miércoles, 28 de septiembre de 2011

Vocación minimalista


El sábado pasado, de regreso tras una maratoniana jornada laboral lejos de casa, coincidí en el tren con una amiga a quien antaño hice Coaching. Contenta y agradecida por los resultados obtenidos, quiso devolverme el favor y de una manera espontánea se puso a hacerme preguntas sobre mi propia vida y profesión.

Obligadas a permanecer asiento con asiento no había posibilidad de escape a su inquisitivo verbo. Primero me elogió como un referente en el ámbito del entrenamiento de líderes y equipos; más tarde cito casi de memoria muchos de mis artículos publicados en prensa on y off line; a continuación recordó las más sonoras ponencias en las que he participado y después -cuan estocada- me dijo: "Creo, Azucena, que ha llegado el momento de que te lances a lo grande ¡a por las multinacionales de Madrid y Barcelona!".

Permanecí un rato en silencio rumiando su propuesta con la misma parsimonia que el rebaño de ovejas al otro lado de la ventanilla de nuestro compartimento. Madrid. Barcelona. Multinacionales. Por fin giré la cabeza hacia mi amiga y fui capaz de articular una frase que escuché hace años al líder de Los Secretos, Álvaro Urquijo. Cogí aire y le contesté: "El tiempo sin los míos lo mido en quilates". Vale, me dijo, ¿quién ha sugerido que cobres barato? Nos reímos, fuimos juntas a la cafetería, volvimos a nuestro vagón y retomamos la charla. La verdad (confesé) es que no me apetece nada rebotar como una pelota de ping pong por la geografía nacional, durmiendo en hoteles, comiendo menús y coleccionando diminutos tarros de mermelada y miel (manía de llevarme uno de los buffets del desayuno).

Careces de ambición, sentenció ella poco antes de quedarse dormida. Y como ya no me oía, fue una voz en off la que susurró: El tiempo sin los míos lo mido en quilates. Media hora después llegamos a nuestro destino: Estación del Norte en San Sebastián (Guipúzcoa). El paisito que tanto amo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El miura del entrenamiento: los equipos

Coaching de Equipos. ¿Cómo explicarlo en el aula, sin vivirlo sobre el terreno, en su marco productivo natural? Difícil, como enseñar a torear a quien nunca ha estado en el albero cara a cara con un miura de 600 kilos. Bueno, supongo que siempre existe el toreo de salón y eso me tranquiliza... hasta un punto.

Entre las muchas especialidades de Coaching bien documentadas (en inglés y castellano) encontramos: Life, Leadership, Executive, Business, Spiritual, Skills, Wellness, Career, Creativity... Nada semejante sobre el entrenamiento de los equipos, a mi entender la más prometedora, compleja y apasionante modalidad.

Prometedora porque es el presente-futuro de la profesión: las empresas demandan más Coaching de Equipos del que los profesionales pueden ofrecer (al menos en España). Compleja porque implica a varias personas a la vez -las que componen el equipo- por lo general muy cualificadas. Apasionante porque lo exige todo del Coach para salir vivo de la situación mientras aporta, impulsa y se gana la minuta.

Estos días construyo un manual propio sobre el entrenamiento de equipos en el que si bien me hago eco de todas las herencias conceptuales aprendidas, básicamente profundizo en mi estilo personal que espero y deseo resulte útil a otros.

Como profesional he realizado muchas horas de entrenamiento individual. Sin embargo, mi experiencia es limitada con los equipos ya que no me he atrevido a dar el salto hasta haber superado las 4.000 horas de coaching uno a uno. Cuando he tenido un proyecto que me ha permitido hacer entrenamiento de equipo he descubierto lo desafiante que resulta, y las bonanzas que podemos recolectar. Entre otras: La transformación de grupúsculos en un equipo; el aprecio de la diferencia; el respeto a la discrepancia; la comunicación empática y asertiva; el equilibrio entre el dar y el recibir; el establecimiento de un sistema de recompensas; el conocimiento de la metodología de las reuniones eficaces (delegadas); los valores como argamasa del equipo; los rudimentos de la inteligencia emocional...

