domingo, 23 de enero de 2022

Taller Práctico. Febrero 2022. Portugalete. Comunicar áreas de mejora sin herir.


Desde el año 2002 vivo en San Sebastián y -aunque en coche solo está a una hora de Bilbao- no tiene el aroma de mi infancia. A veces añoro mi tierra, así que todo pretexto que me acerca a la capital vizcaína es bienvenido. 

Dentro de unos días ofreceré un taller en Portugalete, muy cerca del Puente Vizcaya construido a finales del siglo XIX por los arquitectos Alberto de Palacio y Elissague. Viajaré desde San Sebastián hasta Las Arenas y allí tomaré el transbordador que me llevará al otro lado de la ría del Nervión (Portugalete) y a unos metros del Centro Cultural Santa Clara donde impartiré dos jornadas de formación.



Me siento ilusionada y agradecida al Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Portugalete que organiza y financia el taller que permitirá a los asistentes aprender a dar y recibir feedback, es decir, áreas de mejora sin herir la sensibilidad de las personas. Aunque así formulado no parece gran cosa, el feedback (practicado con método) tiene enorme potencial transformador y es uno de los secretos que propicia la mejora continua (Kaizen) de los profesionales, los equipos y las organizaciones.

Hasta la fecha he impartido esta píldora formativa en decenas de ocasiones bajo diversas fórmulas: en abierto, "in company" para empresas de diversos sectores, y en colaboración con instituciones (como es el caso). 




¿Qué dicen los asistentes al taller? "Ha superado todas mis expectativas, es buenísimo". "Si se repite, se lo recomendaré a mis compañeros de trabajo porque es muy práctico". "Esta formación debiera ser obligatoria para las personas que coordinan equipos". "El taller me ha servido incluso para mejorar mis relaciones personales". "Las dinámicas en aula permiten integran los conceptos y el estilo de la docente es muy ameno"...

El taller se impartirá los días 4 y 11 de febrero 2022, en Portugalete (Vizcaya). El horario es de 9:30 a 13:30. Las plazas son limitadas, previa inscripción en este link. ¡Ojalá nos veamos allí! 

martes, 4 de enero de 2022

Burnout, línea roja en la sociedad del cansancio

 

Casi un mes sin escribir en el blog. Mucho tiempo. Los lectores que disfrutan de lo que comparto me escriben para preguntar qué hago, dónde estoy... Siento mucha gratitud. 

Alterno mi existencia entre los proyectos en las empresas que me contratan (producción) y la vida. En algún punto intermedio entre ambos se ubica el tiempo que dedico a reflexionar en voz alta en este espacio que amo y descuido (como hacemos con los seres queridos).

Mi oficio de consultora es hermoso: permite trabajar con personas, para las personas, en compañía de personas ¡un lujo! porque dota de utilidad y sentido mis conocimientos y experiencia y -al mismo tiempo- permite capturar un muestreo de lo que acontece en la sociedad. Aunque las conclusiones que alcanzo pueden estar equivocas (y carecen del rigor de una tesis doctoral en Standford) tienen la cercanía y la frescura de los humanos que entreno, mentorizo, impulso y apoyo en algún momento de su trayectoria profesional. 

Los últimos meses han sido intensos para muchos de mis clientes en los que he sentido un sustrato de hartazgo por sobredosis laboral. Si tuviera que cuantificar un porcentaje de afectados por situaciones cercanas al burnout (síndrome del quemado) diría que un sesenta por ciento lo que es un porcentaje preocupante ¿no les parece?



Deseosa de aliviar el sufrimiento de estos profesionales he dedicado parte de mis vacaciones navideñas a la investigación del burnout para entender sus causas y -sobre todo- las claves para atajarlo. Uno de los textos que alumbra el sendero de la recuperación del burnout es el libro escrito por las hermanas Nagoski (Emily y Amelia) publicado en New York en el año 2019.



Dejemos a un lado el tópico pero abracemos la evidencia: las mujeres padecen con mayor intensidad y frecuencia situaciones de agotamiento. ¿Cuáles son las causas? Según los datos que manejan las hermanas Nagoski las mujeres compaginan varias listas de tareas cada una de las cuales resulta exigente (y agotadora) en sí misma. 

Pongamos un ejemplo: una profesional tiene su listado de asuntos pendientes como su compañero de oficina, además posee el listado de tareas vinculadas a las actividades extraescolares de los niños, las propias de la asistenta, las inherentes a la compra de alimentos, la planificación de las vacaciones, las anotaciones sobre las fechas de vacunación del sarampión. También siente la presión social de mantenerse estupenda (para lo que es imprescindible hacer deporte), contenta (para lo que ha descansar un mínimo suficiente) y motivada (para lo que es preciso ver la luz al final del túnel). 

