martes, 9 de septiembre de 2014

Contrastes


De vez en cuando hablo con lectores del blog e incluso con alguno de los seguidores (gracias por estar ahí) y escucho con enorme interés y atención sus propuestas.

Una de ellas es que alterne entradas largas y de contenido profesional con otras ligeras y personales. Muchos lectores afirman sentirse aliviados cuando tras algún post teórico y difícil intercalo uno frívolo sobre mi estado de ánimo (feliz como una lombriz), mis magdalenas favoritas (de espelta) o la subida al Hautacam, este verano, en el Pirineo Francés. Así que allá voy con un artículo light.

Pasando las hojas del coqueto catálogo de Cos -avance de la moda otoño-invierno 2014 / 2015- descubro (con cierta perplejidad) que el árbol más antiguo de la ciudad de Nueva York es un olmo de ¡doscientos años! Al parecer los neoyorkinos están muy orgullosos de su árbol pero a mi me entra la risa... así que dejo el catálogo a un lado junto a la taza de café en la mesa del salón, cojo las llaves, algo de dinero, la cámara, y me dirijo al Parque de Aiete -a seis minutos de casa, a pie- donde pido que me hagan una fotografía con un roble; uno de las decenas esparcidos por el recinto.




Mi interés por la observación de los árboles de mi entorno se ha incrementado exponencialmente desde que me regalaron el Inventario de los árboles de Virginie Aladjidi y Emmanuelle Tchoukriel: me paso el día recogiendo hojas, estudiando troncos, observando la forma de los frutos, la textura de la madera, la resina...

Vuelvo a casa tras el reparador paseo y consulto el volumen en cuya página 26 descubro que el árbol de la fotografía al que trato inútilmente de abarcar tendrá unos... ¡trescientos cincuenta años! y tan sencillamente, sin darse importancia alguna ni salir en un catálogo de lujo como si se tratase de un incunable.  

Hay muchos mundos pero están en éste en el que conviven el viejo y el nuevo continente separados no sólo por el Atlántico sino por un océano cultural, sociológico, económico y forestal. Lo que en Nueva York (nuevo mundo) es un árbol anciano y una excentricidad en el País Vasco (viejo mundo) es algo común aunque no corriente.


Secuoya en Saint  Gaudens (Francia), 2011.
Pueden alcanzar los 120 metros y los 2000 años de vida.













Hemos de aprender a apreciar (poner en valor) nuestras cosas pequeñas y grandes, costosas y gratuitas porque estamos rodeados de belleza, raíces, setas, musgo, bellotas, duendes, hadas...





domingo, 7 de septiembre de 2014

El futuro en clave procomún... ¡o el abismo!


Lo binario me produce sarpullido por primitivo, limitante y poco operativo en la búsqueda de soluciones nuevas a problemas antiguos. Binario = 0-1-0-1-0-1... blanco-negro-blanco-negro... hasta el infinito. Hay ocasiones, sin embargo, en las que me rindo a la evidencia: estás o no embarazada, vivo o muerto... En fin, que el sistema binario tiene su lógica a la que hoy también me pliego con la hipótesis que presento: el futuro será procomún o será el averno.

La primera vez que escuché la palabra procomún fue a mi amiga Rosa (de rojo en la fotografía) de Amasté Comunicación tomando un chocolate caliente en los soportales del edificio Iberdrola de Bilbao (Vizcaya, País Vasco). 

Era inverno y las dos estábamos al final de la jornada laboral volteando la espalda al acelerado enjambre de coches y personas de la urbe. El calendario del establecimiento -que pendía de un gancho justo encima de los periódicos- marcaba el año 2009. 

Hablamos de proyectos personales y profesionales, nos reímos hasta dolernos los mofletes, y disfrutamos de un chocolate a la taza realmente gordo y sabrosón. En la despedida yo archivé con cariño el concepto procomún en la caja snob de mi cerebro etiquetado bajo el epígrafe "moderneces de Rosa y sus secuaces de Colaborabora". 





Después he seguido la trayectoria de Amasté y de Colaborabora -en realidad la huella de Rosa en ambas organizaciones- y por eso me he enterado de que el pasado el jueves y viernes participaron en los Cursos de verano de la Universidad del País Vasco con una ponencia titulada "Redefinir los qués transformando los cómos". Copio el abstract de la misma: Planteamos unas pautas básicas para implementar un cambio de modelo de gobernanza que posibilite una democracia más inclusiva, desde la lógica de las dinámicas de los movimientos ciudadanos emergentes y las nuevas formas de participación e implicación política...




