lunes, 30 de enero de 2012

Linfa Empresarial

Con la persistencia que me caracteriza, intento cuajar el flan de un post cuyo meteorito cayó hace días en mi cabeza. No lo consigo. Ya saben cómo funciona: una idea se cruza veloz justo en el umbral de la consciencia. Si la pillas, sabes que tienes el hilo de la madeja que te llevará a un argumento que desea salir a flote del inconsciente colectivo. Si estás ocupada, desoyes ese latido pensando que te esperará. A veces lo hace y otras no. García Márquez me enseñó la conveniencia de vivir con una libretita adherida al meñique de la mano derecha. ¡Vive Dios! que llevo siempre conmigo un cuaderno atiborrado de ideas germinales; pero si estoy saturada de trabajo, cometo el indisciplinado acto de no anotar esa chispa que puede desaparecer por completo en el universo de mi mente.


La imagen representa la linfa, parte del sistema circulatorio de los humanos que se ocupa de la defensa y limpieza de nuestro cuerpo. Acordarán conmigo que no es algo que podamos tomar a la ligera. Traigo hoy este asunto al blog tras haber topado la semana pasada con dos profesionales-linfa en una naviera: absorben la mayoría de las quejas, los cotilleos, las demandas y el pesimismo de la plantilla. Créanme, aunque la linfa es casi incolora, estos ingenieros tiene el color amarillento de un grano que supura, y ni de lejos están en  su punto óptimo de desarrollo personal ni profesional. 

Las cañerías de estos profesionales están atiborradas de basura que lastra el despliegue de su potencial. Ambos tienen coeficientes intelectuales por encima de la media: no es inteligencia o formación lo que les falta. Me pregunto en voz alta y con ustedes: ¿Por qué absorben detritus como esponjas? ¿Por qué siempre los mismos? Por parte de sus compañeros ¿que irresponsabilidad subyace en el indiscriminado lanzamiento de inmundicias sin más base que la hipótesis, y ningún interés en la búsqueda de soluciones? Y -visto desde un enfoque sistémico-  ¿qué función cumplen los profesionales-linfa en las organizaciones? 

En mi calidad de entrenadora con frecuencia soy depositaria de tristeza, miedo, cólera, ira e impotencia: sin duda  formo parte del drenaje linfático de las empresas. Vale, aunque no estoy segura creo que este era el meteorito que cayó hace días en mi cabeza.

sábado, 28 de enero de 2012

Botero y el hombro de Venus


¡Que contenta estoy!
Hay una zona de la anatomía femenina que no engorda: los hombros.
Así lo ha declarado sobre la pasarela la diseñadora Donna Karan.
No hay día exento de su perla  ;-D


jueves, 26 de enero de 2012

Coraje ¿Qué coraje?

Jueves. Estoy en mi despacho de ADEGI y aprovecho el retraso de un empresario para contemplar el pinar ajeno al desgaste que se produce en la "sala de sudar" donde entrenamos a fondo más allá de la corrección y la conveniencia, en un ejercicio de arqueología consciente que busca las raíces de los asuntos con la persistencia de un jabalí.

Los licenciados poseen un arsenal de conocimientos técnicos (hard) que les dotan de las claves de acceso a las empresas en puestos gerenciales o directivos, pero carecen de los rudimentos básicos de las habilidades interpersonales. No les culpo: el diseño curricular de la mayoría de las universidades omite la vertiente soft de los negocios, aquella que con frecuencia indica la puerta de salida si no lo haces suficientemente bien.

Entras por tus conocimientos y habilidades técnicas, y sales por tu desconocimiento sobre el trabajo en equipo, la comunicación eficaz o el liderazgo.

Con este enfoque encima de la mesa oval del despacho dos de la planta noble de la asociación de empresarios de Guipúzcoa, encuentro encaje a la estadística de Javier Úriz en un texto publicado por APD según la cual el trabajador medio de cualquier sector y rincón del planeta produce un 65% de su salario. Ruinoso ¿no les parece?

