jueves, 30 de julio de 2015

La magia del verbo ¡hacer!


Mi bello oficio es un privilegio porque me sitúa al borde del acantilado desde el que mis clientes y yo saltamos al vacío donde los proyectos se hacen realidad. Work in Progress! No imagino nada más hermoso porque en la búsqueda de una vocación rentable y con sentido, algunos inventan profesiones necesarias y divertidas en el vertiginoso cambio del juego empresarial.

Estar un rato al borde del acantilado junto a genios grandes o pequeños resulta la materialización de un sueño; el sueño de hacer un trabajo que amo y permanecer en contacto con el universo (Otto Scharmer, MIT). Y ¡de repente! un día aparece Gary Cooper.




El Gary Cooper (con el que tengo el honor de trabajar) encarna el prototipo del profesional liberal del siglo XXI y -de alguna manera- sus zozobras resuenan con la sociología de una generación de intelectuales que a diario se palpan las entrañas y las neuronas para comprobar que todo está ¡en el lugar que corresponde! 

Se atusan el debo/ quiero/ puedo, así como la creatividad/ prosperidad, la abstracción/ concreción, la fluidez y el control. Y en esos equilibrios se mueven Gary Cooper y su sombrero de ala ancha (en la base de la fotografía superior). 

La madeja del pensamiento de Gary Cooper es potente. Así que cuando preparo las sesiones de trabajo con él busco cómo sacarle con suavidad de la centrifugadora de su intelecto para que descubra otros enfoques, caminos, opciones y realidades que faciliten el logro de objetivos profesionales.

Al final del último entrenamiento le propuse el "juego de los sombreros" -nada que ver con Edward de Bono- en el que se dibujan los "roles" que uno vive: padre, profesional, amigo, esposo... y el resultado final fue sorprendente. Sorprendente para él ¡que es lo que importa!




Utilizar el hemisferio derecho del cerebro (arrinconando la tiranía del izquierdo), silenciar el juicio, dejarse llevar por el niño que todos llevamos dentro, fluir con el lapicero sin saber dónde va el trazo, y observar la propia evolución de sus emociones ¡le fascinó!

Poco que hacer por mi parte excepto permanecer sentada a su lado al borde del acantilado, de su abismo interior, de la evolución del tamaño del ala del sombrero que quiso acortar (y lo hizo utilizando tipp-ex). Formulé algunas preguntas cuyas respuestas encontró inspiradoras. Escuché con profundo respeto la transición de sus momentos. Me preguntó si podía llevarse el dibujo... 

Hoy me ha escrito para compartir que está remodelando su despacho y descubriendo porqué le aprieta el sombrero de ala, porqué necesita las plumas de indio y qué sentido tiene el último y ultraligero sombrero triangular que -como Gary Cooper- ¡está en los cielos! 


 Imágenes integradas 1


La magia del inconsciente volcado con low technology + profunda escucha + sagrado respeto + silencio + su timing, conclusiones y plan de acción. ¡Un lujo! trabajar con profesionales con sombrero de ala. ¿Ancha? 


domingo, 26 de julio de 2015

El rendimiento precisa atención plena


La vida está hecha de tiempo
¡es todo lo que tenemos!



La última vez que coincidí con Mario Alonso Puig acababa de publicar Vivir es un asunto urgente, un libro que esta semana he regalado a un empresario de 72 años que -a pesar de ser consciente de que la vida se le escapa- mantiene férreos grilletes sobre usos y costumbres cotidianas que le impiden ser feliz (plenamente feliz) en sus propios términos; es decir, hacer ¡de una vez! aquello que anhela desde hace... veinte, treinta, cuarenta o más años en espera de que llegue el "momento oportuno".

En el despacho escucho reiteradamente la queja de los empresarios que no entienden a los treinteañeros a quienes ninguna cantidad de dinero compra el tiempo que desean para disfrutar de sus hobbies, amigos o relaciones. Ningún precio. La vida -que esta hecha de tiempo- no se vende y los empresarios no alcanzan a comprender qué les pasa a las nuevas generaciones que priorizan el libre uso del crono en busca de sentido o placer.