Del 2009 al 2014 he leído con la intensidad de un yonqui bajo el síndrome de abstinencia. Digamos que un ensayo a la semana o más si vencía el plazo de devolución a la biblioteca central donde me saludan hasta los conserjes. Si durante décadas he anhelado conocimiento, en los últimos cinco años aspiro a la sabiduría así que he buscado y hallado un puñado de autores que inspiran mi oficio de consultora artesana y apuntalan algunas de las prácticas que vengo realizando en los últimos doce años con la ingenua -y acaso vanidosa- pretensión de "mejorar el mundo". Confesaré que tras la lectura de algunos manuales he desestimado a reputados autores, sesudos académicos y gurús de vídeos TED, porque  ¡no es oro todo lo que reluce! Digamos que cada 30 ensayos (siete meses de frenética lectura) descubro un texto que me abre una vía de investigación profesional o contribuye a la creación de mi propia metodología de trabajo.






Muy a mi pesar, la síntesis a la que estoy arribando tiende a lo binario: el mundo, las organizaciones y las personas tenemos dos opciones: vivir (y trabajar)  en clave procomún o dirigirnos hacia el abismo. Así de sintético y así de rotundo. 

Mi último hallazgo ha sido Jeremy Rifkin (en la fotografía superior), economista, sociólogo y activista norteamericano,  quien el próximo martes día 9 de septiembre de 2014 publicará en España su último libro: La sociedad de coste marginal cero... 461 páginas y 28 euros. 

Rifkin aboga por un futuro en el que lo colaborativo sea habitual se trate de viajar en transporte compartido, trueque, compra-venta de enseres entre particulares por Internet, alojamiento en casas privadas (couchsurfing) o de cuidar el medioambiente que a todos nos acoje. Si tuviera que explicar a mi madre -(80 años), ajena a esta jerga pero llena de sensatez e inteligencia- le diría que la esencia del procomún es compartir. Pero en fin... mejor que el propio Jeremy Rifkin responda a la pregunta: ¿qué es el procomún colaborativo?

En sintéticos titulares: Jon Kao y Linda Gratton hablan del "futuro deseado" (en contraposición al "futuro por defecto"). Eugenio Moliní del cambio intencional en entornos enredados. Otto Scharmer del "futuro que emerge" o la transición del ego-system al eco-system = del yo al nosotros y del nosotros al todo

En su libro Marcas en el camino, Dag Hammarskjöld aboga por del genuino aprecio entre las personas. Alain Cardon apuesta por las culturas corporativas en red para el desarrollo del máximo potencial. Sabino Ayestarán enseña la interdependencia como eje del funcionamiento de los equipos. Peter Senge profundiza en La Quinta disciplina. Christian Felber desarrolla la Economía del Bien Común. Finalmente -y para no resultar agotadora- Jeremy Rifkin anuncia el eclipse del capitalismo y la emergencia de un nuevo sistema económico (democrático y sostenible) basado en el procomún colaborativo. 





Y yo... ¡sigo cogiendo hilvanes 
a una metodología propia para el ejercicio de mi oficio! 


jueves, 4 de septiembre de 2014

Soplar brasas = ¡Alentar sueños!


El próximo martes día 9 de septiembre de 2014 Donostia Kultura abrirá el plazo de matriculación a los 551 cursos que promueve desde el ayuntamiento de San Sebastián. Dado que en ediciones anteriores han realizado un excelente trabajo, la ciudadanía espera con ilusión la apertura del plazo de matrícula para asegurarse alguna de las ocho mil plazas que se ofertan para colmar sus anhelos de ocio, aprendizaje o diversión a un precio razonable. La expectación es tal que los folletos en papel se están agotando ¡ya mismo! en los centros culturales, si bien son accesibles on line pinchando aquí.

Gracias a dos personas extraordinarias, Marta Ibáñez y Yolanda Martín, tendré el honor de impartir un curso en el Centro Cultural de Aiete (San Sebastián) donde volcaré parte de los conocimientos y experiencias de las tres últimas décadas profesionales y compartiré secretos de mi oficio que no es otro sino soplar brasas -alentar sueños (conectados con el propósito personal) y transformarlos en objetivos alcanzables-.