La profesional de nuestro ejemplo corre, corre, corre, hace todo lo que puede, da lo mejor de sí misma, lo intenta una y otra vez y no llega a completar las cinco-siete listas de tareas que se espera realice lo que le provoca frustración, enfado, sensación de impotencia, tristeza, cuestionamiento de su propia valía y un círculo vicioso llamado burnout. ¿Cómo salir de este centrifugado existencial?

Chequea si eres un perfil "giver" (dador/a) -rodeado de perfiles receptores- ya que los "givers" sufren burnout con mayor intensidad y frecuencia... Como en los aviones: ponte la mascarilla de respiración antes de asistir a otros... ponte en la ecuación. Aprende a detectar los "estresores" tangible e intangibles: comentarios ácidos de tu pareja, exigencia fuera de lógica humana de tu superior... Descansa lo que necesites sin esperar a poder descansar cuando las circunstancias lo permitan... Descubre los tres mecanismos con los que reaccionamos los humanos: huida, ataque, bloqueo y observa que el bloqueo es un síntoma preocupante... El libro merece las ocho horas de lectura serena que precisa comprender la profundidad psicológica del burnout. 

Al término del post me acuerdo del filósofo Byung Chul y de su teoría de la "sociedad del cansancio". La civilización del cansancio nos rodea, quizá ha llegado el momento de poner observación y consciencia sobre nuestros comportamientos para decidir el modo en el que (realmente) deseamos vivir.

Artículo relacionado: Pilar Jerico en El País.

lunes, 6 de diciembre de 2021

La belleza como nutriente del alma

 

La niña atípica que fui pervive en la anciana atípica que soy. La niña y la anciana han caminado juntas mucho trecho del camino y se conocen bien: respetan sus diferencias y celebran sus coincidencias. Una de las más notables es su pasión por la belleza contemplativa que encuentran de manera recurrente en tres escenarios: la naturaleza, el arte y los templos, lugares donde el silencio permite escucharse a uno mismo y conectar con el todo, ese concepto holístico e integrador que nos contiene.


Ignacio Zuloaga en el Museo Bellas Artes. Bilbao.


La contemplación de la belleza es un deseo que en la edad adulta se ha tornado necesidad al punto de que si paso unos días sin estar en la naturaleza o en la quietud de un museo el alma se marchita y el cuerpo languidece de cansancio...

La belleza -entendida como gozo de la naturaleza, el arte y los templos- no es un lujo sino una necesidad en las personas forjadas en la trascendencia. Reconozco haber sido educada en un colegio de monjas que contenía a escala los tres referentes: un jardín grande, algunas esculturas de mármol en los pasillos y una capilla.


Chillida en el Museo de Bellas Artes. Bilbao.

La actividad profesional como entrenadora senior de líderes y equipos empresariales es apasionante y exigente: en cada intervención he de movilizar lo mejor de mi misma y al cabo de días, semanas, meses y años de trabajo va erosionando algunos átomos vinculados a la esperanza, la confianza, la defensa de datos y evidencias, la búsqueda de justicia (acaso de equilibrio) entre el dar y el recibir, planificar y fluir...  

Mi actividad es fascinante y en su exigencia se lleva parte de los nutrientes de mi alma. La conexión con la belleza consigue reparar la erosión.

Hace dos semanas me levanté exhausta, fui consciente de mi desgaste y tomé una decisión: viajaría al Museo de Bellas Artes de Bilbao, un lugar que me resulta familiar ya que durante años visité regularmente cuando vivía en la capital vizcaína. En el museo fui recuperando mi energía y en parte mi alegría, retornaron la esperanza, la confianza, la búsqueda de la justicia, la pasión por los datos y las evidencias, la planificación y la fluidez... Recuperaba nutrientes cuadro a cuadro de autores que admiro desde la adolescencia y al cabo de una hora ya era totalmente yo y al cabo de dos horas y un cortado en la cafetería del museo (frente al parque en su esplendor otoñal) me sentía totalmente recuperada. Allí estaban el arte, el silencio, la naturaleza... y allí estaban los anhelos trascendentes de los pintores conectados a su pasión y a su destino. Pura belleza, pura inspiración.

Hoy leo a Saundra Dalton Smith, investigadora, psicóloga y escritora quien afirma que para sentirnos "descansados" (plenamente energéticos) necesitamos algo más que dormir, hacer deporte y comer bien. Según la escritora los humanos también precisamos descanso social (soledad), descanso sensorial (ausencia de ordenadores, móviles y televisiones) y -sobre todo- necesitamos belleza, arte y naturaleza... Voilá. ¡Justo!


En el Museo de Bellas Artes. Bilbao.


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Vacío existencial: una depresión íntima difícil de combatir.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Repensar la actividad laboral

 

Vivimos un déficit de esperanza. Alcanzo esta conclusión (parcial y revisable) después de algunas lecturas, ciertos paseos y la observación del mundo circundante. 

