Desarrollo del potencial uno a uno, colectiva y socialmente: personas, equipos y organizaciones caminando al frente como un entrenado ejército para alcanzar el sueño de ser quienes somos: almas encarnadas -plenas de recursos- esperando pacientemente su momento, en verdad nuestro momento.
El tiempo es ahora y el lugar es aquí: donde estamos, sin más pretexto que armarnos de coraje para dar un paso al frente (sólo uno) en la escalera que lleva al infinito.
Ustedes ya conocen la manía recurrente que me habita de perseguir mis sueños: un libro, un hijo, un árbol; una conferencia, un curso en la universidad, un workshop en una escuela de negocios; una acuarela, una clase de inglés, un viaje a Rótterdam, un poco de gimnasia ... Tengo esa manía desde que era niña y leía todos los tebeos del mercado: jamás me plantee que hubiera imposibles, ni siquiera en la catedral de Santiago (Bilbao) donde mi abuela Julia metía reiteradamente una moneda en una cajita de madera en la que ponía: limosna para un imposible…
El desarrollo del potencial divino acaso sea lo más humano que podemos plantearnos alcanzar. Aún no he completado el texto que compartiré en la Cámara de Comercio de Bilbao, si bien cerraré la exposición con la "asamblea de carpintería", un relato de mi amigo Blas Campos, a quien le he pedido permiso para utilizarlo. En ese caso, la metáfora alude al desarrollo del potencial de los grupos en los que la aportación única -singular- de cada uno dimensiona el potencial de logro ¿exponencialmente? Siií.
Esta vez no llevaré bellotas. Los que me siguen, saben que casi siempre acudo con el símil de mi mentor Sir John Whitmore: donde hay una bellota, hay un roble en potencia, como donde hay un niño hay un adulto, y donde hay un sueño, una realidad alcanzable, y donde hay miseria humana puede existir luz divina. Cuestión de desarrollar el potencial. Supongo que es a lo que me dedico… aunque aún no lo tengo claro… Perdonen que hoy haya escrito a chorro, sin corregir fondo ni forma: comunicando, comunicandoME con ustedes, de corazón a corazón, como aquel programa de la radio pública de los años ochenta… tiempo ha... y, sin embargo, hay verdades que no caducan, como la de Victor Hugo: nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento: ¡Desarrollemos el Potencial!