El curso comenzará el día 15 de octubre y se desarrollará en miércoles sucesivos hasta finales de diciembre de 2014, y el título  -Del sueño a la Realidad ¡la Alquimia del Coaching!- sintetiza  el núcleo del contenido que exploraremos mezclando teoría, práctica, lenguaje metafórico, reflexión personal y sentido del humor en un cóctel que espero resulte sabroso y nutritivo. 

El enfoque de los encuentros será radicalmente práctico (aprender haciendo) con la única pretensión de que los participantes consigan:

  • Primero: detectar las brasas de sus más remotos y chispeantes sueños / anhelos / deseos sepultados en la recámara de su mente-corazón.
  • Segundo: rescatar esos sueños con delicadeza y alegría.
  • Tercero: respirar hondo y soplar las brasas para traerlos de nuevo a la vida. 
  • Cuarto: transformar el sueño en un objetivo específico, medible, alcanzable, ambicioso y fechado en el tiempo.
  • Quinto: apostar esperanzadamente por el objetivo con un enérgico plan de acción.

Éste es el programa completo que no resulta apto para escépticos ya que necesitaremos toda la energía para transmutar los sueños en realidades tangibles en nuestro mundo tridimensional. De eso va el curso: de impulsar la mejora del globo terráqueo y sus habitantes persiguiendo ¡y logrando! sueños con propósito. Hay pocas plazas y la inscripción se abre el martes 9 de septiembre 2014, a las 16.00 horas. Ojalá nos veamos allí. ¡El entorno, las aulas y la hospitalidad de Marta Ibañez (la directora) son inmejorables! Información complementaria pinchando aquí.


lunes, 1 de septiembre de 2014

El risotto incrementa un 30% la productividad


El risotto se sirve caliente bajo el efecto emocional de una alegría motivada o inmotivada -y no por ello menos nutritiva-.

Celebramos la navidad del 2011 al 2012 en Rotterdam -donde entonces vivía mi hija- con gran alboroto de cohetes y fuegos artificiales que los lugareños lanzaban desde las azoteas de las casas. Era un espectáculo de ruido y color difícil de imaginar en los Países Bajos ¡salvo que lo vivas en directo en alguna de las grandes capitales de Holanda! 




Aprovechamos el tránsito de la nochevieja para lanzar algunas skylinters proyectando nuestros deseos contra la negrura del cielo. Pusimos mucho calor de corazón para compensar varios grados bajo cero cerca del puente Erasmus, donde el viento era un cuchillo de doble filo.

He de confesar que mi petición se cumplió con creces. Una vez más funcionó la magia del "creer para crear" nuevas realidades. La alegre emoción (risotto) propulsó con su fulgor las linternas desde el espigón acuático hasta las estrellas para perderse finalmente en el horizonte del futuro deseado.




La semana pasada terminé en compañía de Antia y Pilar de Aula de Chefs. Nos reímos tanto que me dolían los mofletes y las costillas. De verdad. Fuimos capaces de encadenar tantas bromas, en tan poco tiempo, que las tres acabamos empachadas de risotto y, al mismo tiempo, llenas de energía y proyectos creativos, sociales, innovadores, desafiantes, comprometidos... ¡necesarios! para el mundo que habitamos.

Viene a cuento este relato breve al descubrir que la primera escuela de Europa según el ranking de Financial Times, IE Business School, desarrolla con éxito un máster asentado en el hecho de que una mente positiva es un 31% más productiva que una negativa y/o estresada (datos de la Universidad de Wisconsin). Ocurre también que los trabajadores satisfechos elevan un 37% sus ventas frente al resto de la plantilla (investigaciones de la Universidad de Harvard).




La práctica cotidiana del risotto (alegre actitud en el vivir y trabajar) tiene una relación directa con la felicidad y es algo que se puede aprender. De hecho, entrenar el enfoque positivo y el poder de la actitud (inner game) es parte esencial de mi trabajo y requisito previo a cualquier logro.

El mensaje de Wisconsin es claro. El mensaje de Harvard es claro. La reiterada práctica de mi oficio constata sus evidencias: podemos elegir los procesos mentales que aplicamos a cada situación. Además los procesos mentales positivos propiciarán la movilización del potencial incrementando sustancialmente el logro de cuantos objetivos nos propongamos.

Todo comienza con un acto volitivo -con el deseo de ser feliz- persistiendo hasta el logro sin perder de vista el foco, la práctica de hábitos saludables, la aceptación de la resistencia, el desgaste... y la dieta permanente de risotto (actitud alegre, esperanzada y positiva).  ¡Como siempre la elección nos corresponde y la grandeza de la libertad nos espera!


miércoles, 27 de agosto de 2014

Todo comienza con el hechizo del juego


Esta mujer confronta mi creatividad. Tenemos en común dos amigos en Facebook y una tercera persona a la que ambas apreciamos mucho, Cristina, nuestro conector.