El déficit de esperanza está detrás de los trabajadores que renuncian voluntariamente a su empleo en Estados Unidos, Europa y España -con matices en cuanto a las razones e intensidad de la tendencia-: en Estados Unidos abandonan su trabajo cuatro millones de personas al mes (3% de la fuerza laboral americana), en España aún no hay datos pero se intuye que el impacto es menor.



Hay un rethinking de la actividad laboral y aún cuando para la mayoría de los humanos sigue siendo imprescindible trabajar para subsistir, emergen otras cuestiones. La precariedad salarial, contractual, física, emocional... ¿es algo inevitable? Los episodios de ansiedad, frustración, depresión (riesgos psicosociales)... ¿forman parte del precio a pagar por un empleo? ¿Cuál es el umbral en el que se pierde la dignidad profesional? y lo nuevo: tras el trabajo en remoto (obligatorio por cuestiones sanitarias covid) ¿es realmente esencial la presencialidad cinco días a la semana en la oficina? Detrás de estas y otras preguntas emerge la dicotomía vivir para trabajar o trabajar para vivir.

Sin alcanzar conclusiones efímeras -hay que esperar la consolidación de tendencias- el planeta gira a una velocidad inusual sobre su propio eje alterado por un sinfín de fenómenos que plantean nuevos desafíos.

En este contexto leo cuanto puedo en búsqueda de referentes que permitan contrastar mis percepciones a pie de fábrica, despacho, industria o institución... Hallo un dato que parece tangencial y al que, sin embargo, otorgo sentido: el gobierno japonés acaba de inyectar 429.000 millones de euros (la aportación excepcional más alta de su historia) con el objetivo de elevar el nivel de esperanza con el que viven los japoneses. Esperanza, ese intangible que orienta...



El déficit de esperanza con el que viven los habitantes del planeta tiene sin duda múltiples niveles de análisis, complejas causas, destructivos efectos e infinitas líneas de trabajo en la búsqueda de soluciones. 

Aporto mi humilde testimonio en la consciencia del privilegio de poder ejercer una profesión vocacional: la práctica apasionada de un oficio torga sentido (y esperanza) a los sinsabores cotidianos, esas luces y sombras que tan bien documenta mi admirado Robert Caro (en la fotografía) ganador de dos premios Pulitzer. Cuando le preguntan a Robert Caro por qué sigue utilizando la vieja máquina de escribir Smith Corona Electra 120 (que no se fabrica desde hace décadas) responde una frase de cinco palabras que contiene la sabiduría de un haiku: "... para obligarme a ir lento...". A sus 86 años, Caro encara su vida (y oficio) pleno de esperanza que orienta la calidad y precisión de sus publicaciones.


viernes, 5 de noviembre de 2021

¿Somos más inteligentes que nuestros abuelos?

 

En 2007 el científico neozelandés James Robert Flynn publicó un libro cuyo mensaje principal era la evolución del coeficiente intelectual de los humanos. Según el científico, las personas eran cada vez más inteligentes y avanzábamos en las artes y las ciencias. El libro se tituló: Más allá del Efecto Flynn.


El científico J.R. Flynn


En 2021 el profesor de estrategia en la Escuela de Estudios Superiores de Comercio (Paris), Christophe Clavé, afirma que la tendencia evolutiva descrita por Flynn ha dado una vuelta de campana (se ha revertido) y los humanos utilizamos cada vez un lenguaje más pobre y reducido (entre 400 y 750 palabras), manejamos un pensamiento simple, somos incapaces de conectar neuronas (sinapsis) y estamos inhabilitados para el pensamiento crítico. Cabe preguntarse cómo ha podido ocurrir semejante catástrofe en tan solo catorce años.

Sin duda el fenómeno tiene un origen multifactorial: la inteligencia artificial, la digitalización, el uso y abuso del móvil, la escasa lectura de libros, la primacía de lo visual (televisión, vídeos)...

Considero una catástrofe de dimensiones gigantescas que se esté produciendo una merma del pensamiento complejo porque no entiendo cómo ser un humano en plenitud sin contrastar datos, evidencias, perspectivas y puntos de referencia (lo que exige pensamiento complejo). No entiendo cómo ser un humano en plenitud sin leer y sin el conocimiento de algunos miles de palabras. Finalmente no entiendo la evolución sin desafiar el status quo (lo que exige pensamiento complejo y crítico).  ¡Frenemos esto, por favor!


Artículo completo y vídeos sobre el Efecto Flynn pinchando aquí

Artículo completo del profesor Christophe Clavé pinchando aquí

Vídeo de Antonio Damasio relacionado con el tema pinchando aquí. Duración: 60 minutos.

domingo, 24 de octubre de 2021

Más allá de la sociedad del cansancio


"No puedo más (cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada)" es el título del texto escrito por Anne Helen Petersen tras haber publicado en el año 2019 un artículo sobre el mismo tema que se hizo viral.

