domingo, 22 de enero de 2017

Transformar comienza por ¡Cambiar!




Este fin de semana he estado trabajando con empresarios, directivos y profesionales de diversos sectores gracias a Ibercaja, mi partner en Aragón. Todo comenzó con Mario, el ermitaño, en la tercera jornada pedagógica sobre la Construcción de Equipos para Transformar las Organizaciones.

Mario habita una caracola abandonada en el fondo marino hasta que se le queda pequeña y entonces se propone un cambio, qué digo... ¡un Cambio! con C mayúscula como la que le acompaña en la fotografía.

La inocente metáfora se queda en la memoria de los profesionales mucho más tiempo que la pura transmisión verbal del concepto "cambio" que -según Heráclito- es lo único permanente. Así que (obsesionada por aportar) me rodeo de artilugios-metáfora que representan conceptos esenciales para el ejercicio del liderazgo. En la fotografía inferior vemos a Beto, Javier y Miguel Ángel practicando la reflexividad (Michael West, Universidad de Lancaster) para alcanzar conclusiones que a través de "cambios intencionales" les lleven a mejoras en su manera de gestionar mientras permanecen a la escucha del mercado y los clientes sin olvidar la propia visión empresarial.




El cambio es la piedra filosofal de la transformación personal, profesional y empresarial, y la probabilidad de que un cambio fructifique -según el decano de Oxford, Theodore Zeldin- responde a la fórmula: E =  C   x    A. (E) Eficacia del cambio igual a la (C) calidad de las soluciones técnicas acometidas multiplicado por la (A) actitud (compromiso) de las personas que han de llevarlo a cabo. Santos -un directivo del sector informático- aportó su experiencia con comerciales a los que facilita la última tecnología del mercado que no utilizan (porque temen ser hiper-controlados). ¿Resultado? por más sofisticado y de vanguardia que sea, el cambio tecnológico no sirve si no va acompañado de una actitud positiva, receptiva, abierta y comprometida de las personas que han de implementarlo.

Finalmente en nuestro grupo de aprendizaje gustó la diferenciación entre los cambios intencionales (que pones voluntariamente en marcha) y los adaptativos (que te ves obligado a asumir). Quedamos persuadidos de que el cambio intencional es recomendable por varias razones: te permite planificar + eliges cuándo lo realizarás, cómo, con quién y para qué + te permite ir un paso por delante + debido a las razones anteriores, se incrementa la probabilidad de que salga bien. Los empresarios, directivos y profesionales de Aragón y yo nos reuniremos en febrero para seguir construyendo equipos que transformen las organizaciones. 



¿Qué "cambios intencionales"
ha puesto en marcha en los últimos seis meses?