sábado, 10 de noviembre de 2018

¿Dentro o fuera de la pantalla?



No es lo que acontece sino lo que hacemos con lo que acontece lo que transforma la vida. No importa si nos dan o nos quitan sino nuestra capacidad de reciclar lo que trae la marea.

Los seguidores del blog, algunos clientes y ciertos amigos me dicen que me notan "ausente" porque llevo unos días sin escribir en la bitácora. Lo cierto es que estoy totalmente "presente" recogiendo la cosecha de proyectos antiguos, sembrando semillas de proyectos nuevos y arrancando malas hierbas del sendero. En medio de ese trajín pasan los días enredada ahí fuera, en el lugar donde transcurre la vida -que no son las redes sociales ni el teclado del ordenador-.

Además de entrenar a profesionales y equipos y de diseñar jornadas formativas, la gestación de nuevos proyectos conlleva gran parte de mi tiempo y exige nutrientes de calidad: paseos por el hayedo, recogida de hongos, silencio, conexión con el cuco que habita al fondo del robledal, pintar acuarelas, coser algunas telas, visitar algunas bibliotecas, estudiar manuales y visitar ciertas exposiciones. 






En la sala Kubo de El Kursaal (San Sebastián) hay una curiosa exposición titulada "La idea en un signo" que muestra numerosas esculturas que provienen de Nigeria, Congo y otros países africanos. Las piezas carecen de sofisticación y esa frescura les confiere de un magnetismo que captura la mirada curiosa de la niña que fui: he disfrutado observando la variedad expresiva de las figuras, representación a escala de la multitud de vidas que encarnamos los humanos. 




La exposición me ha aportado nutrientes con los que preparo la esencia de algunos proyectos que irán emergiendo en el blog de una manera acaso más loca y creativa por su complejidad e impacto. 



¿Complejidad e Impacto?


No es lo que acontece sino lo que hacemos con lo que acontece lo que transforma la vida. No importa si nos dan o nos quitan sino nuestra capacidad de reciclar lo que trae la marea.



martes, 30 de octubre de 2018

Vivir y Morir, dos caras de una moneda


Cuando el final se acerca (cómo afrontar la muerte con sabiduría) es el libro escrito por Kathryn Mannix, experta británica en cuidados paliativos, para ayudarnos a planificar y hablar de la muerte (normalizando un proceso inevitable) y de ese modo ¡vivir mejor!


La autora entiende su libro
como una "ventana a la muerte".



Mannix cuenta una historia real de su etapa como estudiante de cuarto de medicina en prácticas hospitalarias cuando una enferma que sufría metástasis confesó al doctor su terror a sufrir dolor cuando llegase el momento de morir. El profesional miró a los ojos de la enferma y le dijo: "Irás durmiendo cada vez más. A veces ese sueño será que has perdido la consciencia, pero no lo notarás. Luego tu respiración empezará a cambiar. Se ralentizará hasta que se detenga suavemente del todo. No sentirás un dolor repentino, ni miedo. Solo una gran sensación de paz".


Resumen del libro (dieciséis páginas).
Vídeo (dura doce minutos).

viernes, 26 de octubre de 2018

Ocio y Negocio ¿en qué proporción?



Esté en mi ciudad o lejos de ella, nunca olvido la alternancia ocio-negocio. Siempre que sea capaz de mantener cierto equilibrio entre ambas se retroalimentan y sostienen mi vida con un flujo de actividad en el que no siempre está clara la frontera entre mi trabajo y mis hobbies a los que me entrego con vehemencia.

Compruebo que cuando me aventuro en una gran librería -y me permito vagabundear- algún libro interesante ¡me encuentra! 

Vivo ese momento con chispeante regocijo como si el volumen hubiese sido escrito para mí. Juego con el libro, lo acaricio y -finalmente- lo abro aleatoriamente en una página en la que encuentro un texto que clarifica algún dilema con el que me debato en ese momento...  




Aunque soy consciente de que se trata de un juego ¡me divierte! Comparto con ustedes un texto (que encontré la semana pasada) escrito por el monje budista japonés del Período Edo, Asai Ryoi, que pertenece al  Ukiyo monogatari (1662):




"... Vivir momento a momento, abandonarse por completo a la luna, a la nieve, a las flores de cerezo y a las hojas rojas de los arces, cantar canciones, beber sake, consolarse olvidando la realidad, no preocuparse de la miseria que tenemos delante, no dejarse desalentar, ser como una calabaza vacía que flota en la corriente del agua: a esto lo llamo ukiyo, el mundo flotante (*)...".




(*) "Mundo flotante" alude a la vida efímera de los placeres al entender que el verdadero mundo está más allá de las apariencias de acuerdo con el budismo que Asai Ryoi practicaba en un templo de Kioto (Japón). 

domingo, 21 de octubre de 2018

¿Para qué sirve un mentor?



Trabajo con un grupo nuevo de personas interesadas en liderar la propia vida, anhelo estimulante y ambicioso ¿no les parece? Nos reunimos los miércoles en el Palacio de Aiete, San Sebastián, rodeados de árboles centenarios, pájaros cantores, y un pequeño lago donde viven cisnes y tortugas.

