jueves, 13 de octubre de 2011

Outsider

Quiero seguir siento Amelie, aunque maneje el Doodle con destreza, y supere mis objetivos económicos anuales. Quiero seguir siendo Amelie aunque encima de la mesa tenga media docena de proyectos interesantes para elegir.

Deseo seguir agachándome en la calle para recoger una moneda de diez céntimos, y sentir un revoltijo en el estómago cuando (bajo un puente urbano) descubra a una anciana mendigando.

Quiero mantener un saludo espontáneo y alegre a los recién conocidos: la exquisita señora que me vendió un blusón -negro Masai- el sábado pasado en Montes, mientras apura su tostada con aceite, y yo termino mi café americano.

Quiero seguir siendo Amelie cuando tenga un eficaz asiste -espero que sea pronto- y cuando pueda vestir sólo ropa bella. Y mantener las canas que tanto le gustan a mi hija. Y el mismo perfume de Dolce Gabanna, y -sobre todo- permanecer anclada en lo que C.O.Schamer denomina la "escucha generativa" como sistema relacional. Se trata -dice este experto en liderazgo- de escuchar desde el campo emergente de la posibilidad futura. Les recomiendo su obra: Uncovering the Blind Spot of Leadership.

martes, 11 de octubre de 2011

El mundo, un océano-mar

Acertar con el sabio camino del medio entre el ego y la humildad -en mis apariciones públicas- me resulta tan complejo como a un funambulista mantenerse sobre una cuerda diminuta a veinte metros del asfalto. Siento el desafío, el vértigo y la zozobra, así como un chorro de adrenalina resbalando por la espalda. Y, a veces, no tengo ni idea de la percepción en sala, es decir, de lo que "se han llevado" los asistentes tras mi intervención (en verdad lo único que importa). Hoy -por ejemplo- no intuyo lo que habrán comentado en los pasillos la veintena larga de personas del comité de dirección de una fundación en la que he estado y cuya plantilla reune a más doctores, catedráticos e investigadores que el resto del territorio.

Son una élite a la que admiro y deseo aportar si bien la primera barrera a traspasar es la desconfianza -quizá el escepticismo- no hacia mí (no soy tan importante) sino hacia un "agente externo" a la organización que llega con un puñado de preguntas un tanto desafiantes. Para "ganarme" su confianza hago malabarismos entre el ego (para que me respeten como entrenadora) y la humildad (para ahuyentar el miedo a lo desconocido).

Ciertamente no parten de cero: existe la memoria histórica de la organización, la cultura corporativa, los valores, misión y visión empresarial, y un pasado en el que -tácita o expresamente- se ha valorado o castigado esto o lo otro... Son personas valiosísimas (cuyo potencial roza el infinito) y cuyos logros, en algún área, no están a la altura de su talento. Existe por lo tanto un gap, una horquilla de mejora, o un "ruido" que lastra el desarrollo de aquello que ya son y ya saben pero que -quizá- nadie les ha alentado a volcar en un mundo ¡tan sediento! de modelos referenciales-.

Les confesaré un secreto: tengo un "cuaderno de futuro" en el que me permito escribir y dibujar aquello con lo que sueño y en no pocas ocasiones se realiza con una exactitud que pone pelos de Espinete. Es el caso. Les cuento, respetando la confidencialidad:

Este mes comienzo la aventura de entrenar en liderazgo a una decena de sabios contemporáneos, trabajadores del conocimiento, creadores de patentes y fórmulas magistrales... y -aunque el "cuaderno de futuro" da fe los meses en los que he sostenido la ilusión de afrontar este proyecto- al vivirlo, casi dudo de que sea real.

Ellos no parten de cero. Yo no parto de cero. En algún lugar de la encrucijada nos encontraremos. Yo aprenderé de ellos y ojalá ellos quieran aprender algo de mí...