Aunque nos conocemos hace apenas dos semanas ya pedaleamos en tándem y hace que me sienta acompañada en temas que desconozco: el diseño gráfico en un sentido conceptual pleno. Su curiosidad formula preguntas cuyas respuestas he de buscar fuera del manual en un esfuerzo compartido por hallar "betas de oro" que clarifiquen la esencia de mi trabajo.





Como tantas cosas valiosas de la vida, el "erase una vez" de la historia comienza bajo el chispeante hechizo del juego entendido como exploración del potencial y aceptación de cualquier sendero sin saber de antemano si la travesía contará (o no) con un final feliz. 

Bajo el chispeante hechizo del juego mantuve casi infinitas conversaciones para la radio y la televisión que volcaba en entrevistas, reportajes, libros o artículos. Con ello me ganaba la vida y atesoraba experiencia existencial al absober de las personas los mil secretos de otras tantas vidas complejas y -en muchos casos- exitosas. Conversaciones. 

Bajo el mismo hechizo conecté con mi profesión actual a comienzos del siglo XXI puliendo la capacidad comunicadora al límite de la escucha, del silencio, de la ausencia de juicio, de la disponibilidad radical hacia quien habla, de la presencia, de la empatía, de la apertura mental-emocional-espiritual y de la solidaridad (compasión budista) conceptos importantes que conviene no desgastar como si se tratase de las cuentas del rosario de una monja de clausura. Conversaciones.



El 88% de los ejecutivos quienen una conversación...


Lo que hago es mantener conversaciones reflexivas con las personas para explorar oportunidades, fermentar decisiones (conectadas a la esencia) y mover la vida con acciones, motor existencial del cambio que -dicho sea de paso- es lo único permanente. 

Las conversaciones transforman al que pregunta y al que contesta, fertilizan el potencial que ya existe, movilizan los recursos anestesiados por el desconocimiento o el miedo, y -finalmente- propician el logro de pequeños o grandes éxitos alineados con nuestro ser más profundo al que acaso podríamos llamar alma.

Conversaciones reflexivas que se vuelcan en acciones en el mundo real de cada ser humano y que -en ocasiones- se alzan con la satisfacción plena. Este es mi trabajo. Siento que es la profesión más hermosa de la tierra: con alta exigencia ética y exquisita precisión en el callar o preguntar, desafiar o sostener, lanzar una metáfora o trazar un cronograma, mover una figura, transitar la línea temporal, completar la rueda de la vida, sugerir la lectura de un libro, facilitar el acceso a un blog, un link... que impulsará nuestro proyecto. Como me enseñó Robin Sharma- en mi profesión el límite es el cielo, las posibilidades infinitas y el mundo ¡está lleno de ideas germinales! para la vida y los negocios. Mi trabajo es explorarlas y lo hago a través de conversaciones. 
  

martes, 19 de agosto de 2014

Equipos: Liderar Personas y Proyectos. Un curso de Azucena Vega Amuchástegui.


Los británicos denominan "green thumb" a la persona que tiene mano para la jardinería. Textualmente "dedo verde" en alusión a cuidar y hacer crecer aquello que tocan. Y hay tantas maneras de cuidar como de amar. En la recta final de mi biografía laboral encauzo todo mi conocimiento, experiencia, intención, humor-ironía y amor a los equipos por dos razones.

Llevo una década comprobando en el mundo real que trabajar con equipos produce un impacto de mayor calado en las empresas que cuando se trabaja sólo con el líder. Llamo mundo real que produce, vende, paga nóminas y se la juega. Llamo impacto de mayor calado a cambios sostenibles en el tiempo, más satisfactorios para todas las partes implicadas, y rentable. El mayor impacto es la primera razón por la que estoy volcada (casi obsesionada) con los equipos. La segunda razón me la dió Sir John Whitmore quien -siendo mi mentor y habiendo acudido los dos a un cóctel con autoridades en el País Vasco (2006)- me susurro al oído: " Azucena céntrate en entrenar equipos porque ¡no hay tiempo!". La rotación de los invitados no me permitió profundizar en su consejo que con posterioridad abordamos en varias ocasiones.




