miércoles, 14 de agosto de 2019

Deporte: el nuevo Elevator Pitch



Relato de verano. Mi primer jefe recomendaba salir del despacho para capturar primicias. Él mismo pasaba buena parte de sus jornadas en las barras de algunos locales de lujo de mi Bilbao natal. Bebía, claro que bebía, y se relacionaba con políticos, empresarios y futbolistas de moda. De vez en cuando levantaba una noticia que al día siguiente hacía un titular a cinco columnas en El Correo, periódico de referencia en Vizcaya, así que su "método" funcionaba, le funcionaba. 

Yo era una mujer tímida que apenas superaba los veinte años y no bebía, así que mi falta de descaro y estómago me mantenían en la madriguera de la redacción de la que solo salía para cubrir ruedas de prensa, atentados y eventos cuya convocatoria había sido cuidadosamente planificada por el gabinete de comunicación del partido político, empresa o sindicato correspondiente. Mi método pocas veces generaba una noticia a cinco columnas, aunque llenaba algunos espacios informativos.




En 2019 reconozco que las verdaderas noticias -como los verdaderos negocios- no se gestan en los despachos ni son cuidadosamente planificados, sino fruto de algunas casualidades no del todo azarosas... Me ha costado décadas de ceguera e ingenuidad reconocer que mi primer jefe tenía razón y que el mundo no funciona bajo el foco de luces y taquígrafos.

Como entrenadora senior de líderes soy testigo de que la carrera de un profesional no depende tanto de su capacidad y entrega a la empresa cuanto de la jerarquía de las principales personas con las que se relacione ya que el organigrama conlleva poder e influencia. Poder de tomar decisiones e influencia para que otros las apoyen.

Para hacer carrera hay que ser un profesional y parecerlo ante quienes pueden decidir promociones, degradaciones y despidos. Ser + Parecer + Relacionarse con las personas adecuadas, en el lugar adecuado y en el momento adecuado: Branding o proyección de la "marca personal". Este tema salió como favorito en el claustro de alumnos del curso de verano que he impartido hace unos días en la Universidad del País Vasco a profesionales senior de todos los sectores.

La máquina de café y el espacio de fumadores son los lugares donde los profesionales hacen contactos entre sí. Se trata de un estrato básico que no juega en la primera división. Quienes realmente deseen hacer carrera tendrán que incorporar a sus rutinas el running o el pádel (mandos intermedios) o el golf (alta dirección).

La lista de trending topic afirma que participar en carreras de empresa puede impulsar promociones y que armado con un palo de golf se pueden cerrar los contratos de la historia. De hecho, el 51,5% de los directivos de las empresas del Ibex 35 juegan al golf. Curfioso ¿no les parece?




sábado, 10 de agosto de 2019

El horizonte 2032



Relato de verano. Como el yudoca rompe un ladrillo de un golpe certero, Tony Robbins ha desintegrado mi auto imagen, lo que incrementa el desconcierto estival.




El canon señala las diez mil horas de ejercicio profesional como el umbral para ser considerado un experto en cualquier materia: ingeniería, abogacía, ortodoncia... también en coaching o entrenamiento a líderes y equipos empresariales. Alcanzadas las doce mil horas dejé de acumular fichas de sesiones en el despacho de San Sebastián: la montaña de papel alcanzaba el metro y medio, semejante  cantidad superaba las exigencias de todas las certificaciones internacionales y cumplimentar una ficha técnica tras cada sesión ya no aportaba al proceso, al cliente ni a mí. Finito. Stop. Dejé de hacerlo. 

Por aquel entonces (2016) Sir John Whitmore me confirmó que en Europa existían pocos coaches certificados que hubiesen trabajado tantas horas entrenando a profesionales y equipos. Me sentí orgullosa y continué con mi oficio. 