Al terminar la jornada dibujo una gran sonrisa en el cuaderno Peter Pauper Press(*). Una sonrisa de agradecimiento.

(*) Marca canadiense de papelería.

domingo, 9 de octubre de 2011

Coaching, un estilo de Liderazgo

Al igual que un rodamiento se desgasta utilizado noche y día en un sistema productivo explotador, algunos conceptos trascendentes pierden fuerza al ser manoseados con frivolidad en cualquier tiempo y lugar impulsados por la conveniencia o la moda. Es el caso de la innovación, el cambio, la eficacia, la gestión de las personas, la sostenibilidad, la conciliación y el liderazgo, entre otros.

Estos días la prestigiosa Universidad de Deusto me ha encargado que prepare dos proyectos formativos como parte de su curso de Especialización para la Innovación en Gestión, www.masterceig.deusto.es más conocido en el campus como CEIG. Se impartirá en las dos ciudades que más amo: Bilbao y San Sebastián, y el título que me han adjudicado está vinculado a mi oficio de entrenadora de líderes y equipos de empresa: Coaching un estilo de Liderazgo.

Aunque tengo numeroso manuales propios y ajenos de las formaciones recibidas e impartidas en la última década tanto en España como en el extranjero, cada vez que abordo una aventura me gusta construir un tapiz conceptual nuevo que -aun teniendo muchas puntadas del sedimento anterior- incorpora algunas nuevas del magma cognitivo en el que vivimos.

En el libro Primal Leadership -cuya lectura es obligada en algunos MBA- Daniel Goleman afirma que el Coaching es un estilo de liderazgo que conviene alternar con los otros cuatro con la flexibilidad y cintura de Leo Messi. Poco entiendo de fútbol, sin embargo, sobre el terreno de juego empresarial algo he aprendido de la observación de docenas de líderes de todos los sectores, formaciones y talantes. Vayamos, si les parece, con ello.

En una definición sencilla diría que el liderazgo es la decisión de comprometerse (con uno mismo) a alcanzar el máximo potencial de desarrollo a partir de los talentos recibidos al nacer, y cultivados con posterioridad. Esta aproximación al liderazgo termina con la aburrida dicotomía de si el líder nace o se hace, y nos sitúa a los mortales ante el desafío de la superación permanente. En una palabra: nos confronta con la responsabilidad de crecer como personas y profesionales utilizando al máximo todos los potenciales que poseemos.

Una de las principales compañías mundiales de todos los tiempos, la Compañía de Jesús, con más de veinte mil trabajadores y sedes en los cinco continentes, asienta el liderazgo sobre los pilares del conocimiento de uno mismo, el ingenio, el amor y -finalmente- el heroísmo. Afirma el consultor Chris Lowney de J.P.Morgan & Co que conocerse a uno mismo es la virtud que alimenta el liderazgo porque descubrir las propias fortalezas y debilidades contribuye sustancialmente a la comprensión de las virtudes y los defectos de los demás. Nada nuevo bajo el sol y, sin embargo, la reflexión y el análisis sobre uno mismo son extremadamente inusuales.

Juan Carlos Cubeiro ha escrito recientemente una trilogía en la que desarrolla el estilo "entrenador" desmenuzando el comportamiento de Pep Guardiola y José Mourinho. Entre infinitas anécdotas y comparaciones, en su parte más teórica, Cubeiro retoma lo que es un clásico de su enfoque empresarial: los líderes han de fluir, para después confluir, e influir. El desarrollo de estos conceptos excede el marco de este post por lo que me limito a clarificar que fluir es vivir en “tu zona”, en tu diez, cada jornada, dentro y fuera del trabajo. Como saben los atletas de élite, para vivir en “tu zona” tienes que conocerte bien tanto en lo físico como en lo mental y emocional, sin olvidar nuestro componente espiritual.

