jueves, 5 de marzo de 2026

Mujeres y Alta Dirección... ¡Algo no va!

 

Comencemos por el principio: no soy feminista de violetas en el ojal. Tampoco cierro los ojos a lo que acontece. Trato de mantener el equilibrio entre mi propia experiencia profesional, la percepción directa del mercado laboral y los informes que analizo.

Trabajé dos décadas por cuenta ajena en un entorno casi exclusivamente masculino que -sin embargo- no dudó en nombrarme directiva cuando el conocimiento, la experiencia y el mérito fueron suficientes. No tengo queja.

Trabajo por cuenta propia desde hace dos décadas en entornos donde la mayoría de los decisiones son hombres y -sin embargo- no he tenido dificultad alguna para realizar proyectos en más de trescientas empresas de todos los sectores y tamaños. No tengo queja.

Analizo informes internacionales que reflejan la evolución de la mujer en el entorno laboral al mismo tiempo que observo lo que acontece en los Comités de Dirección en los que participo como profesional independiente. Tanto mi perspectiva histórica como el análisis de informes y la observación directa sobre el terreno ofrecen la incómoda sensación de que algo no va...




Desde el año 2003 la firma internacional Grant Thornon elabora informes anuales sobre la mujer en los negocios. Se acaban de dar a conocer las cifras del 2026 que resultan inquietantes. En España las mujeres que ocupan puestos de dirección general alcanzan un porcentaje diez puntos inferior al que ostentaban hace tres años = notable regresión de presencia femenina en el primer nivel de las compañías.

Aunque quizá aleatoria y subjetiva, mi percepción sobre el terreno coincide con la estadística. Preocupante. Mucho. ¿Por qué? No se trata solo de que el dato suba o baje -que ya es relevante- sino del análisis cruzado con otras realidades que acontecen: en 2026 las leyes amparan la paridad y nunca hubo tantas organizaciones cuya única finalidad es impulsar a las mujeres que lo merezcan a puestos de alta dirección. A la vista de los datos, legislación y asociaciones feministas resultan necesarias pero no suficientes para transformar la realidad. El informe Grant Thornon consolida la incómoda sensación de que algo no va...

Al igual que en la empresa la cultura organizacional se come a la estrategia para desayunar (Peter Drucker), la cultura social dominante (paradigmas, sesgos, usos, costumbres, complejos, hábitos, creencias y limitaciones) erosiona el impacto de las leyes, debilita los esfuerzos de las instituciones, e invalida muchas de las iniciativas (bienintencionadas) de las asociaciones feministas. 

En cuestión de paridad, la realidad se impone a la declaración de intenciones: lo tácito vence a lo expreso. Si de verdad aspiramos a una paridad en liderazgo, el informe Grant Thornon es toda una llamada de atención para que instituciones y asociaciones revisen sus estrategias y (acaso) modifiquen sus planes de acción.


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