Acabo de llegar a casa tras una tarde de shopping. Es sábado y la ciudad está repleta de turistas nacionales. Como el tiempo no acompaña, llenan las tiendas de ropa, las zapaterías, librerías y todos los cafetines de lo nuevo y lo antiguo, del centro y la periferia. Vengo contenta porque he tenido el privilegio de ver -a menos de un metro- a un par de pájaros verdes: el macho seguía a la hembra que zigzagueba por la principal tienda de Máximo Dutti con algunas prendas colgando del brazo. Él la seguía y (de vez en cuando) comentaban algo sobre un tejido, un color, una textura... Los dos tenían en pelo muy bonito y blanco, ella ligeramente más largo que él y revuelto graciosamente. Ambos llevaban mocasines Camper y caminaban con soltura y resolución entre las gentes... Les he seguido con la mirada un rato mientras coqueteaba con la idea de encontrar un jersey gris perla para conjuntar con unas sandalias que me he comprado. Aunque he visto algunos que estaban bien de precio, ninguno me ha seducido lo suficiente, así que al cabo de unos minutos he abandonado el establecimiento. Ellos se han quedado en el probador: ella dentro... él fuera asomando la cabeza tras la cortina.
¡Ah! Me doy cuenta de que no les he contado la historia original: en el zoo de Stuttgart -que visité en varias ocasiones cuando mi hija vivía allí- despertaban en mí una gran ternura unos pájaros de color verde que al parecer -según explicó el guía- se emparejan de por vida. Era curioso observar como se movían acompasadamente de una rama a otra, de un arbolito al siguiente como si fueran un sólo cuerpo y dos sombras miméticas. ¡Para siempre! Y apenas se puede imaginar las "carantoñas" que se hacían pico a pico... El cartel ilustrativo les identificaba como periquitos silvestres (miren en Google si sienten curiosidad)... Desde entonces, en mi casa, siempre que vemos a una pareja de largo recorrido, que sintonizan hasta en los andares, se comunican con palabras, gestos y hasta en silencio, sonríen con la comisura de los ojos, caminan con agilidad, hacen bromas, se tocan, ceden el paso el uno al otro y se adornan de comodidad y estilo... les llamamos pájaros verdes. De por vida. ¡Qué hermoso! ¿No les parece?
