos osos. El monte sagrado está lleno de señales que alertan al peregrino sobre la presencia de este gran mamífero y recomiendan llevar -atado en la mochila- un pequeño cencerro que les avisa de la presencia humana de manera que puedan alejarse de nosotros cuanto antes.




Nuestra ignorancia sobre los animales y las plantas es monumental. La falta de respeto por la vida -entendida como algo más que lo humano- roza el sacrilegio.

Visito estos días Kew Gardens, uno de los templos de la naturaleza, donde se reproducen algunas de las especies más exóticas de plantas e incluso algunas semillas del mismísimo Charles Darwin, y donde he visto trabajar a Carlos Magdalena -uno de los más reputados botánicos del Reino Unido, conocido popularmente como el Mesías de la naturaleza-. El asturiano agita el cascabel de su conocimiento experto y nos recuerda que una de cada cinco plantas está en peligro de extinción y que sin plantas no hay oxígeno -imprescindible para la vida en la tierra-. 

Recorro uno de los grandes invernaderos del Kew, y descubro que las plantas son mucho más que un placer estético ya que de ellas extraemos caucho, café, perfumes y medicinas -como la Madagascar Periwinkle, que se utiliza en la lucha contra el cáncer-.


Una de cada cinco plantas 
está en peligro de extinción.


Tras caminar más de quince kilómetros en el perímetro del Kew alcanzo una serenidad zen que emerge de ese fondo común que compartimos con los osos y las plantas, y del que nos alejamos cada vez más. Me paro en el bosque de los acebos y observo tantas diferencias como en los humanos: altos y bajos, grandes y pequeños, jóvenes y viejos, verdes con hoja pinchuda, verdes con hoja casi redonda, verdes con variegado, con bolitas rojas y sin ellas...

Si tan solo una de las especies de Kew Gardens (Londres) presenta tantos matices diferenciales ¿qué nos hace pensar que los humanos hemos de ser iguales y que existe una verdad única?




De regreso a casa subo al segundo piso del 65, típico autobús rojo inglés, cuyo conductor es negro y donde voy sentada junto a un hombre joven con turbante azul marino, detrás de una niña y su madre (cubiertas de negro de pies a cabeza), y frente dos niños con bombín y chaqueta (azul con rayas blancas)... 

Humanos distintos con verdades distintas en un planeta habitado por osos y plantas de cuya pacífica y amónica convivencia depende la sostenibilidad del planeta, la casa que habitamos.



Las plantas no solo son bellas,
sino el "pegamento" de la vida en la tierra, 
afirma el reputado botánico Carlos Magdalena.



En Cambridge, cerca de estos lares, Meredith Belbin explicó hace algunas décadas que las diferencias enriquecen la convivencia y el trabajo en las empresas. Investigó y constató que existen al menos nueve maneras distintas de abordar la vida y los negocios, y que todos los arquetipos poseen fortalezas y debilidades, virtudes y defectos porque: "... Tú no eres como yo... no piensas como yo... y no actúas como yo... pero juntos ¡vamos más lejos!"


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Sobrevolando Heathrow



Hay días con duende en los que descubro una ardilla en los bosques que transito. Hay días en los que soy consciente de la belleza que sobrevuela los cielos. Hay días en los que encuentro un hongo (boletus) precioso y comestible.


Cuando en una sola jornada ocurren las tres cosas es que los dioses han venido a visitarme ;-D


domingo, 24 de septiembre de 2017

Cuando trabajar es amar y servir



Hace días que no escribo. Hace días que no escribo en el blog, lo que significa que apenas  respiro ante la avalancha de proyectos que trae el otoño con una velocidad-intensidad propia del tren bala japones. Y me acuerdo de un libro (basado en una historia real) titulado: El japonés que estrelló el tren para ganar tiempo, y se dispara mi sistema de alarma (porque no quiero estrellar ningún proyecto) y me pongo en marcha hacia el monte -templo reparador- donde supero los diez mil pasos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) para mantenerse sano y en forma.