Petersen se refiere a los millennials como personas nacidas entre los años 1981 y 1996 a quienes un conjunto de circunstancias históricas, económico-financieras, educativas y sociológicas han colocado al borde de ese precipicio llamado burn out (síndrome del quemado).



Tanto en el artículo como en el libro la escritora (y profesora universitaria) retrata un panorama desolador: profesionales hiper cualificados que apenas pueden independizarse debido a los menguantes salarios que reciben, larguísimas jornadas laborales, ausencia de límites entre el on/ off the clock, interminables conversaciones profesionales vía slack y acumulación de emails hasta saturar el inbox. Además hemos de añadir el persistente mensaje de que hay que trabajar todo el tiempo, todos los días y a todas horas optimizando cada segundo mediante la práctica de un malabarismo-multitasking de vértigo.

La escena tiene sus consecuencias: el filósofo Byung Chul Han habla de la "sociedad del cansancio", Peterson da una vuelta a la diabólica tuerca y nos lleva hasta el burn out. En mi modestia aporto algunas observaciones...



Para empezar hay muchos mundos pero están en este y tan pronto transito por una institución donde el ritmo es pausado, los plazos y las exigencias razonables, como por una fábrica de automoción donde el ritmo es frenético, las exigencias fuera de la capacidad humana y los plazos cada vez más cortos e impredecibles. La realidad es poliédrica y nunca ajena a la propiedad del negocio (pública, privada, cooperativista, sociedad anónima, cotizada etc.) y al propósito que orienta los esfuerzos productivos. 

Así que hay muchos mundos pero están en este. La concatenación de algunos factores que conocemos (crisis del 2008, covid, subida de las materias primas, falta de mano de obra en algunos sectores, paro, edadismo etc.) tensa la cuerda del miedo y afloja todos los límites (acaso todos los derechos) ?!

El contexto mundial agudiza el miedo a perder el puesto de trabajo a cualquier edad, en cualquier sector y circunstancia. Y el miedo cede ante las infinitas exigencias horarias y de tarea dentro y fuera de contratos laborales que son genuinos cajones de sastre (todo cabe). Sin duda esta realidad alcanza de lleno a los millennials, pero también a quienes tienen cuarenta, cincuenta y más años con el terror añadido de que si pierden tu actual empleo quizá no encuentren otro... Es una espiral diabólica. Anne Helen Petersen pone el dedo en una llaga cuyos alcances van más allá de los nacidos entre 1981 y 1994. 

 

Artículo completo de Anne Helen Petersen que se hizo viral en las redes sociales pinchando aquí. 


viernes, 15 de octubre de 2021

Las empresas no son embajadas


Se confunden las buenas maneras con las competencias para gestionar personas y proyectos. ¡No es lo mismo! Me pregunto ¿cuánto tiempo es sostenible una empresa gestionada solo con criterio diplomático sin musculatura de esfuerzo ni atención a las reglas del mercado o la calidad de los bienes y servicios? 





Observo un exceso de contratación (y promoción) de perfiles diplomáticos en las empresas en detrimento de perfiles genuinamente comprometidos (y capacitados) para realizar el trabajo sobre el que se sostiene la cuenta de resultados: la viabilidad de las organizaciones. ¿Cuánto tiempo será sostenible?

Insisto: se confunden las buenas maneras con las competencias para gestionar personas y proyectos. La capacidad de comunicar bien es necesaria pero no suficiente para ser un profesional de primer nivel. Hacen falta otras habilidades y -sobre todo- una actitud en la que los intereses propios (yo) se supediten a los del equipo / empresa (nosotros). 

Algunos grandes comunicadores con recorrido profesional están siendo contratados con buenos sueldos y posiciones en los órganos de gobernanza de las empresas. Algunos vienen maleados de otras organizaciones donde han aprendido que la permanencia y promoción pende de la conquista emocional del director general/ propietario/ gerente... En la jerga de los pabellones industriales se dice que ejercen de "palmeros". En management se les llama "el rey y su corte": dicen al poder exactamente lo que el otro quiere escuchar (omitiendo lo que piensan o lo que habría que hacer para salvar un producto / departamento, unidad de negocio etc.). 



Me pregunto cuánto tiempo es sostenible una organización sin profesionales comprometidos con la tarea (y la verdad) a pie de máquina dispuestos cada día a aportar la milla extra de esfuerzo, mejora, generosidad... 

Un exceso de "cuerpo diplomático" destroza -a medio plazo- una compañía. Cuando el barco se hunde ellos ya han saltado a otro trasatlántico: son los que sobreviven a todas las tempestades. Inquietante.