El Coaching es un estilo de liderazgo basado en competencias vinculadas a la comunicación en un sentido pleno. No sólo porque hunde sus raíces históricas en la mayéutica socrática o el arte de preguntar, sino porque se alimenta de un enfoque positivo y consciente del lenguaje (programación neuroligüística, PNL), contempla la llamada conectividad o conexión energética entre las personas, y la reflexividad o capacidad de interrogarse sobre de dónde venimos, dónde estamos, dónde vamos, cómo lo estamos haciendo y -sobre todo- cómo podemos mejorar.

El Coaching jamás pierde de vista el objetivo que persigue ya que aporta orientación a los esfuerzos del líder, si bien permite disfrutar del propio proceso de superación de obstáculos, resistencias e ideas limitantes que nos lastran tanto o más que unos grilletes en el tobillo.

La escucha en un nivel absoluto, las preguntas abiertas, el establecimiento de una relación de confianza y el feedback (o retroalimentación), son también competencias vinculadas a la comunicación entendida en un sentido pleno y cuya aplicación propicia un liderazgo en el que es posible que tu y yo ganemos (Stephen Covey), que el individuo y el equipo sumen, y que personas, equipos y organizaciones caminen acompasadas hacia un mundo al que todos nos sintamos orgullosos de pertenecer. Sí, definitivamente el Coaching es un poderoso y práctico estilo de liderazgo.

viernes, 7 de octubre de 2011

Un colibrí en ADEGI

Se cierne la galerna sobre la bahía en una jornada que huele a otoño virulento. Entre la Concha y el horizonte apenas una decena de embarcaciones desafían el temporal.

Camino bajo la lluvia hacia el despacho, resbalo sobre una hoja a la altura del Palacio de Miramar, caigo sobre la rodilla izquierda (cuan aspirante a ser nombrado caballero de la mesa redonda) y tras un ¡ay! contenido prosigo mi meditación matutina en movimiento: ese paréntesis en el que cultivo el silencio salpicado de reflexiones que el fértil mundo y sus habitantes dejan en mí.

Mi agenda Doodle refleja en ocre los jueves en ADEGI, la jornada en la que tomo el pulso al empresariado vasco en un acompañamiento tan duro como el asfalto -sector duramente golpeado-, tan innovador como las farolas solares (destinadas a parques tecnológicos e instalaciones urbanas), tan tradicional como los ascensores, o tan lúdico como las máquinas recreativas. Con frecuencia salgo de Miramón exhausta y pletórica. Ya en casa -durante la cena- suelo comentar con entusiasmo algún entrenamiento.

Entre la ensalada de cogollos con anchoa y pimiento del piquillo y el segundo plato, ayer no pude evitar una sonrisa al recordar el entrenamiento con una mujer que se auto-definió como un colibrí: una persona alegre, ligera, chispeante, llena de pasión por la vida y de una dulzura propia del néctar que con tanta habilidad liban los pequeños vertebrados.

El desafío de nuestro entrenamiento consistió en que tomase conciencia de que tan pronto accedía al despacho de la fábrica (es socia mayoritaria y directiva) se olvidaba del colibrí para convertirse en un reptil que textualmente "se arrastraba" de asunto en asunto, apagando fuegos, templando conflictos interpersonales, desgastándose en interminables jornadas y saliendo hacia su casa con la sensación mitad de impotencia, mitad de "no vale la pena". Desánimo. Plomo en las alas. Esta valerosa mujer es tan diminuta que -siguiendo con su metáfora- bien pudiera encarnar el llamado "elfo de las abejas", el colibrí más pequeño que han descubierto los investigados de la Universidad de California en Berkeley (USA). Al despedirnos, aludiendo a la urgencia de cambiar su estilo de gestión, me preguntó: Azucena, ¿cuánto tiempo crees que necesitaremos para que el colibrí entre y salga de la fábrica sin perder la alegría? Tras un silencio en el que ella vio que calibraba la respuesta, le recordé que el colibrí es el pájaro más veloz de la tierra, hasta el punto de que supera a los jets ultima generación alcanzando los 27,3 metros por segundo. Pude escuchar un largo suspiro, esbozó una sonrisa, guardó el cuaderno con sus tareas, y nos despedimos hasta otro día ocre en mi agenda Doodle.