El hombre de la fotografía, Facundo Manes -reputado neurólogo, conferenciante, docente y escritor- afirma en el rotativo El País el creciente deseo de los profesionales de manejar su tiempo personal y sus emociones como una tendencia que irá a más.

En la conferencia ofrecida en Madrid para la Fundación Telefónica Manes reconoció que la ciencia aún no ha descubierto qué produce la creatividad, el llamado momento ¡eureka!, por más libros que se publiquen sobre el tema. El neurólogo aporta sin embargo una pista que suele propiciar la creatividad: estar dispuesto a intentarlo una y otra vez y a equivocarse.




El miedo a equivocarnos y -sobre todo- a ser excluidos por nuestra manera de pensar, sentir o actuar nos hace comportarnos como animales gregarios asumiendo modas y ritos de tránsito asi como cualquier otro peaje que permita la integración en la opaca multitud (Nietzsche). Pero ya lo dijo el filósofo: la ciencia, la sociedad y la vida avanzan gracias al tesón y la fuerza de quienes se enfrentan a la mayoría con espíritu crítico, libre ¡diferenciado!  

Quienes me conocen saben que no uso móvil. No es que no facilite su número en defensa de mi privacidad, sino que no tengo móvil por un puñado de buenas razones. Desde hace un tiempo tampoco llevo reloj de muñeca porque me provoca una alergia de la que sólo he oído hablar a Edward de Bono recientemente en ICOT 2015 cuando le pregunté porqué llevaba colgado del cuello un reloj muy parecido al que usaba mi abuelo. 

Mantengo la creencia de que la escucha de calidad, la atención plena, la presencia y ¡en definitiva! el rendimiento precisa que realicemos una tarea cada vez, algo que asegura ser cierto desde la neurociencia Facundo Manes:

 "La multitarea baja el rendimiento".


miércoles, 22 de julio de 2015

El desafío de dejarse ¡ayudar!


¿Por qué nos cuesta pedir ayuda? ¿Qué extraño mecanismo mental-emocional nos habita que dificulta que nos dejemos apoyar-alentar-inspirar? ¿Es soberbia? ¿Falta de entrenamiento? ¿Miedo a la vulnerablidad? ¡Somos humanos! Dar y recibir apoyo-aliento-ayuda ¡forma parte del juego! Reflexión personal al hilo de una sesión de coaching neoyokino vivida hoy con una empresaria vasca.




Ligera, ligera, ligera, como la brisa marina que a las siete de la mañana atemperaba la bahía. Me propongo escribir rauda como el viento que traslada nubes de Igueldo a Ulía. Escritura automática, a borbotón y conectada a mi "centro": mente, corazón y manos ¡una vez más en honor a Otto Scharmer, el MIT y su labor divulgativa de "otras maneras de vivir"!

Gaviotas jugando con la brisa. Gaviotas flotando en el Cantábrico que a lo lejos semejan ser patos. Patos que se pierden en la niebla que adorna el verdor de los bosques que inspiran. 




Conozco a esta directiva desde hace ¡seis años! y en tándem hemos batido uno a uno objetivos simples y complejos, lógicos y alocados, previsibles y sorprendentes que ella propone para su empresa familiar. Llevamos tanto tiempo trabajando juntas que basta mirarnos para saber qué está pasando y si hemos de dosificar el desafío o aligerar la complacencia. De vez en cuando nos permitirmos el lujo de un desayuno pecaminoso (brioche plancha con mermelada y mantequilla) en un establecimiento bonito de la ciudad. A estos encuentros fuera del despacho les llamamos coaching neoyorkino, al ser una modalidad de entrenamiento en USA.




El tema empresarial que le ocupa pertenece a la zona encriptada del bosque -la sagrada confidencialidad- pero un asunto colateral ha surgido -como un champiñón tras la tormenta de verano- y me ha resultado curioso. 

