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lunes, 19 de abril de 2010

Amor Holandés

Estoy atrapada en Rotterdam por una nube de ceniza: no sale ningún vuelo del territorio holandés, no queda ni una sola plaza de tren ni de autobús, y los taxis cobran millones por kilómetro (es un decir). Suelo oler las trampas como los animales salvajes... a la legua. Esta vez, sin embargo, vine tan feliciana sin intuir que podría quedarme atrapada debido a la pasión explosiva del volcán Eyjafjalla (Islandia). Difícil de prever lo sé, aunque no me consuela en absoluto y tampoco me tranquiliza saber que están en la misma situación los pasajeros de otros 23 países, ni que nos hemos quedado en tierra miles de personas tras la cancelación de más de 100.000 vuelos. El martes 20 yo tenía que estar en el despacho de San Sebastián con una agenda tan apretada como un vaquero cuando engordas dos tallas... En fin, una puñeta (ya perdonarán este humor esquivo). Al menos tengo el ordenador -que no es poco- para poder conectar con las personas que debía entrenar para avisarles de que no será posible...

Desconozco las imágenes que estarán llegando a la televisión española, aquí la holandesa emite unos reportajes del aeropuerto de Schipol (Amsterdam) que bien pudieran ser tomadas en un campo de refugiados tras un sunami: toda la zona de embarque y aledaños está habilitada con cientos de camillas del ejército para que los turistas sin recursos puedan al menos pernoctar allí, in situ, en el propio aeropuerto. Un caos. Por mi parte, dado que no acepto un no por respuesta -al menos sin pelearlo bastante- espero regresar pronto al despacho aunque sea a pie por el Camino de Santiago, je je.

Mientras tanto, he decidido tomármelo con filosofía y aprovechar mi estupenda y vetusta bicicleta sin frenos (como todas las holandesas, ver foto). Hoy he pedaleado por Rotterdam city unos... ¿treinta kilómetros? o algo así. He ido dejando atrás los tres puentes elevadizos y uno colgante muy parecido al que hay en Portugalete (Vizcaya, País Vasco). Hace buen tiempo: sol y unos catorce-dieciséis grados así que es muy agradable pedalear por el carril de bicicletas cuando pierdes el pánico a las motos que te adelantan a un centímetros (van por el mismo carril que las bicis), o cuando se forman filas de tres en paralelo siendo el carril, lógicamente, para dos... el caso es que hoy me dejado llevar por la exploradora que me habita, y he descubierto una escultura cuyo mensaje me ha parecido inquietante. Le llaman "El amor encadena" y se trata de un corazón de grandes dimensiones lleno de candados de varios tamaños, clases y colores con el nombre de personas... ¡¡Qué terrible!! ¿No les parece? El amor, encadena... ¿Encadena? ¡Encadenaaaaaaa! (Ver foto junto al canal).

Con esa reflexión en mente me he acercado a escribir en uno de mis cafetines favoritos: en la última planta de una enorme librería que tiene una terraza con espléndidas vistas de la ciudad, la cúpula del ayuntamiento -realmente majestuoso- la tradicional Ñ gigante y el edificio Fortis. Tras un capuchino, he vuelto a casa y no he comentado nada del tema de los candados, ni les he preguntado su opinión, ya que ellos -como yo- son salvajes, huelen el peligro y acaso saldrían de estampida... ;-D