miércoles, 4 de enero de 2017

Jaque mate a lo imposible



Estoy contenta porque tengo un proyecto nuevo. En realidad todavía está en fase beta (pre-diseño) y es precisamente ese magma de potencial en estado puro lo que ¡me fascina! Todo por trazar sobre el papel sin más límite que la cordura. Todo por hacer: imaginar escenarios imposibles y alcanzarlos -a caballo entre el sueño y la estrategia, lo que algunos llaman visión-. 

Esta mañana he visitado una fábrica del sector de la automoción cuyo director general quería explorar posibles colaboraciones. Dejando atrás los cero grados de San Sebastián, me he adentrado en escarcha de los montes de Vizcaya, donde radica la empresa-cliente. Tras registrarme en el control de seguridad y obtener mi pase-identificador, he accedido al edificio principal donde ya me esperaba la directora de recursos humanos. Dos minutos después ha llegado el DG. 

El interior de la fábrica de armas de Trubia.

No les abrumaré con los detalles técnicos de la reunión -sometidos a rigurosa confidencialidad-, pero compartiré que horas después del encuentro mi socio me ha preguntado por qué estaba tan contenta y si realmente había ido tan bien la reunión. ¿Bien? ¡Superbién! -le he dicho- y entonces ha querido que le contase los detalles para descubrir que me entusiasma transformar el potencial gaseoso de los equipos en objetivos líquidos y finalmente en realidades sólidas (como suelo explicar en las escuelas de negocios). ¿Y en concreto? -me ha preguntado con su prosaico enfoque que tanto me ayuda y desespera a la vez-. En concreto hay que diseñar un proceso que haga posible que todos los recursos de la organización funcionen de una manera óptima para lo que necesitaremos: entusiasmo, persistencia, método, ilusión, desafío, inspiración, conocimiento, coraje, medios, espacios y tiempo. Vale, como siempre -ha dicho mi estóico compañero-.

El interior de la fábrica de armas de Trubia.
Y aquí estoy, cincelando la propuesta en fase beta, calibrando la fuerza de la resistencia -que habrá que sortear-. investigando los antecedentes de esos 45 años de historia empresarial, revisando los ratios de rentabilidad operativa y pensando como rebajar el coste industrial...

¡Cómo no sentir mariposas en el estómago! ¡Cómo frenar mis dedos que quieren diseñar-diseñar-diseñar para saltar cuanto antes a la acción y despejar el horizonte haciendo posible lo imposible! Pues no entiendo -dice el flemático- en realidad todavía no ha comenzado el proyecto ¿no? en fin -añade- me voy a hacer los impuestos que este mes toca. ¡Vale! -le contesto- y retomo mi contento...