De hecho, multiplico por cuatro los pasos hacia la cordura y me adentro en el bosque donde la mitad del tiempo piso musgo y el resto piedra, hojarasca y barro; y donde las ramas bajas del hayedo se enredan en mis canas y juegan con los pensamientos de una semana bella en la que he necesitado movilizar todo mi conocimiento y experiencia al servicio de las organizaciones cuyas necesidades y expectativas me afano en completar.

Retomo el paso y el pulso del blog -este lugar en el que comparto con ustedes el devenir de mi oficio- para escribir una reflexión poco cool: en el trabajo con personas lo que funciona es el amor entendido como servicio al Todo: la sociedad en la que vives, la organización que te contrata, los profesionales que entrenas y tú mismo, depositario de un cierto conocimiento que se vuelca en los desafíos que cada organización tiene en un momento de su historia.




Tiene gracia que me atreva a escribir esto con mi perfil pudoroso y racional... El amor entendido como servicio que doblega el ego y sus demandas para compartir atajos descubiertos durante cuarenta años de vida laboral. Atajos para no perderse en los desvíos de la inercia, el desconocimiento, las ideas limitantes, la pereza, el desánimo, la frustración y otras alimañas que acechan en los rincones de todas las empresas y sectores.

Si analizo reflexivamente mi actividad durante la última semana concluyo que lo más valioso de mi oficio es el lugar interior desde el que trabajo: una profunda creencia en el ser humano, un sagrado respeto ante el dolor ajeno, una fe rotunda en la capacidad de mejora de cualquier profesional, una certeza casi naif en la inocencia de aquel niño que fuimos y pervive en nosotros a pesar de la traición, decepciones, desgaste, incomprensión, falta de reconocimiento, coyunturas y contextos.

Igual que la vibración sonora de la cuerda de un violín reverbera en la de cualquier otro instrumento presente en la sala, las personas -directores generales, informáticos, consultores, encargados ingenieros, obreros, comerciales y financieros- vibramos con quien muestra su vulnerabilidad, esa cuerda-hilo-luz-estrella que nos hace humanos. Las neuronas espejo saben. La inteligencia social sabe. La intuición sabe. Y lo demás -el contenido, las soluciones, la experiencia y los atajos- son hojarasca útil como la que hoy he pisado ¡tan a gusto! durante más de cuarenta mil pasos. Sorprendente. Sorprendente para mí. ¿Qué les parece?




Resonancias:

  • Batalla Privada concepto de Stephen Covey.
  • Juego Interior (Inner Game) concepto de John Whitmore.
  • El "lugar" desde el que trabajas, concepto de Otto Scharmer.
  • Vulnerabilidad en el trabajo, concepto de Brené Brown.
  • ¿Eficiencia a cualquier precio? concepto de Gabriel Ginebra.

martes, 19 de septiembre de 2017

Elevar la visión porque el límite... ¡es el cielo!



Tengo una semana enloquecedora en la que bien pudiera colgar el cartelito de "out of the office", si no fuera porque "mi oficina" está en cualquier lugar donde haya personas con inquietudes y cierto entusiasmo por la mejora permanente.

Más que "fuera de la oficina" el cartel pudiera decir "fuera de mi zona de confort", si es que alguna vez la comodidad estuviera presente en mi día a día de los últimos... ¿cuarenta años?

Bueno, lo diré de una manera simple: estoy muy atareada en proyectos que textualmente llegan caídos del cielo a través de empresas con las que vengo colaborando desde hace años y persisten sin que yo nunca entienda por qué lo hacen.

Un encargo, dos jornadas, diecisiete profesionales, veinte horas de convivencia e inmersión en el cambio cuya pretensión última es elevar la visión de los profesionales que -siendo grandes expertos y trabajadores comprometidos- se pierden (un poco) en la trazabilidad los proyectos lo que en ocasiones implica pérdida de eficacia, eficiencia y rentabilidad.

Protejo a mi cliente y sólo muestro algunos detalles del aula que cobijará nuestra "reflexión para la acción" en un entorno que inspira ya que es un auténtico canto a la belleza y a la vida.





