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lunes, 11 de septiembre de 2017

Reinventar las organizaciones



La Dirección General de Tráfico, DGT, organiza en Bilbao una jornada bajo el claim Responsabilidad Compartida, en la que me han invitado a participar.

Aunque les he dicho que incluso en carreteras comarcales son una conductora temeraria, insisten en que participe, y me piden un avance-resumen de mi ponencia para incluirla en los papers que distribuirán entre las decenas de asistentes al evento que se celebrará en Archivo Histórico del País Vasco con sede en la capital vizcaína. Comparto el abstract y las "ideas fuerza" que imprimirán en el entregable.




ABSTRACT:   
Con una larga experiencia de entrenamiento a líderes y equipos empresariales, la ponente observa mucho “sufrimiento innecesario” en las organizaciones provocado por la escasa talla moral o ética de las personas, más que por dificultades inherentes a la complejidad productiva, la globalización o la competitividad.


Reconociendo que la relación causa-efecto no es una ecuación simple, Azucena Vega Amuchástegui aplica la “teoría de los sistemas” al análisis y búsqueda de soluciones a los dilemas humanos en las empresas, y propone una reinvención de las organizaciones basada en: asumir el trabajo con espíritu vocacional al servicio del bien común; incrementar el nivel de consciencia desde el que operan los profesionales; empequeñecer el ego; practicar la  honestidad y -finalmente- vivir las empresas como “prototipos” de la evolución humana.


IDEAS FUERZA:
·         Sufrimiento innecesario en las organizaciones productivas.
·         Necesidad de un cambio de paradigma.
·         El bien común como horizonte.
·         La consciencia como clave del liderazgo.
       Las empresas como prototipos de la evolución humana.



jueves, 8 de julio de 2010

Superpuerto

Sólo hay una cosa que salva de la locura al humano.
En mitad de la tormenta sólo hay una cosa que lo mantiene cuerdo: el amor de un hombre, una mujer. Superpuerto que frena el oleaje mar adentro hacia la nada. Protección de la muerte por resaca del océano-mar. Sólo hay una cosa que salva al humano de la locura: el amor de otro ser.

jueves, 9 de octubre de 2008

Felicidad en un Dedal

El otoño ha pintado de amarillo, verde y ocre los árboles de la city. Hoy he pasado el día trabajando en Bilbao, mi ciudad natal, y he sido "niña mala" un par de horas en las que me he permitido el lujo de pasear por la ribera del Nervión. Amarillo, verde y ocre en los árboles del parque de Doña Casilda Iturrizar en cuyo estanque nadan los biznietos de los patos a los que mi padre y yo echábamos migüitas de pan los domingos. Entonces no teníamos el icono del Guggenheim, impresionante incluso desde fuera, sobre todo desde fuera. Tengo miedo a la araña de ocho patas que hay en los aledaños, una gigantesca escultura cuya tripa está preñada de proyectos. Jamás paso por debajo de ella, hoy tampoco lo he hecho prefiriendo invadir a ratos el carril de bicicletas mientras contemplaba la magnífica Universidad de Deusto cuna de banqueros, de hombre y mujeres de negocios.

He pasado dos horas de felicidad absoluta justo al atardecer. Cuando sobre los montes sombreados en azul se perfilaban nubes claras, resplandecientes, sobre la villa de Don Diego López de Haro. He cruzado la ría sobre el famoso puente de cristal diseñado por Catalatrava y, a la vuelta, sobre el puente del Arenal, delante del ayuntamiento, y después sobre el puente de Zorrozaure. Calculo haber caminado unos 8-10kilómetros paladeando lo que mi hermana denomina "mi capacidad de ser feliz con un dedal".

La capital vizcaína me ha parecido hoy la ciudad de los puentes en la que se habla más euskera que hace ¿veinte años? Los planes de euskaldunización van haciendo sus efectos y quienes nacieron en los ochenta han estudiado en el modelo D (sólo en euskera). Me ha sorprendido. A medio camino he tomado el tranvía verde, un lujazo para una ciudad de apenas 500.000 habitantes. Me he acordado de algo que aprendí el verano pasado cuando coincidí con el escritor Jorge Bucay en unas jornadas filosóficas de la Universidad del País Vasco: "Tenemos el derecho y la obligación de ser felices mientras gocemos del privilegio de estar vivos."
¡A lo mejor es eso y no la teoría del dedal!
Me siento dichosa y agradecida de estar viva.

Me he sentado en la terraza acristalada del Ibaiberri, junto al centro comercial Zubiarte. De nuevo amarillos, verdes y ocres de otoño saludando desde las ramas de los árboles. He tomado mi clásico café americano, fuerte, humeante, rico-rico y he repasado mi planning de trabajo.

Consciencia de felicidad que, acaso, sea una decisión. Consciencia de felicidad que, acaso, sea una dirección... perpetuo mobile, en perpétuo movimiento, como un blanco móvil que cada cual persigue a su manera.

Otoño en la city, corbatas, trajes, razas, museos, puentes, la ría, unos niños saludando desde una barcaza que transporta escolares.

La noche cae mansa sobre la urbe y arriba las estrellas y media luna, media luna blanca, que no roja. Tiempo para los sueños.