Dejé de contar horas y de acumular papel pero seguí trabajando con intensidad. En 2019 desconozco el número de horas llevaré en esta profesión pero hasta hoy me sentía una experta en la materia.  Hasta hoy, jornada en la que Tony Robbins ha destrozado mi auto imagen ya que afirma que para ser considerado un experto hay que practicar al menos treinta años tu oficio. ¡Treinta años!

Comencé en el 2002, sumo treinta años y me pregunto si la vida me alcanzará hasta el 2032. Después me voy a la playa: al menos el horizonte sigue al fondo del Cantábrico y consuela porque en verano pierdo algunas coordenadas que me orientan: sin horario ni clientes, sin obligaciones ni rutinas, sin cansancio... Lanzo mi pupila a la línea del horizonte y me pregunto si los barcos caerán del otro lado... Recojo mis bártulos y vuelvo a casa desorientada: hasta el año 2032 no seré considerada una experta por Tony Robbins. Huggg.





lunes, 5 de agosto de 2019

Escribir sin censor ni corrector



Relato de verano. El cormorán llega, se sumerge entre las rocas que deja el puntal en bajamar, sacude sus alas en lo que parece ser un saludo y se centra en la tarea de pescar en la que se juega la supervivencia. Es muy eficaz y captura dos pececillos en el rato que me tomo un café solo en el pretil del Peine del Viento, en mi querida San Sebastián. Calculo que demoro diez minutos, doce si está muy caliente.




Este lugar es la representación de la libertad. Cada mañana bajo las escaleras obviando el cartel de prohibido-precaución y me sumerjo en el Cantábrico hasta que siento frío y regreso a las rocas de acantilado donde es fácil resbalar a la mínima distracción. Como lo hago todos los días he perdido el miedo y me muevo con cierta agilidad -aunque a años luz del cormorán-. La libertad que siento es la de estar sola en un lugar algo inhóspito en completa comunión con el salitre, el aire, las rocas y las decenas, cientos, miles de cangrejos que viven aquí. Realmente nada de lo que pueda escribir transmite algo de la vigorosa sensación que aporta el mar, la mar que dicen los arrantzales (pescadores vascos).



Por la tarde persisto en mis prácticas de escritura automática: veinte minutos a chorro (sin censor ni corrector) cuyo objetivo es limpiar, limpiar, limpiar mi interior; volcar, volcar, volcar pensamientos primarios y soltar la mano antes de construir la estructura de un libro al que quiero dedicar algunas horas este año (septiembre 2019-septiembre 2020).

Soltar la mano es otorgarse la libertad del cormorán que no rinde pleitesía a nada, a nadie, que no se atiene sino a las normas primigenias de la existencia, que se centra en la tarea con el refinamiento de un maestro zen y que no necesita nada para estar en sintonía con el universo del que yo misma formo parte. Veinte minutos con la mano en movimiento, letra prieta y abigarradas frases sin punto y aparte en un cuaderno hecho en India para una empresa con sede en Nueva York www.galison.com  cuya tapa de tela es muy agradable al tacto. No quiero que se me acabe antes de un mes y a este paso ¡no me alcanzará!

La influencia de Natalie Goldberg en mi escritura es una invisible, dulce y alentadora huella que me alimenta desde que la descubrí en algún momento anterior al 2012, cuando leí por quinta vez El gozo de escribir. La décima lectura (agosto de 2019) sigue nutriendo mi alma con la frescura de quien comparte su verdad sin pretensiones: la desnuda, ruda y bella verdad de quien tiene algo que contar sin pedir nada a cambio salvo un poco de respeto por "El gozo de escribir", un libro que recomiendo. 


sábado, 3 de agosto de 2019

La pantalla grande ¿amplia el mundo?



Relato de verano. Mi familia quiere regalarme un iMac (Apple), así que hoy hemos peregrinado nueve kilómetros a pie al centro de la ciudad para visitar dos tiendas frías, feas y tecnológicas que ofrecen los últimos modelos. El teclado me ha parecido muy plano (cada vez se aleja más de la máquina de escribir Underwood que utilicé en los años noventa cuyas letras había que golpear para que tatuasen el papel).