Parece la preparación de un banquete ¡y lo es! aunque la invitación es a compartir conocimiento, experiencia, percepciones, discrepancias, valores e ideas que nos permitan profundizar en los aspectos que lastran a estos profesionales -genuinos expertos en su oficio- descubriendo las áreas de  mejora y diseñando un enérgico plan de acción. ¿Cómo lo haremos?  Apelando al poderoso y bien formado hemisferio izquierdo de los adultos que son, y al chispeante hemisferio derecho habitado por el niño que -como dijo Antoine de Saint Exupéry- todos llevamos dentro...






Juegos, dinámicas disruptivas, actividades por parejas, tríos y en plenario que se recogen en planes de acción diseñados entre todos "on time" que se llevan a la fábrica para su inmediata aplicación. 

Un encargo, dos jornadas, diecisiete profesionales, veinte horas de convivencia y un inmenso agradecimiento a la vida que me permite el ejercicio de mi vocación al servicio de las personas en las organizaciones productivas. La magia comienza mañana muy temprano y -aunque ya lo he hecho muchas veces- tengo mariposas en el estómago y la ilusión que siente una niña ante un helado de mandarina. 



lunes, 11 de septiembre de 2017

Reinventar las organizaciones



La Dirección General de Tráfico, DGT, organiza en Bilbao una jornada bajo el claim Responsabilidad Compartida, en la que me han invitado a participar.

Aunque les he dicho que incluso en carreteras comarcales son una conductora temeraria, insisten en que participe, y me piden un avance-resumen de mi ponencia para incluirla en los papers que distribuirán entre las decenas de asistentes al evento que se celebrará en Archivo Histórico del País Vasco con sede en la capital vizcaína. Comparto el abstract y las "ideas fuerza" que imprimirán en el entregable.




ABSTRACT:   
Con una larga experiencia de entrenamiento a líderes y equipos empresariales, la ponente observa mucho “sufrimiento innecesario” en las organizaciones provocado por la escasa talla moral o ética de las personas, más que por dificultades inherentes a la complejidad productiva, la globalización o la competitividad.


Reconociendo que la relación causa-efecto no es una ecuación simple, Azucena Vega Amuchástegui aplica la “teoría de los sistemas” al análisis y búsqueda de soluciones a los dilemas humanos en las empresas, y propone una reinvención de las organizaciones basada en: asumir el trabajo con espíritu vocacional al servicio del bien común; incrementar el nivel de consciencia desde el que operan los profesionales; empequeñecer el ego; practicar la  honestidad y -finalmente- vivir las empresas como “prototipos” de la evolución humana.


IDEAS FUERZA:
·         Sufrimiento innecesario en las organizaciones productivas.
·         Necesidad de un cambio de paradigma.
·         El bien común como horizonte.
·         La consciencia como clave del liderazgo.
       Las empresas como prototipos de la evolución humana.



viernes, 8 de septiembre de 2017

La "tercera vía" en la toma de decisiones



Cuatro son los "grandes" modelos organizacionales, según el experto francés Alain Cardon: feudal, humanista, tecnocrático y en red. El profesor de Esade, Alfonso Durán y Pich, despliega algunos modelos más en El canon del management, un libro que sintetiza la historia de la gestión empresarial (y que recomiendo). Por su parte el activista Frederic Leloux sintetiza los estilos gerenciales por colores: modelo rojo, ámbar, naranja, verde y teal-evolutivo. Diversas aproximaciones, ideologías, contextos y valores que sin embargo permiten atisbar una evidencia:

La cultura que vive cualquier organización productiva (de cualquier país, sector empresarial y tamaño) revela su esencia (su "alma") en cuatro indicadores. Cuatro: ¿Cómo fluye la información? ¿De qué manera se toman las decisiones, y quiénes lo hacen? ¿Cómo se ejerce el poder y/o la influencia? y -finalmente- ¿Cuáles son las prácticas de reconocimiento para el trabajo bien hecho?




Dado que estoy entrenando a varios equipos industriales que me confrontan con la realidad de sus fábricas, puedo testar sobre el terreno los cuatro síntomas referidos, si bien hoy me centraré tan solo en la toma de decisiones.