Si bien Adelaida presta ayuda a sirios y troyanos y se lanza con entrega a la resolución de cualquier dificultad que se produzca en su entorno, tiene verdadera dificultad en dejar que otras personas aligeren su carga laboral. ¿Por qué? Hoy no hemos resuelto el enigma pero se lo ha llevado anotado en su cuaderno para reflexionar junto a otras tareas prosaicas como el plan estratégico a tres años... A esta empresaria le cuesta imaginar cómo sería contar con una persona que aliviase el listado de tareas pendientes que satura sus jornadas. De hecho, cuando se lo he preguntado me ha mirado con ojos sorprendidos como si le hablase de gnomos o elfos como el de la imagen superior.

Dejemos reposar la incógnita. Permitamos que Adelaida sueñe-imagine cómo sería contar en su empresa con un profesional cualificado que aligerase su carga de aquellas tareas que no aportan valor añadido pero hay que realizar: llamadas, escritos, resúmenes, actas, emails e informes "devora-tiempo"... En el proceso, primero habrá que deshacerse de la idea de que ser empresaria significa ser omnipotente, es decir:  poder con todo siempre, a todas horas. No. Segundo... el mundo está lleno de personas valiosas por su aptitud y actitud (conocimientos y ganas) que pueden resolver-realizar-proponer... Cuestión de buscar y hallar. Sincronicidad. 


domingo, 19 de julio de 2015

Mandar no es suficiente ¡hay que liderar!


No sé cómo lo estoy haciendo para disfrutar tanto del verano sin dejar de pedalear. Pedalear, ya saben: seguir atenta a la actividad del despacho. En realidad palpo el latido interno y externo de la profesión que me eligió hace trece años (2002) cuando inicié la etapa 2.0 sobre mi periplo laboral anterior como periodista y creadora de historias.

Si miro hacia atrás observo la permanencia de un gozoso manantial creativo del que provienen todas mis actividades que se vertebran entorno a historias que construyo con unos gramos de realidad (objetividad) y acaso otros de espejismo.

Disfruto del verano al máximo nivel sin moverme de mi barrio donde hay playa y peces que también cuentan sus historias. Algunos días trabajo con personas cuyos desafíos hago míos durante un tiempo, y permiten que me asome a tan variados escenarios que apuntalan la idea de que hay muchos mundos ¡pero están en este!


Y me tomo ratos libres -que paladeo como un niño sus mejores gominolas- casi siempre con un libro al fondo de la mochila verde. 

Además, en verano me permito algunas licencias como leer filosofía, y así esta mañana he descubierto al pensador francés Alain Badiou para quien la crisis de nuestra civilización surge de un enfrentamiento entre la modernidad y la tradición. El influyente filósofo considera positiva la turbulencia que vivimos porque ayuda a comprender que "... si solo nos movemos por intereses egoístas no alcanzaremos pactos colectivos razonables...".
  


Y sin pactos colectivos razonables no es posible crear equipos, el tema que investigo con genuino interés en la última década. Equipos como el eslabón perdido entre el uno (individuo) y el infinito (la totalidad). Equipos como el punto de acupuntura que permite tonificar los sistemas productivos.

También tropiezo con el artículo de Gabriel García titulado El trabajo en equipo está sobrevalorado... y propongo salir de la dicotomía a la que todo se somete: ni los equipos son la panacea, ni los equipos son inútiles. Creo que para la eficaz aplicación de una metodología o propuesta la clave radica en conocer con precisión para qué hacemos las cosas ¿cuál es el objetivo que anhelamos?




Por ejemplo, Neruda no precisó un equipo para crear el micro-poema: ¿qué irrita al volcán que escupe furia y fuego? pero no imagino el funcionamiento de una oficina técnica de I+D donde no se trabaje en equipo...

Y así entre paseos, peces y lecturas engorda el verano y la carpeta donde recopilo materiales para la conferencia que ofreceré en otoño en Zaragoza sobre el mundo de los equipos de trabajo. Comparto con ustedes algunas ideas atrapadas esta mañana en el cuaderno a la sombra del toldo en la playa de mi barrio:


Mandar no es suficiente ¡hay que liderar! El liderazgo individual no es suficiente ¡se precisa la fuerza del equipo! Cuando un equipo no es suficiente  hay que movilizar la totalidad de la empresa con una lógica evolutiva y casi orgánica. Y esta es mi pasión. 



viernes, 17 de julio de 2015

Vivir con entusiasmo y esperanza


En San Sebastián esta mañana la felicidad era líquida

              

en la playa de mi barrio (Ondarreta) había más peces que nunca junto a las rocas del Pico del Loro. Sobre la arena, las niñas-ninfa paseaban su belleza mirando por encima del hombro a las ancianas que también fuimos sirenas del Cantábrico en un tiempo que parece remoto como un paisaje onírico.




