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viernes, 24 de enero de 2025

El Maestro García Márquez


Yo tenía cuatro años cuando Gabriel García Márquez tecleaba los primeros capítulos de Cien años de soledad, novela que alcanza 379 ediciones, ha sido traducida a veinticinco idiomas, y merecido numeroso galardones internacionales. 

La primera edición de "Cien años de soledad" vendió ocho mil ejemplares tan solo en la primera semana. Fue el comienzo del gran éxito de Gabo quien se alzaría con el Premio Nobel de Literatura en el año 1982. Pero todo no fue un camino de rosas. 





García Márquez tardó veinte años en gestar lo que inicialmente llamó "el mamotreto", más tarde "historia de la casa", y -finalmente- Cien años de soledad. Según dejó escrito, el proceso de redacción fue similar a la arqueología: cuanto más profundizaba en la historia de su familia, más tesoros encontraba.

Durante dos décadas el escritor dio trozos del manuscrito a sus amigos de manera que podía pulsar qué historias funcionaban y cuáles no encajaban o resultaban sosas. Después modificaba algún capítulo o personaje y seguía escribiendo cada jornada de ocho y media a dos y media.

Aunque trabajó escribiendo guiones y como periodista, no le alcanzaba para cubrir las necesidades de la familia que durante años transitó épocas de penuria, viéndose obligado a vender su coche e incluso el colchón en el que dormía con su esposa Mercedes. 

La persistencia / resiliencia de Gabriel García Márquez es una lección magistral para todo aprendiz de escritor, y parte de las reflexiones que hoy compartiré en el Taller de Escritura Creativa que facilito cada quince días. También pondré énfasis en la utilidad de someter nuestros relatos a la opinión de los lectores para comprobar su comprensión e incorporar mejoras. Les dejo ahora porque comienza el Taller de Escritura Creativa que coordino dos viernes al mes ¡mi tribu! 


Curiosidades sobre Cien años de soledad. BBC

viernes, 11 de octubre de 2024

Facilito un Taller de Escritura Creativa


Retomo una de mis pasiones: facilitar un Taller de Escritura Creativa donde las personas conecten consigo mismas y aflore el caudal de conocimiento, experiencia y emociones que todos llevamos dentro. 

Aunque durante tres décadas he facilitado talleres de escritura creativa, en esta ocasión la actividad se presenta ante mí como un sendero nuevo. 

Quiero compartir la experiencia con ustedes a través de este blog donde iré intercalando los habituales contenidos con otros relacionados con la escritura creativa.




Alerto de que los participantes y yo nos hemos desprendido del censor -señor con bigote que ahoga los primeros pensamientos-. No se sorprendan, por lo tanto, si a partir de ahora encuentran algunos post más desnudos y atrevidos: forma parte del proceso.

Según se desarrolle el taller -que comienza hoy- les iré contando mis reflexiones palmo a palmo, sobre el terreno.

La escucha es la antesala de la escritura


Las yemas de los dedos buscan a tientas el teclado: rebosan emoción y quieren encauzarla a través de la palabra, herramienta arcaica del hombre desde hace cinco mil años.

Mis Camper gore-tex se adentran en la húmeda campiña. Tras la noche cargada de viento, el campo es un cementerio de árboles quebrados y ramas rotas. En el río también flotan trozos de madera, vestigios del naufragio otoñal.

Los dedos buscan el teclado para descargar los pensamientos de igual manera que las nubes recorren kilómetros hasta encontrar el lugar preciso en el que soltar su carga de oxígeno e hidrógeno.

Aunque mi mente consciente desconoce el verbo y el predicado de lo que escribiré, mi inconsciente necesita un cauce para el deshielo de emociones encarceladas en la mazmorra que se encuentra al fondo del castillo. Los gruesos muros defensivos aíslan todo aquello que el dolor impide digerir: necesidades no cubiertas, desengaños, miedos, dolores y -en general- jirones de vida que -sepultados bajo un manto de normalidad- ansían salir a la superficie.

En el tortuoso verano del 2024, el duende de la intuición dejó en mi oído un mensaje con el sello lacrado de los pensamientos que contienen una verdad que llega desde un lugar de luz que te alcanza. El duende elige el momento en el que se aproxima a tu oído para depositar un mensaje que resbala por el tobogán de la trompa de Eustaquio e impacta en tu consciencia donde te ves obligada a decidir si le harás caso.




Decidí escuchar la sugerencia del duende convencida de que me llevará donde tenga que ir, aunque yo no lo sepa, de igual manera que hace dos décadas me impulsó a formarme como facilitadora de procesos de cambio, y esa actividad ha sido una exitosa experiencia profesional.

Mantenerse a la escucha de los primeros pensamientos -que emergen de manera espontánea sin invitarles a la fiesta- forma parte del proceso de escribir. La escucha es la antesala de la escritura y hay que hacerle sitio en el atiborrado desván de la experiencia donde el polvo y los trastos devoran hasta el último centímetro del parquet. 

Mi amiga Itziar -que practica meditación desde hace treinta años- no se cansa de repetir que hemos de permanecer a la escucha de los mensajes que llegan a nosotros desde la eternidad.  Decidí hacerle caso al duende y poner en marcha un Taller de Escritura Creativa donde una docena de escritores nos reunimos en una sala gigantesca y desangelada de la Casa de Cultura de mi pueblo. Nosotros pondremos calor en ella y les iré contando.