No hace falta ser un experto para deducir que una organización donde solo el director general, el Ceo o el propietario, toma las decisiones está cerca del modelo llamado "feudal" y que teniendo sus ventajas (que las tiene) representa un anacronismo que pronto le pasará factura incluso en la cuenta de resultados. Tampoco hace falta ser un experto para intuir que algunas cooperativas donde todo se decide por consenso acaban viviendo auténticas pesadillas que hacen honor al dicho "parálisis por el análisis". ¿Entonces? Entonces, como en tantas ocasiones, emerge la tercera alternativa que algunas empresas están poniendo en práctica con excelentes resultados (también en la cuenta de explotación): Zobrist, Sun, FAVI, AES, Buurtzorg etc., con miles de trabajadores implicados. ¿Cómo lo hacen? ¿De qué manera toman decisiones en las "organizaciones teal-evolutivo"?

A partir del "proceso de los consejos" que consiste en que una persona hace una propuesta y la lleva a término tras pedir la opinión de todos los que vayan a ser afectados por la misma. Tiene que pedirles su opinión, tenerla en cuenta, analizarla y finalmente tomar una decisión que es suya -y solo suya- con sus riesgos y oportunidades. Piensen que estamos hablando de decisiones que pasan por abrir una delegación en Estonia, contratar a cinco profesionales, o doblar el presupuesto de un equipo. ¿Qué ventajas ha demostrado la toma de decisiones mediante el "proceso de los consejos"? 




Una persona se responsabiliza de la decisión. Todos los que serán afectados han hecho oír su voz -que se tiene en cuenta-. Las posibilidades de acierto se incrementan al contar con más aportaciones. Las personas sienten que el empoderamiento es algo más que una moda ya que pueden tomar decisiones relevantes. Los profesionales perciben que se confía en su criterio, conocimiento y experiencia. Se fortalece el "orgullo de pertenencia". Se descongestiona el cuello de botella en que suelen convertirse los comités de dirección...

En el siglo XXI, y hasta donde está documentada la historia del management, la toma de decisiones pasa por tres opciones: vertical (de arriba hacia abajo, una o pocas personas); horizontal (pares, muchas personas, modelo cooperativista) y -finalmente- el proceso de los consejos (de abajo hacia arriba). Aunque no exenta de dificultades, merece la pena explorar la tercera vía.  

    

lunes, 4 de septiembre de 2017

Bajo Sock



Nada más salvaje que lo cotidiano. Sometidos a todo tipo de impactos on line, y acostumbrados a vivir cuan avatar, nuestros sentidos confunden la frágil frontera entre lo real e imaginario. Y claro, tendemos a deslizarnos del lado de lo ficticio porque ofrece el dulce consuelo de saber ¡que no es real! y no alcanza nuestra alma en tránsito hacia algún otro lugar...

Pero nada es más brutal que lo cotidiano, ni más sobrecogedor que lo que acontece en la acera de tu propia calle.




En el garaje de casa se ha producido una inesperada conversación con unos vecinos a los que saludo desde que vivo en San Sebastián (2002). El diálogo se ha prolongado durante diez minutos y en ese tiempo ha alcanzado una desnudez conmovedora.

Se han arruinado. Tras diversos acontecimientos adversos y un butrón en el negocio familiar, lo están pasado mal. A las zozobras económicas se suman un cáncer reciente en la mujer, y un derrame cerebral en el hombre que (afortunadamente) no le ha dejado más secuelas que el susto y la consciencia de la fragilidad humana. Las desgracias han sacudido sus cimientos y hecho tambalear la esperanza en el porvenir, mientras la vejez avanza ajena a todo argumentario.


No es una pareja con la que haya convivido especialmente en el pasado. Ni son amigos, ni hemos compartido mucho más que un ¡buenos días! y ¡hasta luego! y -sin embargo- su tristeza me alcanza de lleno porque no se puede ser feliz si a tu lado alguien sufre con un dolor transparente y radicalmente humano. Nada me han pedido, pero ya he pensado cómo contribuir a su momento. Se lo cuento otro día, ahora me siento un poco plof.

  

sábado, 2 de septiembre de 2017

El cambio se produce... ¡si lo provocas!



Las buenas historias incluyen una introducción, un nudo y un desenlace ¡como la vida misma! y al igual que ésta en algún momento surge un ¡de repente!

