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jueves, 13 de enero de 2011

Hikamika

El lunes estuve hablando con él. Tras las gafas había unos preciosos ojos azules, listos y calibradores propios de las personas que llevan media vida en la barra de un restaurante con prestigio. Yo disfrutaba de una generosa ración de sus famosas tortillas de patata con pimiento y de un tragüito de tinto de cosechero. Eran las doce del mediodía de una jornada que yo había comenzado en el despacho a las siete de la mañana. En un momento me dijo: ¡¡Hay hambre, eh? A lo que le contesté: es que he desayunado muy temprano, Alfonso.

Era el que mejor hacía las patatas panaderas, los pimientos del piquillo y los pescados en todas sus modalidades. Desde 1960 había sabido cultivar una clientela fiel y adinerada que hacía triple cola los viernes en la barra del Hikamika para tomarse una copita y un pastel de pescado o una "ropa vieja" algo que seguirá haciendo su equipo porque él se ha ido para no volver.

Mi homenaje de hoy es para Alfonso. Trabajó mucho, supo generar un cierto éxito hostelero y ya no está. Guardo silencio y pienso: Tenemos el derecho y el deber de ser felices mientras gocemos del privilegio de estar vivos.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Rosa Palo

Son las 7.25 de la mañana y escribo desde el despacho. No, no he dormido aquí, je je... Acabo de llegar en mi bicicleta voladora ¡por cierto! trafico intenso hoy en el carril rojo -llamado en Euskadi bidegorri-, tráfico intenso de peatones que cruzan por todas partes y más allá -al fondo del paisanaje- tráfico automovilístico también intenso.

Los obreros en las obras, las degustaciones horneando, los últimos camiones de recogida de basura regresando al taller, las señoras de la limpieza abrillantando las oficinas de la avenida... Perpetuum Mobile. ¿Y la bahía? Rosa, un rosa de cuento, de acuarela ¡espectacular! Cielo agua-vino que se refleja sobre la totalidad de La Concha mansa, quieta, silenciosa, donde sólo las gaviotas dejan huella sobre la inmaculada arena. Comienza el día con una sonrisa -agradecida de tanta belleza, vida-.

Suena el tiembre del portal. Primer round ;0)

domingo, 22 de agosto de 2010

Rodaja de limón

Con la pleamar, la bahía es una rodaja de limón y los turistas se apelotonan en el gajo de cítrico que el mar concede mientras enfilo la ascensión al monte Igueldo, entre caseríos. Los higos no están maduros (van con retraso), sin embargo las manzanas rojas están fantásticas colgadas de los árboles como adornos navideños. Las moras están en su apogeo y las primeras bellotas brillan en los robles: se aproxima el otoño en el norte vasco, un tiempo que para muchos de nosotros significa el verdadero comienzo del año psicológico, ese momento en el que trazamos propósitos en el invisible papel del porvenir. En mi caso: adelgazar dos kilos, realizar sesiones de gym tres veces a la semana, volver a pintar acuarelas, y encontrar un profesor/a nativo para practicar mi oxidado inglés de escuela oficial de idiomas.

Están contentos los hosteleros porque se han batido las mejores cifras de turistas de toda la historia guipuzcoana. A pesar de la rodaja de limón que ahora mismo es la bahía, de las muchas obras urbanas y de la climatología, la tacita de plata sigue vendiendo glamour, gastronomía fabulosa y una belleza idílica de veleros propia de Montecarlo.

Conozco a las personas que han puesto riñones (esfuerzo), talento, malos ratos, afán de superación y muchas cosas más para sostener las cifras de turistas y la calidad en el punto de información situado en el Boulevard. Son un puñado de profesionales a los que admiro aunque que a ratos tengo la impresión de que su "felicidad laboral" no está a la altura de sus logros. Es como si tuvieran floja la autoestima grupal. Me explico... Re-leyendo hoy al psicólogo Ferrán Salmurri he descubierto lo que denomina el "índice de la felicidad" que se obtiene a partir de la auto-evaluación de cinco factores. ¡Jueguen conmigo! ¿Quieren? Tomen lápiz y papel y dispónganse a puntuar de 0 a 10 en cada uno de estos conceptos: ¿Cómo andan de autoestima? ¿Y de capacidad de pensamiento positivo? ¿Qué tal las relaciones con los demas? y ¿el autocontrol emocional? Por último, ¿qué nota se otorgan en autocontrol de la conducta?