Es posible que en la parte técnica (conocimientos), en la entrega (disponibilidad horaria) e incluso en el enfoque bienintencionado, el trabajador medio "ponga" el cien por cien de su cerebro. Es posible, no digo probable ya que carezco de más datos que la observación en las organizaciones. Ahora bien, si esos conocimientos, intenciones y dedicación se lastran con una comunicación inexistente u opaca, con la ausencia total de empatía y sin ofrecer jamás feedback (ni positivo ni de mejora), es seguro que caerá el índice de productividad al pírrico 65% del coste salarial.


Por cierto y al margen, sabemos que el coraje compone la fórmula del éxito personal y profesional. Me pregunto estos días con tamborilera obsesión ¿por qué el coraje está tan ausente de nuestro día a día y sus decisiones? Coraje. Sin que me oiga mi profesora de literatura (Luisa Etxenike) compartiré con ustedes algunos de mis sinónimos:

  • Coraje = Ganas; Coraje = Valentía; Coraje = Arriesgar-Apostar.
  • Coraje = No miedo; Coraje = Aceptación de la Vulnerabilidad. 
  • Coraje = Atreverse ¿A qué? A trabajar en favor de los propios sueños, a ser feliz (aquí y ahora) y ¡a lograr! Les recomiendo tres comprimidos de coraje al día coincidiendo con las comidas. Pueden doblar la dosis, si el desánimo les acorrala. Dedico este post a una bilbainita cuyo reciente acto de coraje muestra el camino...

martes, 24 de enero de 2012

El flash de un contraste

Al comienzo de la jornada abrillanto mi pata de palo, y me quejo un poco por la inesperada molestia que ralentiza mi avance espacial al ritmo de pirata caribeño. Después, encuentro el croissant poco horneado y se me escapa un desasosiego en forma de suspiro.  Más tarde leo que hoy morirán de hambre 70.000 personas en el planeta que habito, la tierra. Yo aún estoy viva, y mi pata de palo es un transitorio mal menor. De repente el croissant me resulta un manjar de dioses, y el desasosiego se borra como tiza de pizarra. 



Por la tarde trabajo un poco en el correo electrónico. Mercedes me informa de que el El Banco Triodos (Banca Ética) ha abierto oficina en Bilbao (Alda Recalde). Esta mujer sabia me recomienda visualice un vídeo en el que  Joan Melé (subdirector general del Banco Triodos) afirma que la crisis económico-financiera es sobre todo una crisis de valores que apuntala con un dato:  3000 millones de personas viven en la pobreza total. Hoy, ahora.

Cierto coraje hincha mi arteria femoral y de paso la maltrecha pierna. Decido posarla en un cojín mientras contemplo el discurso de Joan Melé que con ustedes comparto.

http://www.youtube.com/watch?v=UK3hC1xxHQM

domingo, 22 de enero de 2012

La enfermedad como maestro


Ante el imparable avance de la edad -en el mejor de los casos, ya que no has muerto- atisbo dos actos de compensación que acaso sean uno: la bondad lúcida y la sabiduría que entiendo más allá del saber y el sentir. 

Y aún con mi pata chula leo al compositor y músico vasco Luis de Pablo en El Diario Vasco: "...cuando tuve el infarto pensé que -si sobrevivía- haría sólo cosas que realmente quisiera...". En este enredo estoy mientras coloco en el olivo del despacho un comedero de pájaros repleto de cacahuetes con cáscara (en la foto de color rosa), al estilo holandés. 

Dedico este post a Javier, quien sufrió un infarto cerebral que trastocó su escala de prioridades. De paso me aplico el cuento ahora que estoy medio convaleciente. 

sábado, 21 de enero de 2012

Zancadilla

Clavada al tamami como una mariposa en la colección de un taxidermista duermo muchas horas un sábado: la vida me ha puesto una zancadilla y el tropezón ha hecho que me venga abajo. No en un sentido metafórico sino burdo, cayendo al suelo. En realidad es una lesión antigua de esquí que dejó tocado algún ligamento cruzado de mi rodilla izquierda. Hasta ahora había conseguido esquivarlo,  hoy es imposible voltear la cabeza hacia otro lado.


