Por fin luce el sol en el norte, mi tierra. Durante la primavera ha llovido tanto y durante tanto tiempo que la hierba se alza más de un metro en la mayoría de los campos en barbecho. Las intrépidas cabras que se internan en inhóspitos territorios quedan cubiertas hasta el cuello por el verde. Un espectáculo.
Por fin luce el sol en el norte primaveral cuando los manzanos nos regalan sus flores. No hace falta ir al Jedre. No tengo nada en contra de esa tierra. Sin embargo, deseo hacer apología de lo cercano ¡podemos disfrutar tanto por tan poco con tan sólo estar atentos! La consciencia no es otra cosa que la capacidad de ser en plenitud en el aquí y el ahora, de disfrutar de lo que hay mientras imaginamos, actuamos y nos dirigimos hacia nuestros sueños.
¿Saben? Las personas más felices no suelen ser aquellas que más tienen; bien al contrario, lo son aquellas que paladean cada gramo de logro cotidiano. La felicidad es una percepción subjetiva cuyo control nos pertenece. Estar en el presente ayuda mucho y reconocer lo que hay (lo logrado -poco o mucho ¿quién habrá de juzgarlo?-) contribuye a los estados de fluidez/contento.
También he visto cerezas muy chiquitas y verdes e incipientes higos. El impacto más intenso, hermoso y al mismo tiempo delicado ha sido el de los manzanos. Ojalá no hiele en lo que resta de mayo. Ya saben que en Guipúzcoa hacemos sidra y que hay un pueblo llamado Astiagarraga donde las sidrerías son mucho más que un lugar en el que comer-beber productos de calidad. Si vienen por aquí, por favor, disfruten de los manzanos en flor.
