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lunes, 25 de mayo de 2009

La amiga de Mikel: Esperanza

Hoy me han dicho una de las cosas más bonitas que un profesional puede escuchar al término de una sesión de "entrenamiento". Él se llama Mikel, es un hombre joven, hermoso, lleno de vida. Toca en dos grupos de rock y lleva una camiseta negra -que le regalaron sus amigos- con una estampación de vampiro espectacular. Busca su destino.

Difícil mantenerme neutra a un lado del camino sin opinar, sin balancear la romana de la existencia hacia el lado de mi mapa mental (jerga de la programación neurolingüística). Difícil no sintonizar desde el primer momento con sus ansias de libertad, de experimentación, de juego y diversión: Vida con mayúscula.

Ha llegado al despacho como casi todos... por recomendación de boca a oreja: otra persona con la que trabajo ha explicado las bonanzas del diálogo estructurado y enfocado al logro de objetivos al que llamamos Coaching. ¡Si Socrates levantara la cabeza! Más de una "toñeja" detrás de la oreja... Pero no levanta cabeza... sigue atrapado en su camposanto criando malvas e inspirando a quienes quieran practicar el arte de preguntar... Una buena pregunta es la mitad de la respuesta.

Y eso me ha dicho Mikel al término de nuestro primer encuentro: que mis preguntas le han ayudado a ordenar su pensamiento. Guauuu ¡¡qué halago!!

Sin embargo, el mayor impacto ha sido su última frase... con la puerta del despacho ya abierta... enfilando el pasillo que lleva hacia el ascensor: - Me llevo esperanza - ha "soltado" desenfadadamente, con esa ingenuidad tan hermosa de quien aún no está maleado por la vida, con minúscula. Y me he quedado callada, mirándole en su belleza de hombre joven alto, fuerte, de ojos marrones profundos... Esperanza... ¡¡Cielo Santo qué estamos haciendo con nuestros jóvenes!!

Gracias Mikel: sigue gozando tu verdad sobre los escenarios de Euskadi mientras hilas tu destino cuajado de esperanza, de sueños realizables y -si quieres- permite que sea testigo de tu grandeza aquí, en esta tierra de posibles.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Otoño en la bahía

Son las ocho de la mañana. Huele a otoño sobre la mansa bahía. La mar, azul, naranja, rosa y morada está plana. Aquí decimos como una "tacita de plata". Bellísima. En las últimas semanas van desapareciendo una a una las embarcaciones de recreo que adornan el horizonte. Dentro de quince días no quedará una.

En la Avenida de la Libertad, una de las tres principales arterias de la ciudad, meca del shopping, los últimos vientos del verano se llevaron los carteles de rebajas. Los primeros vientos del otoño han traído precios monumentales en las tiendas de marca.

Paso en bicicleta, veloz, por las principales entidades financieras de San Sebastián. Están abiertas, y en sus cristaleras desafían al transeúnte con sus depósitos al 5,5, al 6, incluso al 7%. Jamás he visto semejante demanda de dinero en lo que recuerdo de vida adulta.

Bullen las bicicletas rápidas por el carril rojo que atraviesa la ciudad: estudiantes, profesionales, amas de casa, ejecutivos con traje... pedaleamos al ritmo de la mañana que despunta, se eleva y arremolina con las gaviotas que anuncian agua. Nos mojaremos de regreso a casa, de nuevo pedaleando, acompasados por la marea.

Bulle la ciudad de proyectos, de negocios, de investigaciones, de mejoras, de todo tipo. Yo misma participo en algunas. Mi aportación es desde el Coaching.

En un mundo rápido en el que no existen fronteras físicas (acaban de trasladar a Amsterdam a una de mis más queridas directivas, acaban de trasladar a otra desde Bilbao a Barcelona, y un tercer profesional aterrizará la semana próxima en Madrid procedente de Vitoria)... y en el que el tiempo se lo devora la jornada laboral, el llamado "desarrollo de personas" tiene más posibilidades si se realiza dentro del horario de trabajo. Coaching para reflexionar sobre tres preguntas esenciales: de dónde vengo, dónde estoy, y a donde me dirijo.

Las 8.15. Time. Time is gold. Comienza mi jornada.