domingo, 2 de octubre de 2011

Troyanos en Zaragoza

En ausencia de viento, a la salida de Zaragoza, un escuadrón de molinos quietos saludaban mi despedida de la capital maña, una tierra noble en la que he percibido "hambre de conocimiento" como en ningún otro lugar.

Kilómetros de llanura tras un camión de Pikolín -en franja contínua- con un sol otoñal a mi espalda, dan para reflexionar a gusto sobre las 16 horas compartidas de participación genuina.

Muchos campos de vid después (llaneando por Olite) una emoción dulce y agradecida repicaba en mí como las campanas de la Pilarica, al mediodía.

Encerrados en el salón Gargallo (del Zenit Don Yo) 16 personas hemos reído, sudado, pensado, aprendido y enseñado juntos como un equipo que entrena habilidades y competencias. Sabe lo que dice Ana al afirmar que en Zaragoza hay "una masa crítica" afín al Coaching Profesional que puede convertirse en punta de lanza de la transformación social por la que también apuestan con vehemencia Carmen, San Román, Paco, Alberto, Marta-Ana... Volveré, estoy segura, porque han despertado un latido en mi corazón de piedra-hojalata, un tic-tac expectante de sensaciones compartidas.

A la altura de Urbasa aún me cegaban los flashes del recuerdo: el intenso olor a lilium llenando por completo mi estancia debido al delicado ikebana que me regalaron; un post it naranja con la afirmación de que "el liderazgo hay que ejercerlo con cabeza y corazón"; la emoción apenas contenida de Ramón ante un feedback honesto sobre su destino; los bombones de Patricia y el Caballo de Troya por el que volvió a preguntar Ana. Ya conocen la historia: en el interior del Caballo de Troya (construido por los griegos como regalo para la diosa Atenea) se escondía un ejército que derrotó a los troyanos una vez burladas las murallas de la ciudad. Intuye Ana la potencialidad del Coaching para propiciar la evolución de la humanidad hacia valores trascendentes bajo la "estratagema" del Entrenamiento Empresarial... ¡Panda de troyanos!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Vocación minimalista


El sábado pasado, de regreso tras una maratoniana jornada laboral lejos de casa, coincidí en el tren con una amiga a quien antaño hice Coaching. Contenta y agradecida por los resultados obtenidos, quiso devolverme el favor y de una manera espontánea se puso a hacerme preguntas sobre mi propia vida y profesión.

Obligadas a permanecer asiento con asiento no había posibilidad de escape a su inquisitivo verbo. Primero me elogió como un referente en el ámbito del entrenamiento de líderes y equipos; más tarde cito casi de memoria muchos de mis artículos publicados en prensa on y off line; a continuación recordó las más sonoras ponencias en las que he participado y después -cuan estocada- me dijo: "Creo, Azucena, que ha llegado el momento de que te lances a lo grande ¡a por las multinacionales de Madrid y Barcelona!".

Permanecí un rato en silencio rumiando su propuesta con la misma parsimonia que el rebaño de ovejas al otro lado de la ventanilla de nuestro compartimento. Madrid. Barcelona. Multinacionales. Por fin giré la cabeza hacia mi amiga y fui capaz de articular una frase que escuché hace años al líder de Los Secretos, Álvaro Urquijo. Cogí aire y le contesté: "El tiempo sin los míos lo mido en quilates". Vale, me dijo, ¿quién ha sugerido que cobres barato? Nos reímos, fuimos juntas a la cafetería, volvimos a nuestro vagón y retomamos la charla. La verdad (confesé) es que no me apetece nada rebotar como una pelota de ping pong por la geografía nacional, durmiendo en hoteles, comiendo menús y coleccionando diminutos tarros de mermelada y miel (manía de llevarme uno de los buffets del desayuno).