Un "de repente" para el que el escritor ha preparado al lector con una trama propicia. En la vida, sin embargo, no siempre estamos preparados para un "de repente" no buscado -tal vez no deseado- que nos confronta con un cambio adaptativo a la nueva realidad. En eso se diferencian la literatura y la vida porque si bien el escritor nos conduce de la mano hacia el precipicio de su imaginación, la vida no alerta con semejante precisión, así que el "de repente" nos pilla a contrapié.






Esta semana he aprendido mucho de Ángel Gabilondo, catedrático de metafísica en la Universidad Autónoma de Madrid -de la que también fue rector-, y ex-ministro de Educación en los años 2009 al 2011. He aprendido que en griego el adverbio "de repente" se expresa como exaphnés y que aparece con frecuencia en textos religiosos y laicos de todos los tiempos.

¿Qué importancia tiene el "de repente"? Mucha, a decir de Gabilondo, quien está persuadido de que para que las cosas ocurran ¡hay que propiciarlas! porque no se adelgaza leyendo libros de gimnasia ni se engorda leyendo libros de cocina... El "de repente" ocurre cuando te pones en marcha y saltas a la acción para transformar la realidad ¡y cambiarla!




La inercia -afirma el catedrático- es el gran enemigo del cambio, por eso hay que vivir cada jornada con la intensidad de la eternidad y recoger la luz del sol con las manos, mientras caminamos hacia el horizonte sabiendo que cuando te acercas ¡se aleja!".

Quienes deseen profundizar en el pensamiento de este vasco universal pueden asomarse a sus libros, a su blog, o al resumen de la ponencia ofrecida en la Universidad del País Vasco: Sinopsis.


miércoles, 30 de agosto de 2017

Si volviera a nacer...


Deseo atrapar el tiempo, la poética del instante, el aprendizaje cada vez más efímero sepultado en palabras que se manejan con la frivolidad de quien vende patatas en un viejo camión que recorre los foros mediáticos, las tertulias y los cursos de verano. Acostumbrado el ego a ser aplaudido por casi todo, se rebaja la exigencia intelectual del mensaje, la preparación de la ponencia, el respeto a la ciudadanía que -inocente y confiada- acude con la esperanza de aprender... o eso creo.




La poética del instante o el gozo de los pequeños placeres permite, sin embargo, sacarle chispas a la primera de las tres jornadas del curso Si volviera a nacer en el que tres profesionales de prestigio se suben al estrado para hablar. Los alumnos esperamos que ese "hablar" sea también un "decir" algo útil o inspirador.




No diré que Javier Urra o Francisco Javier Sadaba no tengan una cabeza amueblada de interesantes lecturas y una sólida trayectoria profesional, sin embargo, no se han mostrado hoy brillantes en el Palacio de Miramar (San Sebastián), sino más bien "tirando de oficio", en la seguridad de que saldrán airosos casi de cualquier pregunta o situación. ¡Menos mal que en el aula también se encontraba la escritora Espido Freire! quien ha tenido el coraje de compartir algunos entresijos dolorosos de su biografía y la lucidez de vincularlos al eje temático del curso.




Espido Freire llevaba esta mañana un vestido granate de terciopelo y un bolso a juego en el que portaba algunas propuestas reflexivas: "... La vida se parece a tirar una piedra a un lago, y esa acción hace ondas, ondas, ondas... Quizá hemos venido para ser la piedra... Lo importante es conservar la propia esencia, cuidar tu mensaje, el impacto que provocas en los demás, la huella que dejas atrás...".

Si volviera a nacer... jugaría más, probaría más, perdería el miedo a equivocarme, me reconciliaría con mis errores...  Y una anécdota que me ha gustado: Espido Freire, la gran escritora, la niña prodigio de la literatura, la valiente mujer que comparte desde el eje mismo de su esencia, aprendió oratoria del cura de su pueblo (Llodio, Álava) quien al parecer sabía tanto de religión como del bello arte de contar historias en el que Espiro Freire despliega una admirable maestría. Artículo relacionado: Diario Vasco.


domingo, 27 de agosto de 2017

Inteligencia Social, connecting people!