El mundo se desintegra como un meteorito. No soy pesimista, solo leo, estudio, reflexiono y me relaciono con profesionales que sufren. Sufren tanto que las estadísticas en enfermedades psicosomáticas son brutales, innegables. Mi hipótesis es que gran parte del sufrimiento que se produce en las empresas es innecesario y no aporta nada. Está bien documentado el sufrimiento que provocan los jefes (hombres y mujeres) llamados tóxicos, psicópatas (un perfil narcisita común entre los directivos) así como el coste empresarial de los mismos en forma de pérdida de los mejores talentos (que se van de la organización), bajas, contracturas por stress, mal clima laboral, bajo rendimiento etc. Está mal documentado, sin embargo, el impacto que tiene en las empresas la inexistencia de equipos.

Equipos como el eslabón perdido entre el uno (la persona) y el infinito alcanzable por un conjunto de profesionales alineados hacia un objetivo compartido, dotadas de normas consensuadas, confianza en su capacidad, transparencia comunicacional, respeto por la diferencia... 

Tengo 56 años, una  vida laboral que supera los 35 de cotización, y entiendo que -con fuerza y lucidez- me queda más o menos una década de trabajo. Mi tiempo es limitado así que -alcanzado un bienestar austero en lo mundano- solo aspiro a aportar en la dirección evolutiva de las organizaciones. He comprobado que es posible y pasa por el trabajo con equipos.




He dado forma a todo lo que sé y lo que soy en un curso-taller-laboratorio cuya nomenclatura es... Equipos: liderar personas y proyectos. Lo realizo en mi despacho de San Sebastián. Las plazas son limitadas hasta completar el aforo (máximo catorce personas). Se desarrolla de Octubre de 2014 a mayo de 2015, un sábado al mes, manteniendo el hilo de aprendizaje a través de una plataforma on line que nos mantiene todo el tiempo conectados. Abordamos seis metodologías internacionales (en las que estoy certificada) centradas en los equipos. Intercambiamos conocimientos a través de casos empresariales. Analizamos vídeos, blogs, links, tendencias de vanguardia y contamos con expertos que -con su pincelada peculiar- refuerzan conocimientos-clave para el buen funcionamiento de un equipo. Finalmente aprendemos haciendo (learning by doing) porque de ese modo el conocimiento puede ser utilizado de inmediato y porque se integra en los alumnos para siempre.

Cuando me preguntan por BetaLaB (laboratorio en beta) -nombre que otorgo al taller- suelo decir que es el mejor curso de equipos de cuantos se imparten en España. Si no lo es... está muy cerca por el mimo que ponemos en ello, por el diseño de contenidos, la pedagogía al transmitirlos y ¡porque somos profesionales que lo estamos haciendo en las empresas! No se publicita. No hay un vídeo promocional. No hago una gira de conferencias para darlo a conocer y no pago comerciales. Todo ello facilita un precio simbólico, un excelente clima relacional, la experimentación real de construir un equipo a partir de cero (entre los propios alumnos), la vivencia de la diversidad de sectores, cargos, formaciones y una satisfacción alta (el feedback de los alumnos otorgaba al curso en ediciones anteriores un 9,3 sobre 10).

Las esculturas que ilustran el post se encuentran en la pequeña ciudad suiza de Glaris (Glarus, en francés). El título de la segunda es "La mano que cuida", una buena metáfora de lo que aprenderemos juntos en BetaLaB: cuidar personas y proyectos en equipo.

¿Cómo se construyen relaciones de confianza en el seno de un equipo? ¿Cuál es el número ideal de componentes de un equipo, y de especializades/caracteres? ¿En qué medida incide la cultura corporativa de la organización en el funcionamiento de un equipo? ¿Cómo se practica el feedback con los miembros de un equipo de manera que mejore la motivación? ¿Qué razones sostienen la búsqueda del equilibro entre el dar y el recibir en el seno de un equipo? ¿Cómo, cuándo y para qué delegar y cuándo, cómo y por qué no hacerlo? ¿Qué es -exactamente- un equipo? ¿Cómo propiciar la innovación en los equipos? ¿Por qué se afirma que los equipos (y las organizaciones) que sobrevivan en el siglo XXI serán aquellas que practiquen la "reflexividad"? ¿Qué es la "reflexividad"? ¿Se gesta de igual manera un equipo de una multinacional que el de una pyme de quince empleados? ¿Como propiciar la colaboración sin matar la necesaria competividad?