Sumen todas las puntuaciones, dividan entre cinco, y tendrán su índice de la felicidad hoy, en este momento. Ferrán Salmurri considera que la felicidad es una elección, así que si la nota obtenida es baja, quizá puedan proponerse aumentarla... ¡Que tengan un gran día!

domingo, 25 de julio de 2010

Un punto de apoyo

Alcanzar el nirvana ¡es posible! aquí, ahora y sin dinero. Me explico: llegué a San Sebastián en 2002 y descubrí que los lugareños se bañan todo el año en el Cantábrico como una práctica de salud que conlleva voluntad, deteminación y fortaleza. Cada cada día les veo sumergirse en las aguas cristalinas: entran y salen del Atlético, de la Perla... instalaciones deportivas cercanas a la playa. Siempre que veo lo que sin duda es un espectáculo inusual, despiertan en mí una envidia sana por varias razones. La primera, es que rompen el tabú de acudir a la playa y bañarse sólo cuando es verano. La segunda, que en ocasiones practican la natación mar adentro con el termómetro por debajo de los diez grados centígrados ¡qué coraje!, la tercera y última -no por ello menos interesante- que el compromiso con su salud es más fuerte que cualquier impedimento o excusa. Siento admiración por esas personas que en su mayoría sobrepasan los cuarenta años y vienen realizando el ritual del baño diario durante décadas.

Hoy he alcanzado el nirvana al sumergirme en el Cantábrico en una jornada en la que si bien es verano el termómetro alcanza apenas los 16 grados y cae una fina lluvia que en el norte llamamos chirimiri y en el resto del país calabobos porque es tan fina que apenas la sientes y al cabo de una hora estás realmente mojado. Tras un enérgico paseo de una hora hora con el agua lamiendo mis tobillos y el anorak con gorro abotonado, me he acercado a las rocas del "Pico del Loro" (separación natural entre las playas de La Concha y Ondarreta) donde he dejado mis cosas y me he dirigido al mar. En ese momento no había nadie dentro del agua en al menos quinientos metros a cada lado de mi posición. La sensación de estar sola ante el Cantábrico ha sido hermosísima: al fondo la isla, a la derecha el monte Urgull, a la izquierda Igueldo y por todos lados numerosos yates y veleros. No había olas y la "tazita de plata" estaba tan serena como bella con un fondo de mar verdoso y limpio acompañado de pececillos de tres centímetros casi transparentes. He nadado un buen rato escuchando el plas plas de mis brazadas en conexión total con el cielo, el mar, el silencio, la temperatura fresquita y agradable del agua y me he sentido lujosa, relajada, plena. Al salir del agua tenía sensación de heroína: ocho años para colmar un sueño ¡lo he logrado! ¿Saben? esta diminuta proeza hace que me sienta con ganas de acometer otras acaso menos sencillas y abordables... Dame un punto de apoyo, para mover mi universo. ¡¡Allá voy!!

viernes, 2 de julio de 2010

La magia del carrusel

Helado de cookies y frambuesa en la gelatería del Boulevard -centro de San Sebastián- con mi hija, este verano, en unas mini-vacaciones que se ha concedido a modo de tregua en la batalla musical que mantiene desde hace dieciocho años. Se afana por capturar el conocimiento ancestral de los maestros del violín la mayoría de los cuales superan los setenta años. Eso le ha llevado lejos, muy lejos, de casa: Israel, China, Nueva York, Noruega, Rusia, Italia, Francia, Inglaterra, Polonia... y sobre todo Alemania (dos años en Stuttgart) y Holanda (Rotterdam 2010 y 2011). Durante su estancia, hemos procurado estirar las horas como si fuesen chicles de cookies y frambuesa: nuestros sabores favoritos cuando compartimos una tarrina de helado y la saboreamos en el puerto (sentadas en el petril) mientras pasan los veleros (ver foto) y nos ponemos al día sobre nuestros pensamientos profundos, inquietudes e ideas locas que se funden en el horizonte y que no fluyen por Email o Skype, porque precisan una cercanía inferior a los diez centímetros de piel...

Cae la tarde, la bruma y el txirimiri (lluvia muy fina) en la bahía y decidimos aprovecharlo para despedir la jornada con un paseo a orillas del Cantábrico donde la temperatura del agua es excelente para los norteños y helada para el resto del planeta. Atrás quedan los temas laborales, el correo electrónico atrasado, los informes por completar, los proyectos... Avanzamos entre las olas sacándonos fotografías la una a la otra y riéndonos. Después nos subimos en el carrusel que hay frente al ayuntamiento y nos tronchamos literalmente por la gamberrada de niñas malcriadas. Se acerca el dueño y le sonreímos antes de que se enfade, sacamos algunas instantáneas, y regresamos de nuevo mar adentro.

Mañana se marcha la sirena y el mundo se apagará un poco para mí, como un caleidoscopio que se cierra sobre sí mismo. Acaso amar sea dejar marchar en libertad, supeditando el bien propio al del otro. ?¿ !¡