Careces de ambición, sentenció ella poco antes de quedarse dormida. Y como ya no me oía, fue una voz en off la que susurró: El tiempo sin los míos lo mido en quilates. Media hora después llegamos a nuestro destino: Estación del Norte en San Sebastián (Guipúzcoa). El paisito que tanto amo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El miura del entrenamiento: los equipos

Coaching de Equipos. ¿Cómo explicarlo en el aula, sin vivirlo sobre el terreno, en su marco productivo natural? Difícil, como enseñar a torear a quien nunca ha estado en el albero cara a cara con un miura de 600 kilos. Bueno, supongo que siempre existe el toreo de salón y eso me tranquiliza... hasta un punto.

Entre las muchas especialidades de Coaching bien documentadas (en inglés y castellano) encontramos: Life, Leadership, Executive, Business, Spiritual, Skills, Wellness, Career, Creativity... Nada semejante sobre el entrenamiento de los equipos, a mi entender la más prometedora, compleja y apasionante modalidad.

Prometedora porque es el presente-futuro de la profesión: las empresas demandan más Coaching de Equipos del que los profesionales pueden ofrecer (al menos en España). Compleja porque implica a varias personas a la vez -las que componen el equipo- por lo general muy cualificadas. Apasionante porque lo exige todo del Coach para salir vivo de la situación mientras aporta, impulsa y se gana la minuta.

Estos días construyo un manual propio sobre el entrenamiento de equipos en el que si bien me hago eco de todas las herencias conceptuales aprendidas, básicamente profundizo en mi estilo personal que espero y deseo resulte útil a otros.

Como profesional he realizado muchas horas de entrenamiento individual. Sin embargo, mi experiencia es limitada con los equipos ya que no me he atrevido a dar el salto hasta haber superado las 4.000 horas de coaching uno a uno. Cuando he tenido un proyecto que me ha permitido hacer entrenamiento de equipo he descubierto lo desafiante que resulta, y las bonanzas que podemos recolectar. Entre otras: La transformación de grupúsculos en un equipo; el aprecio de la diferencia; el respeto a la discrepancia; la comunicación empática y asertiva; el equilibrio entre el dar y el recibir; el establecimiento de un sistema de recompensas; el conocimiento de la metodología de las reuniones eficaces (delegadas); los valores como argamasa del equipo; los rudimentos de la inteligencia emocional...

Consolidar en una organización un equipo eficaz (lo que denominan un equipo de alto rendimiento) no es flor de un día, sino de varias primaveras. Exige una apuesta fuerte y mucho coraje por parte de la empresa, el entrenador y los directivos implicados.

¿Cómo se hace todo esto? Excelente pregunta a la que trato de responder en el manual porque una cosa es hacerlo y otra explicarlo pedagógicamente a los demás. Lo que puedo avanzar es que ayuda si el Coach tiene una dilatada experiencia laboral previa como directivo, si posee una preparación académica potente toda vez que en los equipos encontraremos licenciados y másters -que no te respetarán si descubren en ti un nivel intelectual inferior-; con fortaleza de carácter para lidiar con los conflictos, y con infinitos recursos: desde el humor, hasta el uso de las metáforas, pasando por la percepción orgánica del equipo. También es interesante que el entrenador haya cosechado muchos éxitos y algún rotundo fracaso... No es para novatos, quizá eso permita entender porqué la mayoría de los entrenadores de equipo son seniors: exige muchas primaveras y algún otoño ;-D

Daré un curso sobre el entrenamiento de los equipos el próximo fin de semana en Zaragoza y aún quedan dos plazas. Las organizadoras son: Inés Iranzo y Ana San Román = asanroman@cepymenet.com