Por la mañana, con la rodilla hinchada, rígida y pesada como el yunque de mi abuelo forjador, me he desplazado por el pasillo hasta la cocina buscando la evasión del desayuno. En un viraje sobre la alfombra la rodilla ha crujido con chasquido de barquillo, me he parado, he pedido una butaca, e impotente me he dejado caer en ella. Después he soltado presión y más de una lágrima ha resbalado. De regreso al tatami me ha dado por pensar que la vida me acorrala ajena a la prieta programación laboral del próximo semestre con equipos, profesionales, viajes y supervisiones. ¡Plof! por momentos los divertidos fotogramas se han ido despiezando para dar paso a otra película más seria: la resonancia magnética, la búsqueda de un cirujano de confianza, la operación, los ejercicios que fortalezcan la musculatura adyacente y una dependencia absoluta de los demás durante... ¿cuánto tiempo?  Más lágrimas mejilla abajo.

Por la tarde el Espidifen ha hecho su trabajo y he recorrido el pasillo y su alfombra con elegancia, la hinchazón parece menos insolente, y a ratos -para probarme- me he puesto como una grulla sobre una sola pierna, la maltrecha, que ¡aguanta! De regreso a mi cuarto me ha llenado de esperanza descubrir en el córner de lectura unos quince libros en espera de abordaje. ¡Ahora podré leerlos! Mi gozo se ha diluido como un azucarillo en el café al toparme con la agenda ¡dios! ni mirar. El lunes tendré que abordarlo con energía y para entonces es posible que sepamos de qué va el menisco, el ligamento y los menudillos de la rodilla. Tras un largo y acongojado suspiro (tengo confianza con ustedes para compartir esto) me he quedado un rato mirando al mar mientras me preguntaba si la vida me ha acorralado o si es una oportunidad para que reconsidere mi frenético ritmo laboral.

Con ese interrogante entre las cejas me acuesto. 

jueves, 19 de enero de 2012

El arte de cuidar personas y tulipanes

Saliendo de una gripe a base de paracetamol, infusiones, miel y zumo de naranja, me subo a la noria de las actividades que me encantan y retomo el teclado porque... ¡les echaba en falta! Tantos días sin escribir los dedos se resienten, vacilan en el aire y tejen palabras imperfectas que aún no son lenguaje.

A dos bandas coqueteo entre Tranströmer -a quien ya les he presentado en el blog- y Norman Mailer (mi nuevo amor) de quien leo Un arte espectral, reflexiones sobre la escritura, editorial Backlist: 431 páginas que me sacan del mundanal ruido, del tráfico urbano, del oleaje y sus mareas. Si para Virginia Wolf escribir es añadir un cuarto a la casa de la vida; leer acaso sea añadir un jardín de tulipanes al trascendente refugio del ser.

Subida a la intrépida noria que con saña extrae tiempo de mis venas, y por fin recuperada mi arrolladora energía habitual, las horas me alcanzan al punto de poder tomar una fotografía a los tulipanes del despacho cuyos diminutos bulbos holandeses florecen por segundo año consecutivo. Como tantas personas, proyectos, manuscritos, desarrollos de producto, diseños e investigaciones, tratados con esperanzada ternura florecen a la vida generosos en su belleza sin pretensiones. Cuando marchiten los mantendré durante un año al socaire de los vientos y las plagas del desamor, la pereza, y el olvido. 

A punto de acostarme, retomo mi romance con Mailer de quien he aprendido que la compasión -con uno mismo, con los otros y hasta con los tulipanes- es valiosa y enriquece nuestra vida sólo cuando es severa (idea original de Tolstoi). Parada en la noria nocturna: toca descanso. Mañana más, cuando los dedos tejan lenguaje más allá de las palabras.