El Serpentine Pavilion ilustraba las páginas centrales de El Viajero, cuadernillo central de El País, que he leído en la terraza de la playa mientras paladeaba un café americano con nube de leche y una ración de melón fresco que me ha sabido deliciosa.

Algunas cosas permanecen. Otras cambian. Splash de la marea que sube. Splash de la marea que baja. Olas que hacen charcos. Charcos que son lagos. Lagos de castillos en los que viven sirenas que nadan en el Cantábrico junto a los peces -hoy más bellos que nunca- en las rocas donde a veces me rozo un codo o un tobillo.




Todo era tan perfecto que daba miedo suspirar por si de un momento a otro pudieran desvanecerse la felicidad líquida del mar y la belleza sólida de la tierra.




La cometa del sol lucía tan lejos que no he podido descubrir donde estaba atado su ramal. Las niñas-ninfa soplaban a la brisa marina, y la nube blanca del café semejaba nieve sobre petróleo. 

Algunas cosas permanecen. Otras cambian. Pulsiones de la vida. Contrapunto que encuentro en personas, equipos, organizaciones y en la esfera del globo terráqueo cuyos habitantes analizan sociólogos como  Manuel Castells, de la Universidad de California, atento a la dualidad que mueve a los humanos.

En su libro Redes de indignación y esperanza (Alianza Editorial) Castells profundiza en la dualidad que -como las mareas y el cambio- oscila entre dos polos: el miedo-ansiedad y el entusiasmo-esperanza.

A cada uno de nosotros corresponde la elección: ¿Vivir con miedo y ansiedad, o plenos de esperanza y entusiasmo? 

Sin negar la  dificultad del dilema me pregunto si en verdad existe opción a elegir la blanca nube de esperanza sobre la negra mancha de petróleo (miedo).


lunes, 13 de julio de 2015

Claves para la felicidad


Quizá la felicidad sea una planta que crece a 4.000 metros de altitud, explica con dulzura Phuntsho (responsable de la oficina para la investigación de plantas medicinales de Bután). O tal vez sea cierto que la felicidad es una actitud que comienza por cuidar de uno mismo, como afirma el periodista Borja Vilaseca. Acaso la clave esté en la mano de Csikszentmihalyi para quien felicidad es sinónimo de flow, experiencia que se produce cuando nos sumergimos totalmente en una actividad que nos apasiona. Finalmente algo sabrá de la felicidad mi querido amigo Martin Seligman quien imparte clases de psicología positiva en la Universidad de Pensilvania tras haber investigado gran parte de los 2.125 trabajos publicados sobre la felicidad.


La felicidad...


¿Cuestión de aptitud, actitud o altitud?


El Premio Nobel de Economía Stiglitz se pregunta si el PIB, Producto Interior Bruto, es una buena medición de los niveles de vida de los ciudadanos... y mira de soslayo -por sí la respuesta llegase desde el reino de Bután- el llamado FIB, Felicidad Interior Bruta, medida por la Universidad de Leicester (Reino Unido) donde han diseñado el mapamundi de la felicidad en cuyos ocho primeros puestos aparecen: Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia, Suecia y ¡Bután!





Los habitantes de ese pequeño país asiático son felicices en un 52%, muy felices en un 45% y desdichados en un 3%. La cercanía del Himalaya, la apuesta por el camino medio (budismo) y la construcción colectiva de unas normas quizá puedan inspirar... ¡inspirarnos! 

Cada dos años los ciudadanos de Bután rellenan un cuestionario compuesto por 180 preguntas cuyos últimos resultados se concretan en nueve puntos. El bienestar psicológico de las personas aparece en primer lugar seguido del uso del tiempo; después aparecen la vitalidad de la comunidad, la cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno.