Consolidar en una organización un equipo eficaz (lo que denominan un equipo de alto rendimiento) no es flor de un día, sino de varias primaveras. Exige una apuesta fuerte y mucho coraje por parte de la empresa, el entrenador y los directivos implicados.

¿Cómo se hace todo esto? Excelente pregunta a la que trato de responder en el manual porque una cosa es hacerlo y otra explicarlo pedagógicamente a los demás. Lo que puedo avanzar es que ayuda si el Coach tiene una dilatada experiencia laboral previa como directivo, si posee una preparación académica potente toda vez que en los equipos encontraremos licenciados y másters -que no te respetarán si descubren en ti un nivel intelectual inferior-; con fortaleza de carácter para lidiar con los conflictos, y con infinitos recursos: desde el humor, hasta el uso de las metáforas, pasando por la percepción orgánica del equipo. También es interesante que el entrenador haya cosechado muchos éxitos y algún rotundo fracaso... No es para novatos, quizá eso permita entender porqué la mayoría de los entrenadores de equipo son seniors: exige muchas primaveras y algún otoño ;-D

Daré un curso sobre el entrenamiento de los equipos el próximo fin de semana en Zaragoza y aún quedan dos plazas. Las organizadoras son: Inés Iranzo y Ana San Román = asanroman@cepymenet.com

jueves, 22 de septiembre de 2011

Duda Cósmica


Trabajé con Aitziber durante un año en busca de "su lugar en este mundo". Ella veía en mí un farolillo; yo en ella una conjetura. Los entrenamientos resultaron exitosos y Aitziber encontró un lugar. Meses después de aquel hallazgo vuelve a estar insatisfecha y (al tacto) retoma la búsqueda en mitad de la negrura.

Cambiar de lugar
Buscar un lugar
Encontrar un lugar
Defender un lugar
Crear un lugar

Son expresiones que hablan de la inquietud del alma por anclarse en la materia. Acaso por mostrarse. En este sentido, recuerdo la zozobra de Aitziber entre el ser y el estar, eterna dicotomía Shakesperiana en la que nos debatimos los mortales. Usted... ¿ocupa "su lugar" en este mundo?

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Cuánto dura una pompa de jabón?

No aseguro el logro de los sueños.
No vendo peines ni atrapo mariposas.

Tampoco sé cuánto dura una pompa de jabón.
Aunque me fascina su efímera fragilidad.

Una sonrisa es una sonrisa, no una mueca perversa.
Un amigo es alguien que no exige.
Y un amante alguien que te espera.

Cuando estoy enfadada con el mundo se que hay algo que arreglar en mí. Cuando el tiempo se fuga, seguramente he conectado con mi vocación. Cuando lloro -aunque me pongo fea- se que piso un territorio sagrado. Ante el halago desconfío: con anterioridad el maquillaje llegó a descomponerse. Cuando escribo me desnudo y contemplo el teclado como el heroinómano mira la jeringa.

Esto no es una rosa, no es una rosa, no es una rosa, ni un poema, ni un haiku. No es nada: un día que amanece, en el despacho del paisito, al norte. Escucho los enjaulados pájaros del patio y miro la orquídea que no acaba de florecer.


Comienza la jornada, y no pretendo que duren las pompas de jabón.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La fórmula del Cambio

Mi afición al buceo es tan intensa que incluso en un día como hoy (quince grados, cubierto, lluvioso) me sumerjo en el Cantábrico. Preocupados con mi nueva obsesión, al mediodía mi familia me han preguntado si cuando llegue el invierno me conformaré con la bañera grande llena de peces de plástico, algunas conchas, un poco de arena y uno de esos patos amarillos que hay en todas las casas de Singapur a Estambul.