Por fin  Daniel Goleman reconoce que la inteligencia emocional es necesaria, aunque no suficiente, para liderar. Veintidós años después de hacerse mundialmente famoso por la divulgación de la inteligencia emocional como una competencia esencial del liderazgo, Goleman ha realizado nuevos descubrimientos -que divulga en la Harvard Business Review- según los cuales la biología de los humanos "condiciona" la capacidad de liderazgo de un profesional, lo que vendría a disolver el viejo dilema de si el líder nace o se hace...



La inteligencia social es un wifi neuronal
que resuena con el entorno
y propicia o dificulta la conexión.


Goleman y su equipo ponen en el gran angular mediático: the mirror neurons, spindle cells y oscillators, complejos sistemas que todos llevamos incorporados y que podemos traducir como: neuronas espejo, células fusiformes y osciladores (que emiten ondas). Estas pequeñas partículas de nuestro cerebro son las responsables de que contemos con una poderosa o miserable "inteligencia social" y que -por lo tanto- podamos ascender o descender en el organigrama. He dicho pequeñas partículas y en el caso de las spindle cells -responsables de nuestras intuiciones- son cuatro veces más grandes que el resto de las células cerebrales ¡curioso! ¿no les parece?

Boyatzis, Goleman y sus equipos han estudiado algunos líderes empresariales exitosos alcanzando la conclusión de que se mueven por el mundo con soltura emitiendo sonrisas a quienes se cruzan en su camino, agradeciendo el buen trabajo realizado, haciendo preguntas abiertas que muestras genuino interés por los demás, expresando con tacto y respeto sus discrepancias y -en general- haciendo gala de una conducta amable con el entorno en el que se mueven como pez en el agua mientras se dirigen a la cima.




¡Ah! una última aportación de la Harvard Business Review: la risa es un asunto serio ya que los líderes con inteligencia social -que motivan más y mejor a sus equipos- sonríen y hacen sonreír hasta cuatro veces más que los colegas con exigua inteligencia social. Ya sabe: ¡sonría, por favor! 

La inteligencia social del líder es
el "interruptor motivacional" de su equipo. 



miércoles, 23 de agosto de 2017

Curso de Equipos. XII Edición ¡en marcha!



Tengo un "cuaderno de futuro" al que voy -de vez en cuando- y en el que anoto todos los proyectos profesionales que sueño realizar. Es un cuaderno bonito y colorido que compré en Amsterdam cuando mi hija vivía en los Países Bajos. De eso hace ya algún tiempo... Las páginas se han ido llenando y muchos de los sueños se han hecho realidad como una muestra de la magia de la vida en la que vocación-intención-persistencia-conocimiento-alianzas y destino se conjugan a la perfección.

Uno de los proyectos que registré en el cuaderno fue crear una metodología propia, contemporánea, práctica, escalable, sistémica, profunda y humanista centrada en los equipos de trabajo. La metodología -en formato curso- alcanzará este otoño su décimo segunda edición. Será en Bilbao y lo vivo como un banquete al que invito a los comensales realmente interesados en descubrir cómo se construyen y lideran equipos que transformen las organizaciones. 




Además de seguir un programa que avanza de menor a mayor complejidad intelectual, de abordar al menos tres libros de obligada lectura, de pasar un examen al final de trayecto, de mantener un permanente hilo de aprendizaje a lo largo de cinco meses, de asomarnos a lo más clásico y más moderno de las metodologías que propician la construcción y el liderazgo de los equipos, también creamos cosas juntos. Por ejemplo: dos mapas conceptuales sobre los equipos de trabajo que siguen la inspiración de Tony Buzan:




¿Qué más "hacemos"? En plenario, tríos y parejas compartimos conocimiento de diversos sectores, niveles directivos, experiencia y coyuntura económica. También practicamos la empatía, la escucha profunda, la presencia plena, la complicidad, el humor...


Construir equipos para transformar organizaciones es un curso y un sueño hecho realidad que -siguiendo el método Harvard-  incorpora el estudio de "casos reales", empresas reales y soluciones reales preservando la confidencialidad de los datos facilitados por los compañeros cuya generosidad ¡siempre me sorprende!