Son ciudadanos que quieren cultivar su "jardín interior" -que dirían los filósofos- aunque personalmente pienso que en nuestro interior tenemos un "huerto" donde podemos plantar las semillas del mañana. Y en esas estamos dieciséis personas y yo en una aula donde el círculo late al ritmo del aprendizaje compartido.


Aula 4 del Palacio de Aiete, San Sebastián


De alguna manera encontramos huellas que orientan nuestros pasos: maestros anónimos y renombrados a los que descubrimos por azar o persistencia y que durante un tiempo nos inspiran en la búsqueda de nuestro destino. 

El tema surgió con fuerza en nuestro grupo y citamos el Efecto Pigmalion del que casi ningún participante había oído con anterioridad. Se trata de la profecía que se cumple cuando alguien cree en nosotros lo suficiente como para soplar las brasas de nuestro talento y coraje para persistir en el empeño de ser quienes somos. 

Podemos llamarles "mentores" que dejan marcas / huellas en el camino de un frondoso bosque en el que -quizá- de otro modo pudiéramos perder la orientación.


Bosque en Aia, Guipúzcoa. Otoño.


Tres personas ejercieron en mi infancia ese rol inspirador: la madre María, una monja de Las Esclavas del Sagrado Corazón (mi colegio) que me enseñó el trazo de las vocales y el don de la paciencia; mi padre, que se apresuró a transmitirme sus reflexiones y aprendizajes antes de morir a los 56 años y -finalmente- la abuela Julia, un silencioso modelo de bondad. ¿Por qué les cuento estos detalles íntimos de mi biografía? Porque todo lo que somos, sabemos, gozamos y conseguimos se lo debemos a otros que han dejado marcas / huellas / trazos en el sendero que podemos utilizar para liderar la propia vida.

En la edad adulta he tenido numerosos mentores y (en mi modestia) yo misma ejerzo como tal con las personas que entreno en un interminable ciclo de dar y recibir del bosque y de la vida.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Vivir en Plenitud / Claves


Algunos sabios señalan en camino hacia una vida plena y sintetizan para nosotros las claves que aportan sentido a nuestro vivir y trabajar. Es el caso del cardiólogo Valentín Fuster (en la fotografía). 




Fuster habla de cuatro tes: tiempo para reflexionar, cultivo del propio talento, transmisión de positividad y tutoría (apoyo de algún maestro cercano). 

El prestigioso cardiólogo aporta también cuatro aes: actitud positiva, aceptación de quien eres, autenticidad y, finalmente, altruismo.  Poco que añadir a esta síntesis. Merece la pena que vean el vídeo completo (solo dura tres minutos y cuarenta y seis segundos): Claves para vivir en plenitud, por Valentín Fuster.



domingo, 14 de octubre de 2018

Observar al Comité de Dirección



La semana pasada asistí al primer comité de dirección de una empresa del sector del automóvil al que entrenaré durante los próximos dos años. 

El objetivo del encargo es que cada profesional siga brillando con luz propia en su especialidad y -al mismo tiempo- sepan (y quieran) "jugar en equipo" de manera que la empresa se mantenga en los niveles de excelencia alcanzados en cuanto a resultados y añadan cohesión (inexistente) y colaboración.

Como es habitual, el primer encuentro me sitúa en la posición de "observador" que permite captar interesantes detalles de fondo y forma que reverberan con el Modelo Iceberg de Kelvy Bird

Bajo la evidencia de los hechos hay patrones de comportamiento, estructuras organizacionales, modelos mentales y -finalmente- una visión del futuro deseado.




Lo que pude observar en el primer encuentro es solo el 10% que sobresale por encima del océano-mar de la realidad de ese equipo de fortísimas personalidades y talentos que, sin embargo, no atisban la visión compartida de un futuro que han de construir transitando con destreza entre la permanencia y el cambio. La permanencia de lo que les ha traído hasta el hoy (esencia del negocio), y el cambio de lo que no alcanzarán de otro modo en el mañana.

El muestreo es escaso (una sola jornada de observación) pero al término del encuentro me acordé de Maquiavelo quien en el siglo XV dejó escrito: "... No hay nada tan asimétrico como cambiar el orden de las cosas. Los que proponen un nuevo orden tienen la férrea oposición de los que les ha ido bien en el viejo y la tibia adhesión de los que les puede ir bien en el nuevo...".  Continuará.


miércoles, 10 de octubre de 2018

To break the rules, first master them!



Participo en algunos comités de dirección. También en algunos comités de estrategia. La mayoría son perfiles senior aunque también hay algún profesional júnior que proviene de las altas esferas europeas y sus escuelas de negocios.

Algunos de estos alevines quieren deshacerse del pasado de la organización de manera inmediata y radical. Exigen cirugía. Además no miden efectos colaterales indeseados, ni el riesgo de erosionar aquello que ha traído la empresa hasta el hoy, ni muestran cautela ante el puro core business o alma del negocio.


Le Brassus, localidad Suiza.


Improbable hallar sabiduría en los extremos: ni solo conservar, ni solo cambiar ¡cuestión de lucidez, mesura, mercado, momentum...!

Regreso a casa y ojeo la revista del avión donde el anuncio de un reloj suizo me cautiva con la frase: To break the rules, you must first master them (para romper las reglas, primero tienes que dominarlas). ¿Qué les parece?