Nada que añadir. La sabia lógica -unida a la sencillez- de estos indicadores dan pistas para quien desee ser feliz aterrizando en el planeta la felicidad que no es utopía sino anhelo, que no es placebo sino realidad y que no es escapismo sino destino.




La ciencia investiga y descubre las claves de la felicidad que sintetiza el rotativo El País. Los ciudadanos de Bután miden el índice de la felicidad de sus habitantes. Quienes viajan a ese reino comprueban la veracidad de los datos. ¿Y nosotros? ¿Nosotros los occidentales? 

Del barrido documental realizado para escribir este post rescato dos ideas. La primera: si queremos ser felices ¡no busquemos que el mundo se adapte a nuestros deseos! Como decía un buen amigo mío: no esperemos que nos traigan nuestra tacita de plata. La segunda propuesta en busca de la felicidad consiste en la solidaridad cuya práctica aporta más felicidad que el  consumo, el hedonismo y el placer.


miércoles, 8 de julio de 2015

El Punto Ciego del Liderazgo


La playa de mi barrio tiene un chiringuito en el que caben veinte mesas, ni una más ni una menos. Y aunque hay toldo, en todas ellas golpea el sol, cuando aparece, en paralelo a la rotación del astro rey.

Dado que soy una adicta al mar, paso buena parte del verano en el chiringuito adjudicado por el ayuntamiento de San Sebastián a un grupo de encantadores universitarios trilingües. Hoy, al final de la tarde, me he acercado al mostrador y ya tenía el café servido justo en el punto de agua y leche que me gusta ¡y muy caliente! y  he podido elegir mesa porque la playa estaba vacía. 

Cuando el todopoderoso punto amarillo no se muestra en la vertical del cielo la playa queda desierta de humanos y llena del encanto para media docena de vecinos del barrio que sabemos de nuestras manías y preferencias desde hace años.



He observado algunas paradojas: aunque no había sol la temperatura era agradable; la brisa estaba deliciosa pero no he visto ninguna cometa; los socorristas aparecían en sus puestos pero en el Cantábrico no flotaba bañista alguno y, finalmente, el chiringuito de la playa y sus veinte mesas estaban todas disponibles para mi lectura batida de espuma y oleaje.

Además de leer me dedico ¡a descubrir puntos! me fascina establecer conexiones improbables entre lo que leo, pienso, siento, me ocurre, me cuentan, escucho y aprendo.

Primer punto de la tarde: excelente pero no suficiente, el último concepto escuchado a Edward de Bono hace una semana en Bilbao. Excelente pero no suficiente, en inglés EBNA. He unido esta nomenclatura al trabajo que realizo con algunos profesionales talentosos de la industria vasca: son excelentes pero... a ratos parecen no ser suficiente para sus organizaciones y entonces aparece el segundo punto de la tarde: el punto ciego del liderazgo del que hablan Otto Scharmer y Peter Senge. Las sinapsis neuronales se precipitan al ritmo de la marea ¡que está bajando y me llama con fuerza para que vaya a remojar los piececillos!




El trabajo con el punto ciego del liderazgo es muy interesante y presenta una cascada de desafíos que sólo los profesionales más intrépidos se plantean porque pasa por preguntarse ¿quién soy (identidad) al hacer esto o lo otro al frente de mi departamento de creación de patentes, prototipos, fusiones, internacionalizaciones, compras, aprovisionamiento o lo que fuera?


En mi actividad profesional
¿Quién soy?


El trabajo con el punto ciego del liderazgo también exige del profesional la capacidad de sostenerse a sí mismo en cualquier contexto por más tóxico u hostil que sea. Sostener el cuerpo, la mente, las emociones y ¡el alma! (o sentido último de cuanto hacemos).


¿Qué sentido tiene mi trabajo?
¿Para qué lo hago?
¿Con qué valores personales conecta?




La camarera que estudia pediatría recoge mi taza y me pregunta si el café estaba rico. Le digo que riquísimo y quiere saber qué leo... Uf... le digo... otro día te enseño... y recojo los bártulos porque se me hace tarde, como al conejo de Alicia en el País de las Maravillas que no es otro sino este (nuestro planeta) con sus playas vacías cuando no está el punto amarillo en la vertical del cielo.