Nos hacemos fotos de fin de curso que representan aspectos clave de los equipos de trabajo: el "orgullo de pertenencia" y la cercanía emocional. De alguna manera representamos un "prototipo" escalable a las organizaciones productivas y ¡es hermoso vivirlo!



Abordamos teoría y práctica en el aula y la llevamos de inmediato a las fábricas, despachos, agencias, empresas familiares y multinacionales. Por ejemplo: ¿Cómo se consigue una reunión eficaz? o ¿cómo se alcanzan decisiones colectivas -de manera ágil- sobre temas complejos? ¡Con el diagrama de afinidad!


Aprendemos que la celebración del logro forma parte de los "mediadores emergentes" que van construyendo un equipo y lo hacen evolucionar hacia su máximo potencial... 




Tomamos perspectiva temporal: pasado, presente y futuro de un proyecto, una persona, un equipo, una empresa... Sobre el suelo, utilizamos el modesto soporte de un metro de papel para atrapar los objetivos y ubicarlos en el tiempo...


A veces utilizo la varita mágica para explicar que en las empresas -como en la vida- hay que cambiar lo que puede ser cambiado, aceptar lo que no puede serlo, y tener lucidez para separar una cosa de la otra...




Finalmente cabe preguntarse qué dicen los más de 150 alumnos de las 11 ediciones anteriores del curso Construir Equipos para Transformar Organizaciones. Como síntesis, el feedback anónimo y escrito que completan al término de cada formación otorga una nota media de 9,5 sobre 10 de satisfacción del alumnado, sin duda porque ponen mucho de sí mismos en los encuentros y se crea un clima propicio para aprendizaje compartido. Algunos testimonios:

Sergio Vilalta, Business Development Director at ELT: El curso ¡es la bomba! Desde el minuto uno plantea paradigmas disruptivos que utilizan las empresas exitosas de Europa y Estados Unidos. Es muy intenso en cuanto al aprendizaje y valoro especialmente el sentido del humor y el buen ambiente vivido en el aula.

Ibon Jaio, Export Area Manager en Ona Electroerosión, Durango (Vizcaya): el curso de equipos puedes aplicarlo de inmediato en la fábrica ya que es radicalmente práctico. 

Itsaso Orcajo, Project Manager at Elecnor, Bilbao: el curso te aporta herramientas que puedes aplicar a tu trabajo con equipos. De hecho, tras el primer módulo pude resolver dos cuestiones complejas que tenía atascadas durante meses. 

Olatz Mújika, Jefa de Enfermería del Sanatorio de Usurbil, San Sebastián: aunque soy responsable del servicio de enfermería desde hace más de una década, el curso me ha aportado mucha seguridad en la gestión de los dos equipos que lidero (treinta personas). Estoy muy contenta de haber realizado esta formación y ¡la recomiendo!




El curso Construir Equipos para Transformar Organizaciones comienza el 22 de septiembre de 2017 en Bilbao. 

El aforo es de veinte alumnos. Aún quedan algunas plazas. Por favor, si está realmente interesado, puede ponerse en contacto conmigo: azucenavega_coach@yahoo.es ¡Gracias!


lunes, 21 de agosto de 2017

Cómo ves el mundo ¡lideras tu empresa!



He comenzado a preparar una conferencia para la Dirección General de Tráfico cuyo eje temático es la responsabilidad. Estoy muy ilusionada, así que he elegido cuatro libros de mi biblioteca para atrapar con precisión su línea argumental y alcanzar mis propias conclusiones aliñadas con la experiencia de mi oficio.

Aunque los organizadores me han otorgado libertad, seré la única ponente ajena a la DGT, así que con placer asumo el encargo de compartir cómo entienden las empresas la responsabilidad basándonos en evidencias: ¿cómo gestionan el poder, la toma de decisiones, los beneficios, las promociones, las contrataciones, la comunicación y -en general- las relaciones con los stakeholders?

Las joyas bibliográficas de las que alimento mi ponencia son: Quiero trabajar aquí de Justo Villafañe, La quinta disciplina de Peter Senge, Leading from the emerging future de Otto Scharmer y Reinventar las Organizaciones de Frederic Laloux. Los cuatro volúmenes se refuerzan entre sí permitiendo alcanzar algunas ideas que comparto.





