Mostrando entradas con la etiqueta Albert Einstein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Albert Einstein. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lavanda en Aiete

El talento es una energía encerrada en un sistema.
Pisando hojas, el filósofo de Aiete (bosque cercano a mi casa) y yo misma hemos caminado dos horas bajo una lluvia horizontal típica de San Sebastián. La soledad y belleza del lugar merecen levantarse temprano un domingo, ponerse botas y chubasquero, y dejarse azotar por la brisa marina que alcanza la ciudad entera y sus recodos.

- El talento es una energía encerrada en un sistema- ha dicho él.
- ¿Encerrada? -le he desafiado yo- nada que esté encerrado puede contener la pulsión del talento que se caracteriza por respirar, de dentro a fuera, de input a output, de neurona en neurona, de sinápsis en sinápsis...

- Bueno, si no encerrada, contenida -ha matizado tras un largo silencio mientras recogía castañas que después asa su horno doméstico.

- Ya... ¿y qué más?

- Bueno, no sé... la cuestión es que es una energía y que preservarla, cultivarla, es lo esencial.

- ¿Preservarla o cultivarla?
- Preservarla si el talento aún te acompaña, y cultivarla si lo has despistado en algún momento...

Después hemos llegado al acer rojizo que se está quedando desnudo porque es de hoja caduca. Más adelante había unas matas de camelias llenas de capullos aún cerrados -está lloviendo demasiado para que se abran las flores de las camelias- ha dicho el filósofo. Por fin hemos alcanzado la zona más baja donde este año han sembrado un largo sendero de lavanda que él llama espliego.

-La energía ni se crea, ni se destruye, se transforma, ya lo dijo Einstein- le he provocado para que soltará la madeja de su pensamiento y verbalizara su peculiar enfoque de la vida que a veces me parece alocado y otras tan cuerdo como un sabio fuera de contexto.

- La energía se degrada con nuestra manera de vivir, de pensar, con nuestras acciones, con la calidad de la intención de lo que deseamos... Más castañas para su casi repleta bolsa de Lidl. La luz de la que hablan los yogis orientales no es otra cosa que la energía original con la que nacemos preservada por la sabia intención y la acción correcta hacia el entorno y los seres que lo habitan. De esa energía original que pervive en nosotros nace el talento, que en unos está obturado y en otros brilla con luz propia-. Suenan doce campanadas en la parroquia de Aiete, me mira y dice - agur, otro día nos vemos- mientras se aleja sin mirar atrás. Nunca mira hacia atrás.

miércoles, 16 de junio de 2010

Del Know How al Do How... Gin Tonic

Si me lo permiten, hoy seré vehemente: no creo en la formación. No creo en la formación como aislada metodología de aprendizaje adulto en el seno de las organizaciones. Creo en el entrenamiento, es decir, en una adecuada mezcla de tónica (teoría) y ginebra (práctica).

En la sociedad del conocimiento -a la que pertenecen buena parte de las empresas para las que trabajo- las poderosas mentes exigen con persistencia su cuota teórica bien argumentada, referenciada y santificada por la biblioteca de Babilonia. Saben muchísimo y aún anhelan mayor conocimiento. Bien, nada que objetar. Sin embargo, mi aportación pasa por sumar un poquito de práctica, experimento y aventura para descubrir (de primera mano) si funciona lo que los teóricos dicen que funciona. Hemos de saltar al gimnasio para entrenar con sudor y lágrimas, risas y cansancio, logros y errores, caídas y persistencia, frustración y esperanza.

Hace unos días -leyendo las páginas sepia de EL PAÍS- descubrí una interesante estadística según la cual cuando la formación se combina con entrenamiento la eficacia que se logra es de un 80%, un porcentaje infinitamente mayor que cuando sólo se enseña. ¿Qué les parece?

En el contexto empresarial, con frecuencia observo una persistente paradoja: mientras la insaciable mente pide más y más teoría, el cuerpo, las emociones (y acaso el alma) se retraen como un caracol miricol hacia su concha cuando se pide un gramo de práctica. Permitan que me explaye. Todos entendemos que para obtener resultados diferentes hemos de realizar cosas diferentes (Albert Einstein). Pues bien, esta idea básica inspira la necesidad de salir de la llamada "zona de confort" (conocida, tanteada) para entrar en la "zona de oportunidad" (nueva, inexplorada) lo que conlleva un cierto riesgo, concepto alérgico para algunos intelectuales.

Cuando entreno a un equipo va todo sobre ruedas en la parte teórica, las referencias bibliográficas y los artículos de prensa especializada, y se tensa cuando hay que ponerlo en práctica, en una escenificación a escala de los aprendizajes que han de integrarse en la organización. Resistencia al cambio y -digámoslo sin ambages- miedo. ¡Tanto hablar de innovación y resulta que somos alérgicos a probar cosas nuevas! Paradojas con las que me encuentro cada día: inmovilismo que descorazona... ¿Será cierto que el aleteo de una mariposa puede transformar la hipérbole planetaria? Ojalá.