La pantalla del iMac es muy grande y mi hija dice que aporta libertad. Las dos pensamos que es una herramientas de trabajo: no más, no menos. Yo intuyo que expandirá el espacio de mi mente. En casa consideran que lo necesito ¡ya mismo! Yo no estoy convencida.

Por la tarde hacemos una búsqueda on line para contrastar precios que oscilan unos 300 euros arriba-abajo y acabamos de perder una ganga en El Corte Inglés donde los ordenadores-rosquilla han desparecido bajo demanda de consumidores golosos y avezados.

Creo que me haré a la pantalla grande, al teclado plano y al cierre del programa desde la izquierda. Y será una gozada si es más rápido que el denso (y sobrecargado) ordenador que utilizo desde hace ocho años. Por cierto, no sé qué haré con el viejo una vez que lo vacíe ¿venderlo? ¿regalarlo? ¿tirarlo? ¿reciclarlo? No sé. Bueno... todavía está vivo, entero, entre nosotros hasta que tenga sustituto. Mac. Mac. Mac. Bip. Bip. Bip. 



domingo, 28 de julio de 2019

El liderazgo es... ¡una decisión!



No sé si la simplicidad es la máxima sofisticación -frase atribuida a Leonardo da Vinci- pero cuando en una conferencia, taller o formación me hablan de la sencillez con la que se entiende lo que explico y de la facilidad  con la que hago las cosas me siento un poco tonta porque lo que fluye con aparente espontaneidad lleva muchas horas de trabajo y un diseño artesanal de cada una de mis intervenciones en público.




Doy los últimos retoques al power point que utilizaré mañana (lunes 29) en la Universidad del País Vasco, ensayo la narrativa que ilustra las slides, repaso los apuntes de oratoria, preparo los identificadores de los participantes, me aseguro de llevar materiales para todos y, finalmente, dibujo un canon de contra-normas para colgar en la pared con la intención de que propicie un clima de apertura al aprendizaje y la experimentación en aula. No sé si lo conseguiré, pero me afano en la intencionalidad de conectar con los alumnos, despertar su curiosidad y -en mi modestia- aportar algunas experiencias testadas en el mundo real por si pudieran servir de atajo a quien quiera transitarlo.




Dicen que un buen taller experiencial deja en los alumnos tres o cuatro ideas germinales: semillas que florecerán semanas, meses o años después. No aspiro a más.

¿Cuál es la propuesta esencial del taller que impartiré en el Palacio de Miramar (San Sebastián)? Que el liderazgo es ¡una decisión! ¿Otras ideas complementarias? Liderar es apostar por tus propios sueños minimizando las influencias limitantes de tu entorno social. Apostar por tus sueños, transformarlos en objetivos alcanzables, persistir -como Demóstenes- hasta el logro y celebrar... Celebrar la vida. ¿Qué más? Liderar es movilizar la totalidad de tu potencial dejando marchar el miedo, la inercia, los juicios, los prejuicios… ¿Algo más? Inspirarte en modelos referenciales (personas que lo han conseguido) y buscar un mentor que acompañe tu desarrollo porque "... el límite es el cielo..." (Anthony Robbins).



jueves, 25 de julio de 2019

Tener razón o... ¿solventar las diferencias?



En la vida -como en la literatura- existen personajes redondos y planos. La semana pasada trabajé como mediadora en un conflicto entre dos directivos: la experiencia resultó dolorosa para los tres. Y -aunque encauzada por lo que se refiere al canon profesional y las tareas- tengo la sensación de que el argumentario que cruzaron durante cuatro horas -con breves intervenciones mías- no llegó a medirse en el mismo plano. Quiero sin embargo imaginar que sus discursos convergerán en algún punto del infinito laboral que les espera tras el verano.



La escritora veterana Espido Freire 
charla con la escritora novel, Adriana,
en un descanso del curso de verano de la UPV. Palacio de Miramar.