La manera que tenga una empresa de ver el mundo condiciona el paradigma desde el que opera. El nivel de conciencia de los directivos de una empresa condiciona el paradigma desde el que opera. El paradigma desde el que una empresa funciona focaliza la atención en unas cosas o en otras: los beneficios, la motivación, el medio ambiente, la calidad, los procesos, la obediencia, el control, la productividad, la eficacia, la innovación etc. Cada uno de estos modelos organizacionales destila su propio estilo de liderazgo que a su vez fortalece la cultura empresarial y así sucesivamente. 

El ex-directivo de Mckinsey, Frederic Laloux, cataloga las empresas en cinco modelos teóricos y entiende que cada uno supera (de alguna manera) el anterior. 

El más primitivo es el modelo rojo (ordeno y mando), seguido por el ambar (procesos), naranja (meritocracia e innovación), verde (empoderamiento y valores) y -finalmente- el modelo teal-evolutivo (autogestionado e inclusivo) hacia el que -según el autor- debiéramos avanzar como especie. ¿Cómo especie? Sí, porque recuerde que hay una relación causal entre la manera que entendemos el mundo y el modo en el que lideramos nuestras empresas... Reinventar las Organizaciones es un tema urgente e importante que apela a nuestra responsabilidad de hacer posible un mundo mejor en el que las empresas alcancen tanto la rentabilidad como la satisfacción y el propósito.


miércoles, 16 de agosto de 2017

Conseguir lo máximo ¡con lo mínimo!



En vacaciones mantengo conversaciones interesantes con algunos familiares y amigos. No es que el resto del año no lo haga, sino que la época estival alarga atardeceres y sobremesas propiciando cierta "reflexividad" sobre temas que en verdad importan todo el año.

Una joven profesional de mi entorno se mueve en las esferas internacionales entre tiburones de las finanzas: muchas son las zozobras que le alcanzan, e intensa la curva de aprendizaje. Dando un paseo a orillas del Cantábrico, me pregunto qué opinaba de un asunto laboral que no sabía cómo gestionar. Yo le dije que estaba de vacaciones así que las dos nos reímos con ganas, seguimos caminando, y tras un rato de silencio le dije el consabido (y mágico): ¡cuéntame!


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Obviaré los detalles del caso para preservar la confidencialidad y porque no resulta esencial para lo que quiero compartir. 

Tres son las cuestiones que conviene tener en cuenta en el contexto profesional que compartes -le dije, justo cuando una ola me alcanzaba el borde del vestido-. La primera, la eficacia, que consiste en hacer bien las cosas: tener competencias y conocimientos que te permitan desplegar tu trabajo de una manera satisfactoria. La segunda, hacer bien lo que hay que hacer, y eso implica visión global, capacidad de análisis, priorizar, elegir, desestimar... hacer bien lo que hay que hacer es una eficacia al cuadrado que mejora radicalmente muchas de las fábricas, despachos, equipos y líderes a los que entreno...

Hice un silencio, le mire inquisitivamente, y -al comprobar que me seguía con genuina atención- le pregunté si quería saber un poco más de mis aprendizajes de los últimos quince años sobre el terreno industrial. Dijo que sí, que ¡por supuesto! que le resultaba muy valioso. Yo opté por creerle y seguí con mi discurso... 

A la eficacia de primer y segundo nivel hay que añadir la eficiencia, que consiste en hacer bien lo que hay que hacer ¡con el mínimo desgaste!


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¿Qué quieres decir con "el mínimo desgaste"? -me preguntó-. Pues... la mínima inversión de energía, tiempo, dinero, esfuerzo, controversia o lo que fuere. ¡Vaya! dijo, eso sí que es desafiante. Sí -le contesté yo- incluso para los profesionales senior no es fácil precisar cuál es el mínimo a invertir para conseguir lo máximo... Parece un trabalenguas  -dijo la joven-. Después nos desprendimos de la ropa y delante del náutico nos dimos un estupendo chapuzón. ¡Verano!