El baño dominical ha estado precedido por 48 horas (viernes y sábado) de inmersión en el océano-mar cognitivo en un destartalado edificio de Bolueta (Vizcaya) en el que un puñado de idealistas vertebran la innovación social entorno a Eutokia. Inmersión por la profundidad conceptual sostenida durante dos días practicando dinámicas de “participación genuina” en el contexto organizacional. Y, al igual que cuando llevas media hora nadando se amoratan las yemas de los dedos, al término del workshop tenía un poco colapsado el receptor emocional y un mucho saturado el mental. Entre los corales rescatados del olvido, me quedo con una fórmula matemática que fascinará a los ingenieros e investigadores con los que trabajo ya que permite calcular la posibilidad de cambio en un sistema, sea familiar, político, empresarial o asociativo.

La llamada fórmula de cambio (o fórmula de Beckhard) consiste en: Insatisfacción x Visión x Primer Paso > Resistencia. Pondré un ejemplo que clarifique su aplicación: Cuando Steve Jobs sale de Apple, la posibilidad real de cambio en la compañía dependerá del grado de insatisfacción que exista en la misma, multiplicado por la visión de futuro que tengan sus líderes, multiplicado (a su vez) por un definido plan de acción que incluya un primer paso. Si la cifra obtenida es mayor a la resistencia al cambio, sabremos con qué margen de maniobra contamos; si es menor a la resistencia, tendremos que aceptar que la llamada “horquilla de oportunidad” tiende a cero.

Parece complejo y sin embargo -si se contempla con un gramo de interés- descubrirán que -aplicada casi a cualquier momento y situación en una empresa- ofrece información útil antes de embarcarse en un proceso transformacional acaso muerto antes de nacer.

Fórmula del cambio = Fórmula de Beckhard: Insatisfacción x Visión x Primer Paso > Resistencia.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Paradojas

En San Sebastián, de sol a sol, Zulema cuida los niños de mi amiga Sara mientras sus propios hijos se han quedado en Guatemala al amparo de la abuela materna.

En Chicago, el estado retiene a Arjen, mi cliente, un 36% de su nómina en tanto que Warren Buffett reconoce en The New York Times (de hoy) que abona al fisco un 17% de su inconmensurable fortuna.

En Bilbao, Iker piensa que su papá -que trabaja en México D.C.- integra el reparto de Bob Esponja ya que en los últimos meses sólo puede verle por Skype.

Vestir a Bob Esponja


¿Qué clase de mundo estamos de-construyendo?


martes, 13 de septiembre de 2011

Time Off

Karen vive un momento de pleamar en el Cantábrico, cuando las banderas de la playa están rojas de ira y la prohibición de sumergirse en el mar es total. Más si cabe: Karen vive el exacto momento en el que la ola rompe con violencia justo encima de tu nuca si has cometido la osadía de nadar contra la prudencia y el sentido común. Se está divorciando de un hombre al que ama, trata de re-estructurar un negocio en el que (cuidando la piel de otros) se deja la propia y, en un "mas difícil todavía circense", apuesta por sueños de grandeza.

Karen es la clienta que me ha dejado tirada en mitad de la cuneta, a cien kilómetros de casa, a las 8.30 de la mañana de un laborable. Lo que hubiera podido ser un fiasco de martes 13 se ha transformado en un glorioso time off.

Tras unos minutos de hiel (en los que me ha ayudado recordar su momento pleamar), he decidido disfrutar como una turista de mi cuidad natal. Con inocencia infantil y serenidad de jubileta, he descubierto chuches gastronómicas, arquitectónicas y comerciales de una city en la que antaño los adoquines me saludaban por mi nombre. De eso hace muuucho tiempo. Los ojos de turista, junto con mi enérgica determinación de pasarlo bien, han dejado un poco maltrecha la Master Card. Como le digo a Karen con frecuencia: no es posible todo y a la vez ¿o si?