Éstas y otras cuestiones serán clarificadas en BetaLaB, el curso que comienza en octubre 2014 en San Sebastián. Plazas muy limitadas. Información y matrículas: azucenavega_coach@yahoo.es  


sábado, 16 de agosto de 2014

Trastadas y Puzzles en el Vivir y Trabajar


Como una botella de cava que espera ser descorchada para una celebración, Bilbao contenía esta mañana la respiración horas antes del chupinazo que anunciaría el comienzo de la Semana Grande: nueve ininterrumpidos días de festejos para todos los gustos, edades, tendencias y presupuestos. 






Aunque el motivo de mi visita a la city era otro, en mi caminar me he ido tropezando con los símbolos que pueblan mi memoria de cuarenta y cuatro años de vida en la capital vizcaína, donde nací; pero a diferencia del tiempo de mi infancia, hoy el Gargantúa daba la espalda al miedo que me producía introducirme en su boca para acceder al pequeño tobogán instalado en sus entrañas... 




He aprovechado la visita para llevarme un auténtico botín de la ciudad: varias prendas y calzado de marca rebajados al sesenta por ciento. Me produce un jolgorio interno especial comprar objetos de calidad a un buen precio. Siento que (de ese modo) desactivo un poco el abuso de las tiendas que cargan los productos con un doscientos por cien que balda textualmente al ciudadano de a pie... Yo, en este caso. Y aunque reconozco la tontuna de esta idea, me satisface hacerme con aquello que necesito a un precio muy inferior al que marca la etiqueta. Lo vivo como un desquite, un atajo, una pequeña trastada.




Trastadas y puzzles mantienen vigoroso el instinto de la curiosidad que -si bien mató al gato- me divierte. La búsqueda de conocimiento me empuja a coleccionar piezas de diversos puzzles: sencillos, complejos, inabarcables, invisibles, abstractos, concretos... piezas que atesoro con frenesí arqueológico y ordeno en mi mente durante décadas hasta que adquieren un sentido propio configurando un nuevo mapa conceptual. Digamos que me entusiasma dar sentido a lo que leo, aprendo, compruebo, imagino, logro, fracaso ¡vivo! y -en esa búsqueda permanente de propósito- algunas veces emerge un sigfinicado que adquiere (para mi) una trascendencia relevante. Pondré un ejemplo.

Descubrí a Brené Brown en 2010, primero en un vídeo que dura veinte minutos y pueden contemplar pinchando aquí y después leyendo varios de sus libros. El que más piezas de puzzle me aportó fue The gifts of imperfection, volumen que he leído en varias ocasiones si bien no ha "resonado" con fuerza hasta profundizar en el libro Frágil (el poder de la vulnerabilidad) que leo estos días pese a haber sido publicado por Urano en 2013.

Merece la pena asomarse a las investigaciones de esta trabajadora social norteamericana y storyteller si bien les avanzo la hipótesis que estoy fraguando desde hace unas semanas. Primero: el cambio es lo único permanente. Segundo: si no hacemos las cosas de manera diferente (u otras cosas) obtendremos los mismos resultados. Tercero: por definición el ser humano se resiste al cambio. Cuarto: cabe preguntarse  ¿Por qué nos resitimos al cambio?

Entre las numerosas respuestas que voy encontrando (pensando en vencer las resistencias al cambio de mis clientes ) incorporo ahora el descubrimiento de la vulnerabilidad. Me explico: nos resistimos al cambio porque nos obliga a trascender la incertidumbre que a su vez provoca la zozobra de algunas de nuestras certezas lo que acaba por alcanzarnos en una zona "blanda" a la que Brené Brown denomina vulnerabilidad, en realidad un territorio imprescindible de transitar si queremos que emerja lo nuevo en nosotros y en el mundo.

Los pre-requisitos de la vulnerabilidad son: el abandono de la "máscara" para encarnar la "desnudez"; la coherencia entre el pensar-sentir-decir-hacer (honestidad); terminar con la adicción al control-control-control (que además es una falacia); flexibilizar hábitos y creencias; espantar prejuicios y... la gloriosa y radical aceptación de quienes somos ¡tan imperfectos como sagrados! ¡tan distintos y humanos!

Nos resistimos a los cambios porque tememos nuestra propia vulnerabilidad, fragilidad ¿emocionalidad? Tememos la incertidumbre, lo desconocido ¡lo nuevo! tan necesario para que nuestro mundo gire cada amanecer un poco más armónico.


La vulnerabilidad es un pre-requisito para relacionarnos con personas,
auténticas personas,
que puedan soportar el peso de nuestra historia.