El personaje plano no aprende de la experiencia sino que se aferra a un conjunto de creencias en una huida hacia adelante que no modifica la hoja de ruta inicial. Puede dar la sensación de seguridad o criterio, si bien lo que hay detrás de semejante cerrazón es pura terquedad y soberbia. Los personajes planos que no digieren la experiencia no son coacheables (*) porque con independencia de los hallazgos del proceso realmente no contemplan modificaciones de conducta: prefieren tener razón que solventar sus diferencias o mejorar los resultados y -en este sentido- su sufrimiento es estéril porque no conduce a aprendizajes. 

Por el contrario los personajes redondos de la literatura y de la vida modifican sus criterios, comportamientos y creencias en sintonía con la experiencia que acontece. Diríase que evolucionan y se acompasan a los quiebros de la existencia. Estas personas son receptivas a los descubrimientos que propicia un proceso de coaching y muestran predisposición a los cambios de los que se derivan nuevos (y esperanzadores) resultados. Cuando los profesionales de perfil "redondo" sufren contratiempos saben transformar los traspiés en aprendizaje y por lo tanto se hacen más sabios.



(*) Ser / No ser coacheable: algunas personas son inmunes a los beneficios de un proceso de coaching que exige receptividad a nuevos descubrimientos y predisposición al cambio.  

martes, 23 de julio de 2019

¿Cuál es tu visión del mundo? ¡Escríbe!



La recurrencia de los temas que me esperan -agazapados como alimañas en las esquinas de mi mente- se repiten. La recurrencia de las acciones pendientes se acumulan: dos décadas más tarde de la muerte de mi padre aún no he llorado su ausencia. De la misma manera persiste mi interés por la escritura como un oficio que permite afinar la visión propia del mundo.

Vuelvo a los temas que me configuran desde que me alcanza el recuerdo; entre otros el deseo de escribir -anhelo narcisista de que te lean- y abreviado psicoanálisis del pensamiento.

Escribir es un arte-facto ¡hay que hacer (facto) algo! afirma la escritora Espido Freire en el curso de verano de la Universidad del País Vasco al que asisto para aprender la "pedagogía de la creación literaria".

La sala noble del Palacio de Miramar (San Sebastián), las arañas del techo, la visión de la bahía, los turistas asiáticos fuera del recinto, la voz culta y modulada de Espido Freire narra el conocimiento, la experiencia y el criterio de quien ha hecho de la escritura un oficio vocacional y rentable. Admirable.

Sesenta bolígrafos galopan sobre los cuadernos para seguir el verbo rápido y preciso de Espido que insiste en que la escritura es un proceso al que hay que dotar de estructura. ¿Estructura? Narrador + Punto de vista + Personajes + Trama + Espacio + Tiempo + Atmósfera + Simbología. Me ha gustado especialmente el concepto "atmósfera": destilado del tono, estilo, descripciones, datos, hechos y circunstancias... 




No puedo evitar que mi mente establezca paralelismos con la empresa y la necesaria creación de atmósferas para que las cosas ocurran: conversaciones pendientes, disolución de conflictos, normas consensuadas, comunicación empática... Bien mirado la empresa también es un arte-facto ¡han de ocurrir cosas!

Después cita muchos autores que conoce y párrafos de obras clásicas. Finalmente recomienda Seda de Baricco, Lluvia amarilla de Llamazares y Crónicas marcianas de Ray Bradbury... Tan pronto llego a casa cojo el taburete de la biblioteca y me topo con una treintena de volúmenes especializados en el bello arte de escribir. Vuelvo: si mi vida fuese una noria esta sería una nueva rotación. Comienzo con F.Scott Fitzgerald: "... Uno ha de escribir para los jóvenes de su generación, los críticos de la siguiente y los maestros de todas las generaciones posteriores...".  Espido estaría contenta: ganó el Premio Planeta a los 25 años, los críticos le siguen y los maestros de literatura llenaban hoy la sala noble del Palacio de Miramar.